El asedio de Jartum: cuando el rescate llegó demasiado tarde

La historia del general Charles Gordon, que resistió diez meses en Jartum contra el Mahdi, y cómo su tragedia se convirtió en leyenda del cine

El destino del general Charles Gordon en Jartum representa uno de los episodios más dramáticos y simbólicos del colonialismo británico del siglo XIX. Durante diez meses, este militar encerrado voluntariamente en la ciudad sudanesa resistió un asedio que terminó en tragedia, convirtiéndose en una leyenda que el cine recreó décadas después y que continúa fascinando a historiadores y público por igual.

Charles Gordon no era un militar cualquiera. Conocido como Gordon Pachá por el título otomano que portaba con orgullo, y apodado Gordon el Chino por sus hazañas previas en China durante la Guerra del Opio, era una de las figuras más carismáticas y controvertidas del Ejército Británico. Su reputación de héroe victoriano estaba construida sobre una carrera brillante marcada por actos de valentía excepcional y una devoción cristiana profunda que muchas veces lo llevaba a actuar por convicción personal más que por obediencia militar estricta.

En 1884, el gobierno británico, presionado por la situación en Egipto y el creciente nacionalismo sudanés, envió a Gordon a Jartum con una misión aparentemente clara: evacuar a las fuerzas egipcias y civiles europeos ante la creciente amenaza del Mahdi, un líder religioso sudanés que había declarado la yihad contra el dominio extranjero. Muhammad Ahmad, conocido como el Mahdi (el Guiado), había reunido a miles de seguidores en una revuelta que amenazaba no solo el control egipcio sobre Sudán, sino la propia estabilidad de toda la región del Nilo.

Sin embargo, una vez en Jartum, Gordon decidió desobedecer las órdenes explícitas de Londres. En lugar de organizar una retirada ordenada, optó por quedarse a defender la ciudad, convencido de que podría resistir hasta que el gobierno británico viera la necesidad estratégica de mantener el control sobre Sudán. Esta decisión unilateral, tomada contra la voluntad de su propio gobierno, sellaría su destino de manera irrevocable.

Lo que siguió fue un asedio prolongado que duró exactamente diez meses, desde marzo de 1884 hasta enero de 1885. Mientras el Mahdi y sus tropas derviches cerraban el cerco con ferocidad creciente, Gordon organizó la defensa de Jartum con ingenio y determinación excepcionales. Construyó fortificaciones, racionó alimentos escasos y mantuvo la moral de la guarnición a pesar de las condiciones cada vez más desesperadas y el hambre creciente.

Durante esos meses interminables, Gordon esperaba un rescate que nunca llegó a tiempo. El gobierno británico, inicialmente reacio a comprometerse en otra campaña colonial costosa, finalmente cedió a la presión pública y organizó una expedición de socorro al mando de lord Wolseley. Pero la llamada Expedición del Nilo avanzaba con lentitud por el difícil terreno del desierto sudanés, y cuando las tropas británicas finalmente se acercaron a Jartum, ya era demasiado tarde para salvar a su destinatario.

El 26 de enero de 1885, los derviches del Mahdi tomaron la ciudad por asalto en una ofensiva final. La muerte de Gordon fue tan trágica como legendaria. Según los relatos históricos más fiables, un guerrero derviche le atravesó el pecho con una lanza en las calles de Jartum. Posteriormente, su cabeza fue cortada con precisión artesanal, supuestamente por un hombre llamado Babikr Koko, y presentada al Mahdi en un saco de cuero como trofeo de guerra.

La imagen del líder islámico contemplando los ojos azules y la expresión de reproche del general decapitado se convirtió en uno de los momentos más icónicos de esta historia. Según algunas fuentes, el Mahdi se mostró perturbado ante la visión, ordenando que la cabeza fuera tratada con respeto, aunque el destino del cuerpo de Gordon nunca fue confirmado. Se especula que pudo haber sido arrojado al Nilo Azul, que confluye con el Nilo Blanco precisamente en Jartum, borrando así todo rastro físico del héroe.

Este episodio inspiró la película Khartoum (1966), un épico colonial dirigido por Basil Dearden que retrató los últimos días de Gordon con gran espectacularidad. Charlton Heston, con su imponente presencia y voz grave, encarnó al general con solemnidad y convicción, mientras que Laurence Olivier, con un maquillaje oscuro y acento exagerado que hoy resultaría polémico por su aproximación estereotipada, interpretó al Mahdi con una intensidad shakespeariana que elevaba el personaje a la categoría de antagonista mesiánico.

La cinta recreó el clima de tensión del asedio y convirtió a Gordon en un mártir victoriano, aunque la realidad histórica era más compleja y menos romántica de lo que sugiere el celuloide. La película fue un éxito de taquilla y consolidó la imagen de Gordon como un héroe sacrificado por la gloria del imperio, omitiendo las dudas estratégicas y las divisiones políticas que rodearon su misión desde el principio.

Curiosamente, el artículo original establece un paralelismo entre el encierro de Gordon y el confinamiento moderno, aunque las circunstancias difieren radicalmente. Mientras que hoy nos vemos obligados a permanecer en casa por una pandemia global, Gordon se encerró por decisión propia, desafiando las órdenes de su gobierno. Además, mientras nosotros anhelamos que termine el confinamiento, las autoridades británicas de la época intentaron sin éxito sacar a Gordon de su voluntario cautiverio, considerando su presencia allí una provocación innecesaria que solo empeoraba la situación.

La lección de Jartum trasciende el mero relato colonial. Es una historia sobre la obstinación, el deber y las consecuencias de las decisiones individuales en el contexto de la política imperial. Gordon se convirtió en un símbolo de la determinación británica, pero pagó con su vida una causa que su propio gobierno ya no consideraba estratégica. Su muerte provocó una ola de indignación en Gran Bretaña y sirvió de justificación para la posterior reconquista de Sudán, pero también cuestionó la sabiduría de dejar decisiones de tal magnitud en manos de un individuo tan volátil como carismático.

En última instancia, el destino de Gordon en Jartum nos recuerda que los héroes a menudo son producto de circunstancias complejas, y que las leyendas cinematográficas rara vez capturan toda la nuances de la realidad histórica. Su historia sigue siendo un poderoso recordatorio de los límites del poder imperial y del costo humano de la gloria militar, una lección que resuena incluso en nuestra era contemporánea.

Referencias