La octava jornada del Abierto de Australia 2025 dejó a los fanáticos del tenis argentino con un sabor amargo. Francisco Cerúndolo, el mejor tenista nacional del momento, se midió ante el poderoso alemán Alexander Zverev en instancia de octavos de final y no pudo superar la barrera impuesta por el tercer jugador del mundo. El resultado final de 6-2, 6-4 y 6-4 reflejó una superioridad evidente que se mantuvo durante los 2 horas y 12 minutos que duró el compromiso en Melbourne Park.
Las expectativas estaban altas para Cerúndolo, quien buscaba convertirse en el primer argentino en llegar a cuartos de final en este Grand Slam desde la época de Juan Martín del Potro. Sin embargo, las aspiraciones del porteño se desvanecieron rápidamente ante un rival que demostró desde el primer game por qué ostenta su posición en la élite mundial. El primer set sirvió como un claro indicador de lo que sería el resto del encuentro, con Zverev imponiendo un ritmo demoledor que dejó sin respuestas al representante sudamericano.
El dominio inicial de Zverev
El parcial inicial resultó ser un verdadero calvario para el argentino. En apenas 32 minutos, el alemán cerró el set por 6-2 sin conceder ninguna oportunidad de quiebre. La estadística más reveladora de este segmento fue el porcentaje de efectividad con el primer servicio: mientras Zverev ganó el 85% de los puntos cuando colocó su primer saque, Cerúndolo apenas alcanzó el 48% en ese mismo rubro. Esta diferencia abismal en la fundamentación del juego explicó en gran medida el desarrollo del choque.
El tenista europeo no solo dominó con su saque, sino que también presionó constantemente el servicio de su rival. Generó cuatro oportunidades de quiebre en ese primer set y convirtió tres, demostrando una efectividad clínica que contrastó con la falta de respuestas del argentino. Cerúndolo, por su parte, no pudo crear ni una sola chance de ruptura en todo el parcial, evidenciando las dificultades para encontrar huecos en el sólido juego de Zverev.
La intervención de Pablo Cuevas
El segundo set presentó un ligero cambio en la narrativa, aunque no en el resultado final. Cerúndolo mostró mayor resistencia y logró mantenerse más competitivo en el marcador. Fue precisamente en este momento cuando desde su box surgió una intervención memorable de su entrenador, el extenista uruguayo Pablo Cuevas, conocido por su cercanía y su particular forma de motivar a su pupilo.
Con el marcador 2-4 en contra y el riesgo de una paliza evidente, Cuevas le dirigió a su jugador una frase que captó la atención de los presentes: "No estoy viendo que te estén cagando a palos, estoy viendo que Cerúndolo todavía no empezó a jugar". Estas palabras, dichas en tono bajo pero con contundencia, buscaban sacar a Cerúndolo de su estado de pasividad y recordarle su capacidad para competir de igual a igual con los mejores.
La reacción no se hizo esperar. Motivado por las palabras de su mentor, Cerúndolo logró su primera oportunidad de quiebre del partido y la convirtió, acercándose en el marcador hasta el 4-5. El público argentino presente en la cancha, aunque reducido en número, se hizo escuchar con cánticos futboleros que invitaban a su representante a reaccionar. "Y pegué, Francis pegue...", coreaban los seguidores, intentando infundir energía a su ídolo.
Sin embargo, la alegría duró poco. Zverev, lejos de descomponerse, respondió con la autoridad que le caracteriza. Con el set en juego, el alemán se puso 40-0 en su saque y cerró el parcial con un ace demoledor, dejando en claro que su concentración no se vería afectada por el breve momento de inspiración de su rival. El segundo set se extendió durante poco más de una hora, mostrando una mayor resistencia de Cerúndolo, pero sin cambiar el destino del encuentro.
El cierre sin sorpresas
El tercer set siguió la misma tónica de los anteriores. Cerúndolo intentó mostrar su mejor versión y regaló algunos puntos de calidad que justificaron cómo había llegado hasta esa instancia, superando a tres rivales previos sin perder sets. Pero la diferencia de nivel se mantuvo insalvable. Zverev continuó siendo sólido con su servicio, variando el juego con potentes golpes de fondo y acercándose a la red con decisión cuando la situación lo requería.
El punto más destacado del partido llegó precisamente en este último parcial. Zverev ejecutó un globo perfecto que dejó a Cerúndolo inmóvil en la red, sin posibilidad de reaccionar. El gesto del argentino fue de reconocimiento instantáneo: se quedó quieto, esperó a que la pelota cayese, y luego se acercó a la red para felicitar a su rival por la genialidad. Este momento simbolizó la superioridad que el alemán había ejercido durante todo el compromiso.
El análisis de la derrota
Para Cerúndolo, este resultado representa una nueva oportunidad perdida para meterse entre los ocho mejores de un torneo de Grand Slam. Si bien había alcanzado esta instancia en dos ocasiones previas en Roland Garros (2023 y 2024), el objetivo de superar los octavos de final sigue siendo una asignatura pendiente en su carrera profesional.
El análisis del partido revela que el argentino no careció de actitud o esfuerzo, sino que se enfrentó a un rival que estuvo en un nivel superlativo. La efectividad de Zverev con su primer saque, combinada con su capacidad para generar puntos directos y su solidez mental, creó una muralla demasiado alta para escalar. Cerúndolo, por su parte, necesitó trabajar demasiado para mantenerse en cada juego, lo que le generó un desgaste físico y mental evidente.
La experiencia acumulada en Melbourne, sin embargo, no debe despreciarse. El tenista de 25 años logró superar la fase de grupos sin mayores complicaciones y demostró que puede competir en las grandes instancias. La diferencia entre ser un buen jugador de Top 30 y un contendiente real a títulos de Grand Slam radica precisamente en estos detalles que Zverev exhibió con maestría.
Perspectivas futuras
A pesar de la derrota, el camino de Cerúndolo en 2025 muestra signos alentadores. Su capacidad para llegar a instancias decisivas en torneos importantes se ha consolidado, y su ranking mundial le permite acceder directamente a los cuadros principales de los Grand Slam sin necesidad de clasificatorias. La continuidad en su equipo técnico con Pablo Cuevas parece dar frutos en términos de estabilidad emocional y estrategia de juego.
El desafío inmediato para el argentino será capitalizar esta experiencia en los torneos siguientes de la gira. La temporada de arcilla en Europa, donde Cerúndolo ha mostrado sus mejores resultados, se presenta como una oportunidad ideal para intentar nuevamente el salto de calidad que lo acerque a los puestos de privilegio. La confianza ganada en Melbourne, aunque mezclada con la frustración de la derrota, debería servir como combustible para los próximos desafíos.
El tenis argentino en busca de su heredero
La eliminación de Cerúndolo deja al tenis argentino nuevamente en la búsqueda de un sucesor que pueda llenar el vacío dejado por generaciones anteriores. Mientras tanto, Zverev avanza firme en su camino hacia las instancias finales del torneo, demostrando que está en condiciones de pelear por su primer título en Melbourne.
La lección del partido es clara: el salto de calidad en el tenis moderno requiere no solo talento y trabajo, sino también la capacidad de mantener el nivel más alto durante todo un Grand Slam. Cerúndolo tiene las herramientas, pero aún debe pulir los detalles que le permitan convertirse en un verdadero contendiente. La frase de su entrenador, lejos de ser una simple anécdota, resume el desafío pendiente: el argentino necesita empezar a jugar su mejor tenis desde el primer punto cuando se enfrenta a la élite mundial.
El Abierto de Australia continúa su marcha, pero para los seguidores del tenis criollo queda la sensación de una oportunidad perdida y la esperanza de que la próxima vez, las palabras motivacionales de Cuevas puedan traducirse en un rendimiento completo que dure los tres o cinco sets necesarios para la hazaña.