Ábalos entra en prisión y acusa a Sánchez de filtrarle la investigación a Koldo

El exministro de Transportes, en prisión provisional, revela que el presidente le advirtió en Moncloa de la investigación secreta contra su exasesor

José Luis Ábalos ha iniciado este jueves su ingreso en la cárcel de Soto del Real tras una decisión judicial que le impone prisión provisional por presuntos delitos de corrupción. El magistrado ha adoptado esta medida cautelar al apreciar un riesgo de fuga, después de que el Ministerio Público presentara su escrito de acusación, en el que solicita una pena de 24 años de cárcel para el exministro de Transportes.

Este hecho representa una situación sin precedentes en la historia democrática española. Nunca antes un diputado en activo había ingresado en prisión, lo que convierte este episodio en un hito parlamentario de consecuencias incalculables. La ironía resulta evidente si consideramos que hace exactamente siete años, Ábalos fue uno de los artífices de la moción de censura que derrocó a Mariano Rajoy, precisamente levantando la bandera de la honradez y la lucha contra la corrupción. Aquel discurso, que tanto contribuyó a consolidar el ascenso de Pedro Sánchez a La Moncloa, hoy se convierte en un eco amargo para el político valenciano.

En una entrevista exclusiva concedida a OKDIARIO apenas días antes de su ingreso en prisión, Ábalos muestra un perfil sorprendente. Habla con un ritmo pausado, casi meditativo, sin rastro de la venganza o el rencor que podrían esperarse en sus circunstancias. Lo más llamativo de sus declaraciones es la admisión de que el propio presidente del Gobierno le advirtió personalmente en el Palacio de La Moncloa sobre la investigación que la Fiscalía mantenía en secreto contra Koldo García, su antiguo asesor de confianza.

La reunión, según relata Ábalos, tuvo lugar en septiembre de 2023. No fue un encuentro breve ni protocolario, sino una conversación extensa en la que ambos abordaron múltiples aspectos de la situación política. Fue en ese contexto, al final del encuentro, cuando Sánchez le comunicó que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado estaban investigando a Koldo García y que existía la posibilidad de que acabara siendo detenido.

Cuando se le pregunta directamente sobre la naturaleza secreta de esa investigación, Ábalos no duda: "Claro, claro, de hecho, la pieza de la Audiencia era secreta". Esta afirmación resulta especialmente contundente, ya que la revelación de información sobre una investigación en curso que se mantenía bajo secreto sumarial podría constituir un delito de revelación de secretos.

El exministro, sin embargo, se muestra cauteloso al respecto. Cuando se le señala que técnicamente se trata de un delito de manual, responde con evasivas: "No lo sé". Su argumentación se basa en que, en el caso de Koldo, ya se estaba realizando un seguimiento evidente, con interceptación de comunicaciones incluida. Pero lo que realmente le preocupa es que, en paralelo, también se había iniciado una investigación sobre su persona, y lo habían hecho sin amparo judicial.

Ábalos denuncia que, siendo aforado, fue objeto de vigilancia sin la protección legal correspondiente. En los informes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, según sus propias palabras, se observa que se consultaron bases de datos con su información personal y que se le sometió a una vigilancia que carecía de cobertura judicial. Esta circunstancia, de confirmarse, representaría una vulneración grave de los derechos fundamentales de un parlamentario.

El político valenciano insiste en que nunca percibió esa vigilancia. "No, además yo, de natural, soy tremendamente confiado", reconoce con una honestidad que resulta sorprendente en alguien que ha pasado décadas en la primera línea de la política española. Esta confesión sobre su carácter confiado contrasta con la paranoia que suele acompañar a los políticos en situaciones de investigación judicial.

Durante la entrevista, Ábalos mantiene una postura firme respecto a su inocencia. Se declara víctima de lo que él denomina judicialización de la política, un fenómeno que, según su perspectiva, utiliza la justicia como herramienta para la eliminación de adversarios políticos. Asegura que defenderá su posición "hasta el final" y cuestiona que la política contemporánea pretenda la eliminación del adversario mediante la estigmatización o la sanción punitiva.

El contexto de la conversación con Sánchez resulta especialmente relevante. Ábalos matiza que el presidente no le citó específicamente para advertirle sobre Koldo, sino que esa información surgió al final de una reunión mucho más amplia. Describe el encuentro como un "cierto reencuentro", aunque para él resultó doloroso, tras dos años de duelo amargo con el partido y con el propio presidente.

La voluntad de recuperación que percibió en Sánchez durante esa reunión, unida a la confidencia sobre la investigación, le hace interpretar que el presidente no veía nada negativo en su conducta. De lo contrario, razona, no le habría citado en La Moncloa ni le habría compartido información tan sensible. Esta percepción, sin embargo, choca frontalmente con la realidad de su situación actual.

El caso Koldo, que ha terminado por devorar la carrera política de Ábalos, se centra en presuntas comisiones ilegales en contratos de material ferroviario durante su etapa al frente del Ministerio de Transportes. La trama, según la investigación, habría generado millones de euros en beneficios ilícitos a través de la intermediación de su exasesor.

La decisión de ingresar en prisión provisional no se ha tomado a la ligera. El juez ha valorado no solo el riesgo de fuga, sino también la gravedad de los delitos imputados y la existencia de pruebas documentales y testimoniales que, a su juicio, sustentan la acusación. Los 24 años solicitados por la Fiscalía reflejan la severidad con la que el Ministerio Público contempla los presuntos delitos de cohecho, tráfico de influencias y malversación.

Para el PSOE, el ingreso en prisión de Ábalos supone un golpe político de gran magnitud. El partido ha tenido que apartarle de sus funciones parlamentarias y ha visto cómo uno de sus históricos dirigentes se convertía en el primer diputado encarcelado en democracia. La formación socialista intenta desmarcarse del caso, insistiendo en que se trata de responsabilidades individuales que no afectan al partido.

Sin embargo, las revelaciones de Ábalos sobre la reunión en Moncloa añaden una capa de complejidad adicional. Si se confirma que el presidente del Gobierno reveló detalles de una investigación secreta, podría abrir un nuevo frente político y judicial de consecuencias impredecibles. La oposición ya ha pedido explicaciones y no descarta solicitar la comparecencia de Sánchez en el Congreso.

El exministro, mientras tanto, se prepara para afrontar una larga batalla legal desde la prisión. Su estrategia parece basarse en cuestionar tanto los fundamentos de la acusación como los métodos de investigación, argumentando vulneración de derechos fundamentales y politización de la justicia.

El caso de Ábalos se ha convertido en un símbolo de los tiempos convulsos que vive la política española. La caída de un político que llegó a ser ministro y hombre fuerte del PSOE, la posible implicación del presidente en una filtración de información reservada, y el debate sobre la judicialización de la política conforman un cóctel explosivo que marcará la agenda en los próximos meses.

Desde su celda en Soto del Real, Ábalos tendrá tiempo de sobra para reflexionar sobre el giro radical que ha tomado su vida. De ser uno de los artífices de la moción de censura contra Rajoy a convertirse en el primer diputado encarcelado, su trayectoria ejemplifica la velocidad con la que puede cambiar el destino en la política. Mientras tanto, sus palabras sobre la reunión en Moncloa continuarán resonando, generando nuevas preguntas sobre el uso de la información reservada en los más altos niveles del poder.

Referencias