Marc Pubill representa el prototipo de futbolista moderno que todo entrenador desea tener en su plantilla. Con apenas 22 años, el defensor egarense ha pasado de ser una incorporación discreta a convertirse en pieza fundamental del esquema de Diego Pablo Simeone en el Atlético de Madrid. Su ascenso meteórico no obedece al azar, sino a una combinación de talento natural, trabajo incansable y una capacidad de adaptación que pocos jugadores exhiben en la élite del fútbol español.
La operación que llevó a Pubill desde el Almería hasta la capital de España pasó relativamente desapercibida durante el pasado mercado estival. 16 millones de euros parecía una cifra prudente para un lateral derecho con proyección, pero nadie en la dirección deportiva rojiblanca imaginaba que estaban cerrando el fichaje más rentable de la temporada. El joven terrassense llegaba con el bagaje de haber disputado una temporada completa en Primera División y con la medalla de oro olímpica colgada del cuello tras su participación en los Juegos de París 2024, pero aún debía demostrar que podía dar el salto de calidad que exige el Wanda Metropolitano.
Los inicios en su nuevo club no fueron sencillos. La competencia en la defensa atlética era feroz, con jugadores consolidados y la confianza de Simeone asegurada. Pubill se encontró con un rol secundario que habría desanimado a muchos futbolistas de su edad. Sin embargo, comprendió perfectamente la dinámica del vestuario colchonero: aquí no se regala nada y todo hay que ganárselo sobre el césped. Mientras esperaba su oportunidad, el catalán redobló esfuerzos en los entrenamientos, perfeccionando cada detalle de su juego y demostrando una profesionalidad que no pasó desapercibida para el cuerpo técnico.
El punto de inflexión llegó cuando Simeone decidió experimentar con su posición. Aunque inicialmente se presentó como lateral derecho, el argentino detectó cualidades mucho más interesantes para el puesto de central por el sector derecho. Esta intuición ha resultado ser una de las mejores decisiones tácticas del Cholo en los últimos tiempos. Pubill no solo ha asumido el nuevo rol con naturalidad, sino que lo ha perfeccionado hasta convertirse en titular indiscutible.
La versatilidad se ha convertido en su mayor virtud. En las últimas jornadas, el egarense ha demostrado que puede desempeñarse con idéntico nivel tanto en el eje de la zaga como en la banda. Su capacidad para leer el juego, sumada a una velocidad inusual para un defensa central, le permite anticiparse a los atacantes y neutralizar contraataques antes de que se gesten. Además, su juego aéreo resulta impecable tanto en tareas defensivas como en las pocas aproximaciones al área rival.
Simeone no oculta su satisfacción con la evolución del jugador. En declaraciones recientes, el entrenador rojiblanco explicó su visión inicial: "Cuando llegó era lateral derecho, pero siempre le dije que lo veía más como central por el sector derecho, como un central 'stopper'. Lo íbamos a trabajar". Esta frase resume la filosofía de desarrollo del Atlético: identificar potencial, moldearlo con paciencia y esperar a que el futbolista esté preparado para el salto.
El paralelismo que estableció Simeone con el caso de Moyá y Oblak resulta especialmente revelador. "Esto ya lo vivimos con Moyá cuando llegó Oblak. Había una inversión importante, pero Moyá siguió jugando porque estaba rindiendo. El fútbol termina pagando a los que trabajan y esperan". Con esta analogía, el Cholo dejó claro que en el Atlético no prima el precio del fichaje ni el nombre, sino el rendimiento y la entrega. Pubill entendió el mensaje, mantuvo la calma y, cuando la oportunidad llegó, respondió con creces.
El partido de semifinales de la Supercopa de España contra el Real Madrid sirvió como escaparate perfecto para sus cualidades. A pesar de la derrota final, el rendimiento del joven defensa fue excelso. Comenzó formando pareja con Hancko en el centro de la zaga y finalizó el encuentro desplazado a la banda derecha, cubriendo la posición de Marcos Llorente cuando este se adentraba en zonas interiores. Esta capacidad para cambiar de posición sin perder efectividad demuestra una inteligencia táctica poco común en jugadores de su edad.
Durante los noventa minutos, Pubill no bajó el ritmo ni un instante. Su lectura de las transiciones merengues, siempre peligrosas, fue impecable. Cada intervención mostraba seguridad, cada desplazamiento reflejaba concentración. El desgaste físico de una eliminatoria de máxima exigencia no mermó su rendimiento, evidenciando una preparación atlética óptima y una mentalidad ganadora.
Lo que más llama la atención de su juego es la personalidad. No titubea cuando tiene el balón en los pies, sino que busca la salida limpia y el pase progresivo. Esta valentía con la pelota, combinada con la agresividad necesaria para el juego sin ella, configura un perfil completo que encaja a la perfección con las exigencias del fútbol moderno. No en vano, Simeone ha encontrado en él una solución a varios de los puzzles tácticos que plantea la competición.
A sus 22 años, Marc Pubill tiene por delante una década de élite por delante. La confianza que le ha otorgado Simeone no es circunstancial, sino el resultado de un proceso de evaluación constante que ha superado con nota. La directiva atlética puede estar satisfecha: aquellos 16 millones de euros se han transformado en uno de los activos más prometedores de LaLiga.
El futuro inmediato del catalán pasa por consolidarse como referente de la defensa colchonera. Con la experiencia que adquiera en los próximos meses, no resulta descabellado imaginarle con la braza de capitán en un futuro no muy lejano. Su compromiso con el club, su profesionalidad fuera del campo y su crecimiento exponencial dentro de él configuran el retrato del futbolista idóneo para el proyecto rojiblanco.
En una época donde los grandes clubs buscan galácticos con precios desorbitados, el Atlético de Madrid ha demostrado una vez más que la clave del éxito reside en identificar talento, tener paciencia para desarrollarlo y contar con un entrenador capaz de sacar lo mejor de cada jugador. Marc Pubill es la prueba viviente de que el fútbol, efectivamente, termina pagando a quienes trabajan con humildad y esperan su momento con determinación.