Altercados en la presentación de un libro sobre denuncias falsas en Sevilla

La presentación del trabajo de Juan Soto Ivars desató una fuerte confrontación entre colectivos feministas y asistentes al evento en la biblioteca Infanta Elena

La tarde del jueves se vivieron momentos de gran tensión en la biblioteca pública Infanta Elena de Sevilla durante la presentación del último trabajo del periodista Juan Soto Ivars. El libro, que aborda un tema altamente controvertido, sirvió de punto de encuentro para dos posturas ideológicas enfrentadas, generando una situación que escaló rápidamente hasta requerir la intervención de las fuerzas de seguridad.

El evento, programado para las siete de la tarde, había generado ya una notable expectación en los días previos. Diferentes organizaciones habían mostrado su rechazo a la celebración de esta actividad en un espacio público, considerando que el contenido del libro resultaba lesivo para las víctimas de violencia de género. La obra, titulada de forma explícita, cuestiona la existencia de determinadas denuncias en el ámbito de la violencia de género, un tema que ha generado un intenso debate social en los últimos tiempos.

A media hora antes del inicio del acto, un grupo de activistas se concentró en las inmediaciones del centro cultural. Representantes de colectivos feministas como Mujeres por la Paz, Amiga por los Derechos Humanos de las mujeres y Transformando Entre Mujeres habían solicitado formalmente a las autoridades culturales que suspendieran la presentación. En su petición, argumentaban que el texto promovía una visión negacionista de la violencia de género, un delito que consideran de extrema gravedad y que no admite interpretaciones que puedan poner en duda la palabra de las víctimas.

La tensión comenzó a palparse en el vestíbulo principal del edificio. Aproximadamente quince personas, en su mayoría mujeres, coreaban consignas contra el autor, calificándolo de mentiroso y exigiendo que se retirara el acto de un espacio que consideraban debería ser seguro para todas las personas. Los cánticos, cada vez más intensos, incluían frases como "fuera machistas, de nuestra biblioteca", un lema que resonó con fuerza en las paredes del centro cultural.

Mientras tanto, el escritor accedió al recinto por una entrada alternativa, evitando el enfrentamiento directo con los manifestantes. Esta decisión, lejos de calmar los ánimos, pareció intensificar la molestia de los colectivos convocados, que interpretaron el gesto como una forma de eludir el diálogo con quienes cuestionaban su trabajo.

El punto de inflexión se produjo cuando los activistas lograron acceder al vestíbulo principal, donde se encontraban ya numerosos ciudadanos que habían acudido a escuchar la exposición del periodista. Fue entonces cuando las voces de protesta chocaron frontalmente con las de los asistentes, generando un intercambio de réplicas que degeneró en acusaciones mutuas.

Los defensores del autor esgrimieron el derecho fundamental a la libertad de expresión, argumentando que cualquier obra, por controvertida que fuera, merecía ser escuchada en un espacio democrático. Sin embargo, la respuesta de los asistentes no se limitó a esta defensa abstracta de las libertades. Algunos de ellos comenzaron a lanzar contra las activistas referencias políticas concretas, señalando presuntas contradicciones en las posturas de los partidos de izquierda respecto a la igualdad de género.

La situación escaló aún más cuando parte del público comenzó a gritar consignas contra el presidente del Gobierno, utilizando un lenguaje soez y directo. Las menciones a "puteros" y los insultos directos a Pedro Sánchez evidenciaron cómo el debate sobre el libro había derivado hacia una confrontación política más amplia, en la que se mezclaban reivindicaciones de género con críticas al ejecutivo central.

Los asistentes a la presentación no dudaron en señalar a los políticos del PSOE, recordando casos recientes de acusaciones de acoso sexual contra miembros destacados de su formación. En concreto, hicieron referencia a las denuncias que pesan sobre el exdirigente Francisco Salazar, así como a las prácticas machistas que se le atribuyen al exsecretario de Organización Santos Cerdán y al exministro José Luis Ábalos, junto a su asesor Koldo García. Estas menciones pretendían desmontar, a su juicio, la supuesta superioridad moral de quienes desde el feminismo institucional cuestionaban el libro.

La confrontación llegó a su punto más álgido cuando los grupos contrarios se enzarzaron en discusiones cara a cara, con gritos y acusaciones que dificultaban cualquier posibilidad de diálogo racional. El ambiente se volvió tan tenso que los responsables del centro cultural vieron necesario solicitar la presencia de la policía para garantizar la seguridad de todas las personas presentes y permitir que el acto continuara con normalidad.

Finalmente, cuatro agentes de la Policía Nacional se personaron en el lugar y se colocaron en las inmediaciones del espacio donde se desarrollaba la presentación. Su presencia sirvió para desescalar la tensión y permitir que el evento continuara, aunque el clima de hostilidad perduró durante toda la velada.

Este incidente refleja la profunda polarización que existe en la sociedad española respecto a temas como la violencia de género y la libertad de expresión. Por un lado, los colectivos feministas defienden la necesidad de proteger a las víctimas y evitar cualquier discurso que pueda cuestionar sus testimonios. Por otro, los defensores del autor argumentan que la censura, incluso de ideas impopulares, representa una amenaza para las libertades democráticas.

El debate sobre las denuncias falsas en casos de violencia de género es complejo y sensible. Mientras algunos estudios sugieren que representan una minoría de los casos reportados, otros grupos consideran que su mera existencia justifica una revisión crítica del marco legal actual. La presentación de este libro en un espacio público ha servido para poner de manifiesto estas diferencias irreconciliables, que en este caso han saltado del ámbito de las ideas al de la confrontación directa.

La intervención policial en un acto cultural resulta siempre sintomática de un fracaso en el diálogo civil. Cuando las palabras ya no son suficientes para contener las diferencias y la protesta pacífica se transforma en enfrentamiento, las instituciones deben buscar fórmulas que permitan la convivencia de posturas opuestas sin que ello suponga un riesgo para la seguridad ciudadana.

Este episodio en Sevila se suma a una serie de incidentes similares que han tenido lugar en otros puntos del país, donde la presentación de obras que cuestionan el discurso dominante sobre el feminismo y la violencia de género han encontrado una fuerte oposición en la calle. La tensión entre libertad de expresión y protección de los derechos de las mujeres se ha convertido en uno de los principales focos de conflicto ideológico en la España actual.

La responsabilidad de gestionar estos espacios recae tanto en las autoridades, que deben garantizar el derecho a la manifestación y al debate, como en los propios actores sociales, que deberían reflexionar sobre las formas de expresar su desacuerdo sin caer en la violencia verbal o física. La democracia, en definitiva, se mide por su capacidad para tolerar la disidencia, pero también por la responsabilidad con la que esta se ejerce.

El libro de Soto Ivars, independientemente de su contenido, ha logrado poner sobre la mesa una cuestión que demanda un tratamiento serio y riguroso por parte de la sociedad en su conjunto. Mientras tanto, episodios como el vivido en la biblioteca Infanta Elena seguirán ocurriendo si no se encuentran canales efectivos para canalizar las legítimas diferencias que existen en torno a estos temas tan sensibles.

Referencias