El fútbol español despide a una de sus figuras más entrañables y respetadas. Lucien Müller, el estratega que escribió una de las páginas más gloriosas de la historia del Burgos CF, ha fallecido este martes a los 91 años. Su nombre quedará para siempre ligado a la consecución del histórico ascenso a Primera División que logró el conjunto blanquinegro en la década de los setenta, un hito que marcó a toda una generación de aficionados castellanos y que representa uno de los momentos cumbre de la entidad.
Nacido en Bischwiller, Bajo Rin, el 3 de septiembre de 1934, Müller poseía una doble nacionalidad francesa y española que reflejaba su profunda conexión con ambos países. De origen alemán, su carrera tanto como futbolista como como entrenador estuvo íntimamente vinculada al fútbol ibérico, donde dejó una huella imborrable en cada club que pasó. Su capacidad de adaptación y su profundo respeto por la cultura española le convirtieron en un verdadero embajador del fútbol franco-español.
Trayectoria como futbolista de élite
Antes de sentarse en el banquillo, Müller disfrutó de una destacada carrera como centrocampista que le llevó a los terrenos de juego más exigentes de Europa. Su periplo en España se desarrolló entre los dos grandes rivales del fútbol nacional: el Real Madrid y el FC Barcelona, una rareza que pocos futbolistas han podido presumir a lo largo de la historia.
En el conjunto blanco, donde militó entre 1962 y 1965, conquistó tres títulos de Liga consecutivos, consolidándose como un jugador de gran técnica, visión de juego y capacidad de trabajo. Su posición como medio centro le permitía controlar el ritmo del partido, distribuir el balón con precisión y aportar equilibrio tanto en ataque como en defensa. Posteriormente, su fichaje por el Barcelona entre 1965 y 1968 le permitió sumar a su palmarés una Copa de Ferias y una Copa del Rey, demostrando que su talento trascendía los colores de cualquier camiseta.
En total, Lucien Müller disputó 176 encuentros oficiales entre ambos clubes, anotando seis goles. Su versatilidad y calidad le valieron para ser internacional con Francia en 16 ocasiones, marcando tres tantos. Una de las experiencias más memorables de su carrera fue su participación en el Mundial de Inglaterra de 1966, donde defendió los colores de su país mientras vestía la camiseta azulgrana del Barcelona, convirtiéndose en uno de los pocos futbolistas que han representado a su selección en una cita mundialista mientras jugaban en un club extranjero.
Su formación futbolística comenzó en el RC Estrasburgo, club donde se crió antes de pasar por Toulouse y el Stade de Reims, equipo desde el que llegó al Real Madrid. Cerró su etapa como activo entre 1968 y 1970 de nuevo en el Stade de Reims, dejando atrás una trayectoria que ya presagiaba su futuro éxito como entrenador. Su experiencia en las grandes ligas europeas le proporcionó una visión global del fútbol que posteriormente aplicaría en su faceta de técnico.
La etapa más gloriosa: Burgos CF
El capítulo más brillante de su carrera técnica se escribió sin duda en el Burgos CF. Llegó a la ciudad castellana de la mano del gerente Ángel Díaz y con Antonio Martínez Laredo presidiendo el club. Su incorporación provenía del CD Castellón, donde había dejado una excelente impresión tras llevar al equipo a la final de la Copa del Generalísimo en la temporada 72-73, a pesar de ser un recién ascendido. Aunque cayeron ante el Athletic Club con goles de Arieta y Zubiaga, su trabajo quedó más que avalado y llamó la atención de la directiva burgalés.
En Burgos, Müller encontró un plantel lleno de talento y carácter. Entre sus pupilos destacaban figuras como Juanito, Manzanedo, Portugal, Kresic, Ruiz Igartua, Aguilera, Fernando Gómez, Viteri -recientemente fallecido- o Tito Valdés. Con ellos construyó un equipo competitivo, solidario y con una identidad clara que logró el sueño del ascenso a Primera División.
La temporada del ascenso no comenzó de la mejor manera. Los inicios fueron titubeantes y el equipo no encontraba su mejor versión, acumulando resultados decepcionantes que generaban dudas en la grada. Fue entonces cuando Müller decidió darle la responsabilidad a su jugador estrella, Juanito, liberándolo de excesivas tareas defensivas para que mostrara todo su potencial creativo. Ese cambio de dinámica fue el punto de inflexión que necesitaba el Burgos CF. La segunda vuelta del campeonato fue excepcional, y el equipo se llevó el título y el ansiado ascenso, acompañado por el Real Club Celta de Vigo y el CD Málaga.
El éxito no se quedó ahí. Müller mantuvo al Burgos CF en Primera División durante dos temporadas consecutivas, consolidando al club en la élite del fútbol español y demostrando que el ascenso no había sido flor de un día. Su capacidad para motivar a los jugadores, su trato cercano y su dedicación absoluta al proyecto blanquinegro le convirtieron en una figura querida por todos en el club, desde los directivos hasta los últimos empleados.
Recorrido por otros banquillos
Tras su exitosa etapa en Burgos, Müller recaló en el Real Zaragoza, donde repitió la hazaña de ascender a Primera División, demostrando que su método de trabajo era efectivo y reproducible. Posteriormente, regresó a la orilla del Arlanzón para las campañas 1978-79 y 1979-80, demostrando su especial conexión con la entidad y el cariño que había desarrollado por la ciudad y su afición.
Su carrera como entrenador también incluyó una etapa en el Real Mallorca, al que ascendió a Primera en 1983, y en el AS Mónaco, con el que conquistó la Copa de Francia en 1986, demostrando su valía también en el fútbol galo. Cerró el círculo de su trayectoria técnica en el CD Castellón, el club que le había visto brillar antes de llegar a Burgos, en una especie de retorno a los orígenes de su etapa como técnico en España.
Un legado de excelencia humana
Más allá de los títulos y ascensos, lo que más se recuerda de Lucien Müller son sus cualidades humanas. Tanto jugadores como periodistas de la época y empleados del club coinciden en destacar su trato siempre cordial y amable, una cualidad que no siempre se encuentra en el mundo del fútbol profesional. Era un técnico que entendía el fútbol como un deporte colectivo donde la armonía del grupo era fundamental para el éxito, y que sabía que un ambiente de trabajo sano y positivo se traducía en resultados positivos en el campo.
Su dedicación por sacar lo mejor de cada futbolista, su paciencia para trabajar con jóvenes talentos y su saber estar en los momentos difíciles marcaron una forma de entender el liderazgo deportivo que trasciende las estadísticas. Müller no solo formaba equipos ganadores, sino que también formaba personas, enseñando valores que iban más allá del terreno de juego.
Despedida a una leyenda
El fallecimiento de Lucien Müller a los 91 años deja un vacío en el mundo del fútbol español, especialmente en Burgos, donde su nombre está grabado con letras de oro en la memoria colectiva. El club blanquinegro perdió a uno de sus artífices más importantes, aunque su legado perdurará eternamente en la memoria de quienes vivieron aquella época dorada y en la historia del club.
La historia del Burgos CF no se puede contar sin mencionar la figura de este entrenador visionario que supo sacar lo mejor de un generación excepcional de futbolistas. Su paso por el fútbol español, tanto como jugador de Real Madrid y Barcelona como como entrenador de varios clubes, constituye un ejemplo de profesionalidad, excelencia y pasión por el deporte que debería servir de modelo para las nuevas generaciones.
Descanse en paz Lucien Müller, eterno maestro del fútbol y héroe del Burgos CF. Su contribución al deporte rey trasciende fronteras y temporadas, y su memoria vivirá siempre en los corazones de los aficionados que tuvieron el privilegio de verle trabajar.