Contradicciones en el caso de las adolescentes de Jaén: protocolos, acoso y suicidio

La Consejería confirma un protocolo de autolesiones mientras la Policía y familiares niegan el acoso escolar

La muerte de dos adolescentes en Jaén el pasado sábado ha desatado una ola de contradicciones entre las administraciones educativas, las fuerzas de seguridad y los propios familiares de las víctimas. El suceso, calificado como suicidio por la Policía Nacional, ha puesto sobre la mesa la compleja problemática del acoso escolar y la gestión de los protocolos de autolesiones en los centros educativos andaluces. Mientras unos confirman la existencia de medidas preventivas, otros las desmienten rotundamente, creando un clima de confusión que solo añade dolor a una tragedia ya de por sí devastadora. El caso ha conmocionado a la sociedad jienense y ha reavivado el debate sobre la seguridad y el bienestar emocional de los jóvenes en edad escolar. Las autoridades se enfrentan ahora no solo a la investigación de las circunstancias que rodearon la muerte de las dos jóvenes, de 15 y 16 años, sino también a la necesidad de esclarecer las evidentes discrepancias en la información oficial facilitada a los medios de comunicación y a la ciudadanía. La falta de una versión única y coherente está generando interrogantes legítimos sobre la transparencia del sistema educativo y policial ante casos de extrema sensibilidad social. La comunidad educativa de Jaén, por su parte, se encuentra en estado de shock, intentando procesar una pérdida que ha sacudido los cimientos de varios institutos de la capital. Los centros implicados, lejos de poder guardar el luto en privado, se han visto inmersos en una vorágine mediática que cuestiona su actuación y su capacidad para proteger a sus alumnos más vulnerables. La situación ha llegado hasta tal punto que la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía ha visto obligada a emitir un comunicado oficial para aclarar los hechos, algo que, paradójicamente, ha terminado por profundizar las contradicciones existentes. En este contexto, las palabras de los familiares añaden otra capa de complejidad a un relato ya de por sí tortuoso. Las declaraciones de la madre de una de las fallecidas, lejos de unificar criterios, han generado más dudas al negar el bullying en el caso de su hija mientras reconoce que la otra joven sí lo padeció. Esta particularidad ha llevado a muchos a cuestionarse si estamos ante dos realidades paralelas o simplemente ante diferentes percepciones de una misma problemática sistémica. El tiempo correrá en contra de las autoridades si no logran ofrecer respuestas convincentes y basadas en evidencias sólidas. La presión social exige una investigación exhaustiva que esclarezca no solo las causas del fallecimiento, sino también la efectividad real de los mecanismos de prevención existentes en los centros educativos. La sociedad jienense, y por extensión la andaluza, merece saber si los protocolos de protección son una realidad tangible o meros documentos administrativos que se activan sin el seguimiento necesario. La investigación policial, bajo secreto de sumario, mantiene sus conclusiones bajo llave, lo que alimenta teorías y especulaciones. La Policía Nacional ha sido tajante al afirmar que no consta acoso escolar en sus diligencias, posicionamiento que choca frontalmente con los testimonios de compañeros y amigos recogidos por agencias de noticias como EFE. Estos jóvenes han asegurado que ambas víctimas habrían sufrido recientemente situaciones de hostigamiento en su entorno escolar, lo que convierte las declaraciones policiales en un misterio por resolver. El IES Santa Catalina, centro donde estudió el curso pasado una de las jóvenes, reconoció haber mantenido activo un protocolo de autolesiones con medidas concretas. La intervención incluyó el trabajo de la orientadora y la enfermera escolar, además de una implicación directa con el ámbito familiar. Curiosamente, estas actuaciones se justificaron como continuación de seguimientos previos iniciados en el IES El Valle, lo que sugiere una trayectoria de vulnerabilidad conocida por el sistema educativo. Sin embargo, la Policía insiste en que no existieron tales protocolos, creando un cortocircuito informativo que perjudica la credibilidad institucional. La Junta de Andalucía, por su parte, ha precisado que en el momento de los hechos solo una de las menores estaba escolarizada en el IES San Juan Bosco de Jaén, matriculada en un ciclo medio de Formación Profesional. La otra joven, a pesar de haberse matriculado inicialmente en el mismo centro, causó baja en septiembre, alejándose formalmente del sistema educativo apenas un mes después de comenzar el curso. Este detalle resulta crucial para entender el nivel de seguimiento que recibía cada una en el momento de la tragedia. Las declaraciones de la madre de una de las adolescentes han generado una enorme controversia. En una entrevista concedida al programa 'Mañaneros 360' de Televisión Española, la progenitora ha negado categóricamente que su hija padeciera bullying. "Es totalmente falso que mi hija sufriera bullying. Mi hija jamás sufrió de bullying. Sus profesores, amigos... Todo el mundo puede saber lo feliz que podía estar estudiando", afirmó rotundamente. Sin embargo, en una sorprendente contradicción, la misma madre reconoció que la segunda adolescente, amiga íntima de su hija, sí experimentó acoso escolar, "e incluso su madre la cambió de instituto por eso". A pesar de esta admisión, insiste en que el fallecimiento no está relacionado con el acoso: "Por bullying no fue, esto no es bullying". El padre de la otra joven, identificado como Alexander, ha elevado aún más la tensión con declaraciones realizadas al programa 'Hoy en día' de Canal Sur Televisión. Este progenitor ha negado también que su hija sufriera acoso y ha cuestionado la hipótesis policial del suicidio con una frase que ha dado la vuelta a las redes sociales: "Quieren montar el suicidio perfecto cuando es el homicidio perfecto". Esta afirmación introduce una nueva línea de investigación que las autoridades no han confirmado oficialmente, pero que sin duda añade presión a una investigación ya de por sí compleja. El grupo de amigos de las fallecidas ha organizado movilizaciones espontáneas, demandando justicia y mayor seguridad en el parque donde fueron encontrados los cuerpos. Este espacio público, según denuncian los familiares, carece de las medidas de vigilancia necesarias para garantizar la protección de los jóvenes que lo frecuentan. La petición de más seguridad ciudadana se suma así a la reivindicación de una investigación transparente y sin cortapisas. El caso ha puesto de manifiesto la fragilidad de los protocolos de convivencia y prevención del acoso escolar en el sistema educativo español. Aunque la normativa autonómica y estatal establece mecanismos claros de actuación, la realidad demuestra que su implementación es irregular y su efectividad, cuestionable. La falta de coordinación entre administración, centros educativos y cuerpos de seguridad genera lagunas que pueden resultar fatales. La investigación judicial, bajo secreto de sumario, deberá determinar no solo las causas exactas de la muerte, sino también si existieron fallos en la cadena de protección que debía salvaguardar a estas menores. Mientras tanto, la sociedad jienense vive pendiente de cada nuevo desarrollo, con la esperanza de que la verdad, por dolorosa que sea, termine por salir a la luz. La lección que debe extraerse de esta tragedia es la necesidad imperiosa de reforzar los mecanismos de detección precoz de riesgo en adolescentes. Los protocolos de autolesiones no pueden ser simples trámites administrativos; deben traducirse en seguimiento psicológico continuo, implicación familiar efectiva y coordinación interinstitucional. La vida de nuestros jóvenes no puede depender de la buena voluntad de profesores sobrecargados o de la disponibilidad de recursos limitados. Es fundamental que la administración educativa realice una auditoría exhaustiva de sus sistemas de protección y que la policía mantenga una investigación rigurosa y transparente. Solo así se podrá honrar la memoria de estas dos jóvenes y prevenir futuras tragedias que desgarran familias y conmueven a toda una sociedad. La comunidad educativa, por su parte, necesita apoyo y recursos para afrontar la creciente complejidad de los problemas emocionales que sufren los estudiantes. La salud mental en la adolescencia no es un tema menor ni secundario; es una prioridad que requiere inversión, formación especializada y una verdadera política de estado. El silencio y la confusión solo sirven para estigmatizar aún más un problema que ya es suficientemente doloroso por sí mismo. La ciudadanía debe exigir responsabilidades, pero también comprensión y empatía hacia todas las partes implicadas. En última instancia, el objetivo debe ser construir un entorno escolar seguro donde ningún joven se sienta solo, incomprendido o sin salida. La tragedia de Jaén nos recuerda que el tiempo para actuar es ahora, antes de que otro nombre se sume a una lista que nunca debió existir.

Referencias