La noche del programa se presentaba tranquila hasta que María Hervás decidió compartir una experiencia que, según sus propias palabras, estuvo a punto de hacerle perder la respiración por motivos distintos a los técnicos del buceo. Acompañada de Kira Miró y Raquel Guerrero, la actriz desembarcó en el plató de El Hormiguero para conversar con Pablo Motos sobre sus proyectos profesionales y, cómo no, sobre ese momento en el que la adrenalina y el pánico se confundieron bajo el agua.
El encuentro televisivo, que marcó el arranque de 2026 para el espacio de Antena 3, sirvió como marco perfecto para que las intérpretes promocionaran la nueva entrega de Machos Alfa, una ficción que las ha reunido en pantalla y que les ha proporcionado experiencias inolvidables. Entre todas las anécdotas compartidas, la de María Hervás destacó por su componente de riesgo y por la naturalidad con la que relató un hecho que habría dejado a más de uno sin capacidad de reacción.
El buceo como reto profesional
La preparación para la serie no se limitó a ensayar diálogos o interiorizar personajes. Los responsables de la producción consideraron necesario que el elenco dominara ciertas habilidades acuáticas, lo que derivó en una formación específica en buceo. Las primeras sesiones transcurrieron con total normalidad en una piscina, ese entorno controlado donde el miedo queda relegado a los límites de la profundidad artificial y donde el suelo siempre está a unos metros de distancia.
María Hervás confesó que, inicialmente, la idea de sumergirse le resultaba atractiva. La posibilidad de explorar un mundo desconocido desde la tranquilidad del entrenamiento previo generó en ella una expectación positiva. Sin embargo, la realidad del mar abierto es bien distinta a la de una piscina climatizada, y la actriz pronto lo comprobaría en sus propias carnes.
El salto al mar Caribe
El lugar elegido para el rodaje de las secuencias submarinas fue la República Dominicana, un paraíso tropical cuyas aguas cristalinas esconden una biodiversidad impresionante. Tras completar la fase teórica y práctica en piscina, llegó el momento de la verdad: la primera inmersión en aguas reales. La actriz admitió que la emoción inicial pronto se convirtió en una sensación de agobio que le resultó difícil de gestionar.
La presión del agua, la inmensidad del océano y la conciencia de estar en un entorno natural y no domesticado despertaron en ella una ansiedad que amenazó con truncar la experiencia. Fue entonces cuando el monitor, con años de experiencia en inmersiones para rodajes, intervino con técnicas de respiración y calma que permitieron a la actriz recuperar el control. Este momento de tensión, lejos de ser el más dramático, resultó ser solo el preludio de lo que vendría después.
El encuentro inesperado
Cuando finalmente consiguieron alcanzar la profundidad prevista para la secuencia, María Hervás se encontró cara a cara con una escena que ningún guion podría haber preparado. "Lo primero que se me vino de frente fue un tiburón", relató con una mezcla de asombro y humor retrospectivo. La imagen de ese depredador emergiendo de la penumbra marina provocó en ella una reacción instintiva que casi le hace olvidar todo su entrenamiento.
La presencia de tiburones en las aguas dominicanas no es infrecuente, pero encontrarse con uno durante tu primera inmersión constituye una prueba de fuego para cualquier buceador, por más preparado que esté. La actriz describió cómo, por un instante, el tiempo pareció detenerse mientras su cerebro procesaba la información: por un lado, el conocimiento teórico de que la mayoría de especies no son agresivas con los humanos; por otro, el miedo atávico que nos impulsa a huir ante cualquier amenaza percibida.
La reacción del equipo y la lección aprendida
El monitor de buceo, que había logrado calmarla minutos antes, volvió a demostrar su profesionalismo. Su reacción serena y la ausencia de pánico en el resto del equipo ayudaron a María Hervás a contextualizar la situación. Los tiburones, le explicaron, son criaturas fundamentales para el equilibrio ecosistémico y, en aquellas aguas, se trataba de una especie inofensiva que merodeaba por curiosidad más que por instinto depredador.
Este episodio, que podría haber terminado en un trauma acuático, se convirtió en una anécdota que la actriz ahora cuenta con naturalidad. La experiencia le proporcionó una perspectiva diferente sobre el miedo, el control de la respiración y la importancia de confiar en los profesionales. Además, le dio una historia memorable para programas como El Hormiguero, donde las experiencias personales suelen generar una conexión inmediata con el público.
Machos Alfa y el buen momento del elenco
La conversación en el programa no giró exclusivamente en torno a esta aventura submarina. Las tres actrices aprovecharon para hablar de Machos Alfa, la serie que las ha reunido y que parece consolidarse como uno de los proyectos más sólidos de la ficción española reciente. La química entre ellas, evidente tanto en pantalla como en el plató, ha sido uno de los factores clave del éxito de la producción.
Kira Miró y Raquel Guerrero, con trayectorias consolidadas en cine, teatro y televisión, escuchaban atentas la historia de su compañera, intercalando comentarios que demostraban la complicidad que han desarrollado durante el rodaje. Esta conexión real entre el elenco se traduce en una naturalidad en pantalla que el público valora y que distingue a las producciones nacionales que apuestan por grupos de intérpretes con personalidades marcadas.
El valor de las experiencias extremas
Más allá del entretenimiento televisivo, la anécdota de María Hervás invita a reflexionar sobre el valor que tienen las experiencias que nos sacan de la zona de confort. En un sector como el del cine y la televisión, donde la credibilidad de los personajes a menudo exige que los actores vivan situaciones reales, enfrentarse a un miedo tan primordial como el de las profundidades marinas puede enriquecer la interpretación de manera inconmensurable.
La actriz admitió que, aunque en el momento deseó no haberse subido al barco, ahora valora la experiencia como una de las más intensas de su carrera. Ese contraste entre el pánico inicial y la satisfacción posterior es precisamente lo que define a las personas dispuestas a crecer a través del desafío. No es solo sobre bucear con tiburones, sino sobre aprender a mantener la calma cuando lo inesperado aparece de frente.
El Hormiguero como espacio de confesiones
El formato de Pablo Motos ha demostrado una vez más su capacidad para sacar historias personales que van más allá de la mera promoción de proyectos. La habilidad del presentador para crear un ambiente de confianza permite que invitados como María Hervás compartan vivencias que, de otro modo, podrían quedar relegadas a conversaciones privadas.
La elección de estas tres actrices para inaugurar el año en el programa no fue casual. Representan un tipo de profesional versátil, con carreras construidas paso a paso y con la capacidad de conectar con el público a través de su autenticidad. En una época donde el contenido prefabricado abunda, estas conversaciones reales generan un valor añadido que el espectador agradece.
Conclusiones de una historia que da que hablar
La experiencia de María Hervás en República Dominicana resume varios elementos que definen el mundo del entretenimiento actual: la exigencia física y mental de los nuevos proyectos, la importancia de la preparación técnica, y la capacidad de transformar el miedo en narrativa. La actriz no solo superó su primer buceo, sino que lo hizo enfrentándose a uno de los temores más arraigados en el ser humano: el encuentro con un depredador en su propio hábitat.
La historia, que ya circula por redes sociales y foros de buceo, sirve también para desmitificar la imagen de los tiburones como máquinas de matar sin cerebro. La educación ambiental, aunque sea incidental en un programa de entretenimiento, encuentra en estas anécdotas una vía para llegar a audiencias masivas que de otro modo no consumirían contenido sobre conservación marina.
Para María Hervás, este episodio se ha convertido en una de esas historias que se cuentan una y otra vez, cada vez con un matiz diferente. Es el tipo de experiencia que define una etapa profesional y personal, que marca un antes y un después en la percepción de los propios límites. Y es, sobre todo, una prueba de que a veces los mejores momentos de una carrera no ocurren delante de la cámara, sino en las circunstancias que rodean su creación.
El público de El Hormiguero recibió la anécdota con la mezcla de asombro y empatía que caracteriza a las buenas historias bien contadas. En unos minutos, María Hervás transportó a los espectadores desde la seguridad de sus sofás hasta las profundidades del Caribe, haciéndoles sentir esa combinación de terror y fascinación que solo la naturaleza salvaje puede provocar. Y al final, todos quedaron con ganas de más, tanto de la serie como de las aventuras que estas actrices seguro aún tienen por contar.