Madrid, 25 de noviembre de 2025. La Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE) ha vuelto a pronunciarse en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, reafirmando el compromiso de las instituciones académicas como actores fundamentales en la lucha contra esta lacra social. En un contexto donde la violencia machista sigue cobrando vidas —36 mujeres asesinadas en España en lo que va de año por sus parejas o exparejas—, las universidades se posicionan como espacios de transformación, educación y acción concreta.
Según datos de ONU Mujeres, una de cada ocho mujeres entre 15 y 49 años ha sufrido violencia por parte de su pareja en el último año. Sin embargo, donde existen marcos legales sólidos, servicios especializados y sistemas de protección eficaces, los índices de violencia se reducen hasta en un 2,5 veces. Este dato subraya la importancia de la intervención institucional y la necesidad de fortalecer las políticas públicas, especialmente en entornos educativos.
La CRUE, alineada con la Declaración de Beijing de 1995 —que este año celebra su 30º aniversario—, reconoce que la violencia de género sigue siendo un obstáculo insuperable para el desarrollo pleno y la dignidad de las mujeres. A pesar de los avances legislativos y sociales, esta violencia persiste en múltiples formas, muchas de ellas invisibilizadas o minimizadas. La violencia no solo se manifiesta en agresiones físicas, sino también en formas más sutiles: psicológicas, económicas, digitales o vicarias, que afectan profundamente la autonomía y la seguridad de las mujeres.
En este sentido, la renovación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aprobada en febrero de 2025, representa un paso crucial. Este nuevo acuerdo amplía el enfoque de intervención para incluir manifestaciones de violencia que antes no estaban suficientemente atendidas, como la violencia vicaria —que afecta a los hijos e hijas como arma de presión—, la violencia económica —que limita la independencia financiera de las mujeres— y la violencia digital —que se ejerce a través de redes sociales, aplicaciones o dispositivos tecnológicos—. Estas formas de violencia requieren respuestas específicas, coordinadas y sensibles a los nuevos contextos sociales y tecnológicos.
Las universidades, como centros de conocimiento y formación, tienen una responsabilidad ética y social ineludible. No solo deben ofrecer apoyo a las víctimas, sino también generar conciencia crítica, fomentar la corresponsabilidad y promover una cultura institucional basada en el respeto y la equidad. Para ello, muchas universidades españolas ya cuentan con unidades de igualdad y protocolos específicos diseñados para prevenir, detectar y actuar ante casos de violencia de género. Estas estructuras no solo brindan asistencia inmediata, sino que también impulsan programas de formación, investigación y sensibilización dirigidos a toda la comunidad universitaria: estudiantes, profesorado y personal administrativo.
La investigación académica juega un papel fundamental en la comprensión de los mecanismos de la violencia machista y en la evaluación de las políticas públicas. Las universidades generan evidencia científica que permite diseñar intervenciones más efectivas, adaptadas a las realidades cambiantes de la sociedad. Además, a través de la docencia, se forman futuros profesionales —abogados, educadores, psicólogos, trabajadores sociales— que llevarán estos valores a sus ámbitos laborales, multiplicando así el impacto de la acción universitaria.
La CRUE insiste en que la lucha contra la violencia de género no puede ser una tarea aislada, sino que debe ser transversal y colectiva. Las universidades deben colaborar con administraciones públicas, organizaciones sociales y otros actores clave para construir un entorno más seguro y justo. La educación no es solo un derecho, sino también una herramienta poderosa para transformar mentalidades y romper ciclos de violencia.
En este día simbólico, las universidades españolas reafirman su compromiso de ser espacios libres de violencia, donde todas las personas puedan desarrollarse con dignidad y seguridad. No se trata solo de condenar los hechos, sino de construir alternativas: políticas, culturales y educativas que prevengan la violencia antes de que ocurra. La prevención, la sensibilización y la investigación son pilares fundamentales en esta tarea.
El mensaje de la CRUE es claro: las universidades no pueden quedarse al margen. Su rol como generadoras de conocimiento, formadoras de ciudadanos y promotoras de valores éticos las convierte en actores indispensables en la lucha contra la violencia de género. En un mundo donde la tecnología, la cultura y las relaciones sociales cambian rápidamente, las instituciones académicas deben adaptarse, innovar y liderar el cambio.
Por ello, este 25 de noviembre no es solo un día de conmemoración, sino también de compromiso renovado. Las universidades españolas se comprometen a seguir impulsando políticas de igualdad, a fortalecer sus protocolos de actuación y a formar a nuevas generaciones conscientes de la importancia de la equidad y el respeto. Porque eliminar la violencia contra las mujeres no es solo una obligación moral, es una necesidad urgente para construir una sociedad más justa, inclusiva y humana.