Antonio Recio vive un bucle temporal en el final de La que se avecina

El último episodio de la temporada 16 sorprende con una trama inspirada en 'Groundhog Day' que pone al líder de Mariscos Recio en una situación límite

La temporada 16 de La que se avecina ha llegado a su fin con un episodio que ha dejado a los seguidores de la serie con la boca abierta. El octavo y último capítulo de esta temporada ha optado por una narrativa arriesgada y original, sumergiendo al icónico Antonio Recio en una experiencia que desafía su percepción de la realidad. Se trata de un bucle temporal que, lejos de ser un efecto de la ciencia ficción, responde a una elaborada trama urdida por sus propios vecinos.

El episodio, titulado 'Un caramelo asesino, una neomaruja y un pianista en órbita', representa un giro creativo en la forma de narrar las peripecias del edificio de Montepinar. En esta ocasión, el personaje interpretado por Jordi Sánchez comienza a experimentar una sensación de déjà vu extremo. Día tras día, asiste a reuniones de comunidad idénticas, mantiene conversaciones calcadas con los mismos vecinos y presencia situaciones que, aparentemente, se repiten sin fin. Esta repetición constante genera en él una profunda inseguridad, llegando a cuestionar su propio juicio y estabilidad mental.

A medida que la trama avanza, el espectador descubre que no existe ningún fenómeno cósmico ni anomalía espacio-temporal. El responsable de toda esta situación es una conspiración vecinal liderada por Berta y Agustín, personaje este último interpretado por Carlos Areces. Inspirados directamente en la célebre película 'Groundhog Day' (conocida en España como 'Atrapado en el tiempo'), estos dos personajes convencen a todos los habitantes del edificio para que participen en una farsa colectiva. El objetivo es claro: hacer creer a Antonio que está atrapado en un bucle temporal con la esperanza de que esta experiencia le haga reflexionar sobre su comportamiento y le inspire a convertirse en una mejor persona.

Sin embargo, el plan se desvía rápidamente de sus intenciones originales. La personalidad volátil e impredecible de Antonio Recio convierte el experimento en un auténtico desastre. Al asumir que cada reinicio diario borra cualquier consecuencia de sus actos, el presidente de la comunidad desata una ola de caos sin precedentes en el número 49 de Contubernio. Sus acciones incluyen desde besar a Rebeca, interpretada por María Adánez, sin su consentimiento, hasta derrochar enormes sumas de dinero en caprichos tecnológicos como consolas de videojuegos con gafas de realidad virtual o un jacuzzi de lujo. El colmo llega cuando intenta organizar un homenaje a sí mismo contratando servicios de prostitutas, e incluso considera invitar a Coque a la celebración.

El punto de inflexión se produce cuando Antonio, convencido de su propia inmortalidad dentro del bucle, decide llevar el experimento a su extremo lógico. Subido a la azotea del edificio, contempla saltar al vacío con la certeza de que al día siguiente despertará sano y salvo en su cama, tal y como ocurre en la película de referencia. Esta situación pone en riesgo su integridad física y obliga a los vecinos a poner fin de manera abrupta a la farsa. Sin la tradicional pérgola de Enrique que pudiera amortiguar su caída, la comunidad opta por una solución drástica: Coque noquea a Antonio de un golpe con una botella en la espalda para evitar el salto.

Ante la imposibilidad de razonar con un personaje que ha perdido completamente el contacto con la realidad, los vecinos toman una decisión controvertida. Todos los inquilinos acuerdan encerrar a Antonio en el zulo de Fina contra su voluntad, convirtiendo la supuesta terapia en una terapia de choque. Es en este oscuro y claustrofóbico espacio donde concluye la temporada, dejando al protagonista en una situación de absoluta vulnerabilidad y aislamiento.

Este final de temporada representa una apuesta narrativa valiente por parte de los guionistas. El juego con la estructura temporal, aunque no es novedoso en el panorama televisivo internacional, supone una rareza en el contexto de la comedia de situación española. La serie logra mantener su esencia humorística mientras explora límites más oscuros de la psicología de sus personajes, especialmente en el caso de Antonio Recio, cuya evolución (o involución) ha sido central durante todas las temporadas.

La recepción de este episodio ha generado debate entre la audiencia. Por un lado, se valora la originalidad del planteamiento y la capacidad de la serie para reinventarse después de tantas temporadas en antena. Por otro, algunos espectadores han cuestionado la viabilidad de mantener una farsa de tal magnitud en un edificio donde los secretos suelen tener vida corta. No obstante, la voluntad de sorprender y arriesgar narrativamente ha sido, en general, bien recibida por los fans más acérrimos.

El paralelismo con 'Groundhog Day' no se limita a la mera trama del bucle temporal. La serie juega con la misma premisa moral de la película: la repetición como herramienta de crecimiento personal. Sin embargo, mientras Bill Murray aprende a ser mejor persona, Antonio Recio demuestra que, en su caso, la ausencia de consecuencias desata lo peor de su carácter. Esta inversión del cliché resulta especialmente efectiva para un personaje cuya autoridad y ego han sido objeto de sátira durante años.

La temporada cierra con un interrogante sobre el futuro de Antonio Recio. Su encierro en el zulo de Fina no parece una solución sostenible, y los vecinos deberán enfrentar las consecuencias de su plan fallido. La serie deja así la puerta abierta a múltiples posibilidades para la siguiente temporada, donde seguramente se abordarán las secuelas psicológicas de esta experiencia tanto en el protagonista como en los cómplices de su secuestro simulado.

En definitiva, el final de temporada de La que se avecina demuestra que, incluso en su decimosexta entrega, la serie mantiene capacidad para innovar y sorprender a su audiencia. La combinación de humor, drama y un toque de surrealismo ha resultado en un episodio memorable que, con toda probabilidad, pasará a la historia como uno de los giros argumentales más atrevidos de la ficción española reciente.

Referencias

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