El Senado español acogió este jueves un emotivo homenaje a Javier Lambán, el expresidente de Aragón fallecido el pasado 15 de agosto a los 67 años tras una breve batalla contra el cáncer. El acto, organizado por el colectivo Fernando de los Ríos en el histórico salón de plenos de la Cámara Alta, trascendió su carácter protocolario para convertirse en un foro de críticas directas al Gobierno de Pedro Sánchez por parte de las figuras más emblemáticas de la historia socialista. Mientras tanto, la ausencia de cualquier miembro del Ejecutivo actual no pasó desapercibida y marcó el tono de una jornada que evidenció las profundas divisiones en el seno del PSOE.
La vieja guardia del PSOE se dio cita en el Senado para rendir tributo a quien fuera una de las voces críticas más destacadas dentro del partido durante los últimos años. Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Fernández y Cándido Méndez encabezaron un elenco de socialistas veteranos que no dudaron en reivindicar la trayectoria de Lambán como ejemplo de coherencia política frente a la línea oficial del partido. Su presencia conjunta simbolizó la continuidad de un modelo de socialdemocracia que, según sus palabras, se ha visto erosionado por las recientes decisiones de la dirección federal.
La falta de representación gubernamental resultó llamativa. Ningún ministro del Gabinete de Sánchez acudió al evento, mientras que la ejecutiva federal del PSOE estuvo representada únicamente por Anabel Mateos, secretaria adjunta de Organización y Coordinación Territorial. El único barón territorial del partido que se acercó al Senado fue Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, conocido también por sus diferencias con la dirección nacional. En contraste, el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, sí acudió al acto, aunque llegó con retraso debido a las votaciones en el Congreso de los Diputados, donde el Ejecutivo acababa de perder la votación sobre la senda de déficit.
Los discursos giraron en torno a la figura de Lambán, pero constantemente hacían referencia a la situación política actual. Felipe González, en un momento especialmente crítico, se interrogó sobre qué habría sorprendido más a su amigo de los últimos acontecimientos políticos. Su respuesta fue contundente: "Conociendo a Lambán, le habría llamado la atención oír a la vicepresidenta primera cuando le preguntan si va a haber Presupuestos y decir con absoluta tranquilidad 'Depende de lo que decida Puigdemont'". La referencia directa a María Jesús Montero y a Carles Puigdemont generó un murmullo en el hemiciclo.
González no se detuvo ahí. El expresidente del Gobierno consideró que esa frase "es definitiva" y "explica todo lo que nos pasa", cuestionando abiertamente la influencia del líder de Junts per Catalunya en las decisiones del Ejecutivo. Además, lanzó una pregunta retórica sobre si "es más importante que se vean en un caserío con un heredero de ETA, o lo que pasa hoy con la vistilla", en clara alusión a las negociaciones con los independentistas y la polémica por los indultos y la ley de amnistía. El expresidente socialista definió a Lambán como "tenaz, europeísta" y un "socialdemócrata convencido", destacando su coherencia ideológica hasta el final de su vida.
En un momento de emotividad, González confesó que no ha borrado "ni las conversaciones ni los mensajes de Javier, como los de Alfredo", en referencia a Alfredo Pérez Rubalcaba, otro histórico socialista fallecido en 2019 también en desacuerdo con la línea de Sánchez. Esta comparación entre Lambán y Rubalcaba, ambos críticos con la dirección actual, no fue casual y subrayó la sensación de pérdida de referentes en el PSOE tradicional.
Por su parte, Pedro Rollán, presidente del Senado y miembro del PP, expresó "todo el afecto" y "cariño" de la Cámara hacia Lambán, asegurando que "esta es su casa y siempre lo será". El líder popular calificó al aragonés como "uno de los mejores políticos de su generación", reconociendo su trayectoria más allá de las siglas partidarias. La presencia conjunta de Rollán y Feijóo, junto con la ausencia de representantes del Gobierno, otorgó al acto un carácter transversal que contrastó con la división interna del PSOE.
El acto sirvió para visibilizar la brecha abierta en el PSOE entre su dirección actual, liderada por Pedro Sánchez, y las figuras históricas que gobernaron España durante las décadas de los 80 y 90. Los veteranos aprovecharon el homenaje para reivindicar un modelo de socialdemocracia basado en el constitucionalismo y el centralismo, que según su percepción se ha visto erosionado por los pactos con formaciones independentistas. La ley de amnistía aprobada para conseguir los apoyos de Junts en la investidura de Sánchez de 2023 fue uno de los puntos más criticados durante el evento.
Javier Lambán, que gobernó Aragón entre 2015 y 2023, se caracterizó por su postura crítica y constante hacia la estrategia de Sánchez de acercamiento a los independentistas. Su última etapa política estuvo marcada por el enfrentamiento con la dirección federal, lo que le convirtió en referente para el sector más moderado y contrario a los pactos con Junts y ERC. Su fallecimiento dejó un vacío en el ala crítica del partido que quedó patente durante el homenaje.
El homenaje del jueves no fue solo un recuerdo a un compañero fallecido, sino un acto político con mensaje claro. La ausencia del Gobierno, la presencia del líder de la oposición y las duras críticas de los expresidentes socialistas dibujaron un panorama de tensión interna en el PSOE que trasciende el duelo personal. En los pasillos del Senado, algunos asistentes comentaban que el acto recordaba a otros momentos de división en la historia socialista, aunque con la particularidad de que ahora las críticas vienen desde la propia cúpula histórica hacia la dirección actual.
La influencia de Puigdemont en la política española, el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado y la gestión de las relaciones con los socios de investidura centraron las intervenciones. González insistió en que la situación actual es insostenible para un partido que se define como socialdemócrata y constitucionalista, mientras que Guerra recordó los tiempos en los que el PSOE gobernaba sin depender de "socios incómodos".
El futuro inmediato del PSOE parece marcado por esta tensión. Mientras la dirección defiende su estrategia de coalición como única vía para mantenerse en La Moncloa, el sector crítico, representado simbólicamente por la figura de Lambán, cuestiona los límites de esa alianza. El homenaje de este jueves ha dejado claro que, al menos para la vieja guardia, las líneas rojas ya han sido cruzadas en múltiples ocasiones.
La figura de Lambán, leal a sus principios hasta el final, quedará para muchos como ejemplo de coherencia en una época de transacciones políticas. Su voz crítica, ahora silenciada, sigue resonando en las intervenciones de quienes compartieron con él la preocupación por el rumbo del partido y del país. El acto en el Senado no solo cerró el ciclo de despedidas a un político respetado, sino que abrió un nuevo capítulo en la crisis interna del PSOE, donde la batalla por la identidad del partido parece lejos de resolverse.