Mientras el resto de España continúa con su rutina diaria, en Mora de Rubielos ya se respira el ambiente de año nuevo. Este miércoles 31 de diciembre, a las dos de la tarde, los residentes y visitantes de esta localidad turolense han vivido su particular Nochevieja australiana, una celebración que ha consolidado su prestigio como uno de los eventos más singulares del calendario festivo español.
La iniciativa, que nació como una curiosa propuesta para rendir homenaje a las antípodas, ha evolucionado hasta convertirse en un ritual ineludible para la comunidad. A las 14:00 horas, cuando en Sydney o Melbourne comienza a despuntar el 1 de enero, los moranos dan por iniciado su particular 2026. Este adelanto temporal no supone, eso sí, renunciar a la tradicional medianoche española, que también se celebrará con igual entusiasmo en la plaza del ayuntamiento.
El epicentro de esta original festividad es el restaurante El Rinconcico, cuya fachada alberga una impresionante paella gigante de 135 centímetros de diámetro y cuatro asas. Sobre esta pieza de arte culinario, que cuelga como un tótem de la gastronomía valenciana, se proyectan las doce campanadas que marcan el inicio simbólico del nuevo año. La escena, que congrega a varios centenares de personas, combina la solemnidad del ritual con la alegría desenfadada de una fiesta popular.
La figura central de esta ceremonia es Mayte Ferrer, quien cada año asume el rol de maestra de ceremonias. Con un palo en mano, golpea metódicamente la paella, imitando el sonido de las campanadas y marcando el ritmo para el tradicional consumo de las uvas. Este gesto, repetido desde hace años, ha convertido a Ferrer en un referente local y en la encargada de mantener viva una tradición que cada año atrae más visitantes.
La elección de la paella como elemento protagonista no es casual. Mora de Rubielos, situada en la provincia de Teruel pero geográfica y culturalmente vinculada a Valencia por su proximidad y por el flujo turístico constante, ha sabido fusionar su identidad aragonesa con los símbolos valencianos. El resultado es una celebración híbrida que refleja la diversidad cultural de la zona y el carácter acogedor de sus gentes.
La tradición, lejos de estancarse, se renueva cada año con una temática diferente. Si la edición anterior estuvo marcada por la DANA que asoló Valencia, convirtiendo el acto en un emotivo homenaje a la ciudad herida mediante la interpretación del Himno Regional, este 2025 el homenaje se dirige hacia la nieve y el esquí. Concretamente, la temática elegida rememora las estaciones de esquí de los años ochenta, un guiño al pasado que resuena especialmente en un municipio cuyo turismo invernal constituye uno de sus principales motores económicos.
Este giro temático no solo diversifica el atractivo del evento, sino que también refuerza la identidad turística de Mora de Rubielos. El municipio, que cada invierno acoge a miles de valencianos en busca de la nieve de sus estaciones cercanas, aprovecha esta celebración para reivindicar su papel como destino de referencia en el turismo de montaña. La combinación de gastronomía, tradición y promoción turística resulta en un evento que trasciende lo meramente festivo.
La respuesta del público ha sido masiva. Cientos de vecinos y turistas se agolpan frente al restaurante, smartphones en mano, para capturar el momento. La familia es el núcleo de la celebración, con niños que disfrutan de una experiencia única y mayores que valoran la continuidad de una tradición que fortalece los lazos comunitarios. La presencia de visitantes foráneos, especialmente de la Comunidad Valenciana, confirma el carácter transfronterizo de esta fiesta.
El éxito de la Nochevieja australiana de Mora de Rubielos radica en su capacidad para combinar lo genuino con lo espectacular. No se trata de una mera representación teatral, sino de una celebración con raíces profundas en el territorio. La paella no es solo un decorado, sino un símbolo de la gastronomía mediterránea; la hora australiana no es solo una curiosidad horaria, sino un puente con otras culturas; y la nieve no es solo un recurso turístico, sino parte del paisaje y la economía local.
La organización del evento implica un trabajo meticuloso. Desde la preparación técnica de la proyección hasta la coordinación de la participación ciudadana, pasando por la elección de la temática anual, cada detalle se cuida con esmero. El restaurante El Rinconcico, como anfitrión, asume un papel fundamental, ofreciendo no solo el espacio físico sino también la paella que se ha convertido en icono de la celebración.
La proyección de las campanadas sobre la paella gigante crea un efecto visual impactante. La luz del mediodía, la expectación del público y el sonido metálico del palo golpeando la paella conforman una experiencia sensorial única. Este momento, que dura apenas unos minutos, queda grabado en la memoria colectiva y en los dispositivos móviles de quienes presencian el acto.
La doble celebración -australiana y española- permite a los asistentes disfrutar de dos Nocheviejas en un mismo día. Esta particularidad ha generado un fenómeno social interesante, donde las familias preparan dos cenas de gala, consumen dos raciones de doce uvas y brindan dos veces por el nuevo año. La jornada se convierte así en una maratón festiva que culmina con la medianoche tradicional.
El impacto mediático de la iniciativa ha crecido exponencialmente. Cada año, más medios de comunicación se desplazan hasta Mora de Rubielos para cubrir el evento, contribuyendo a difundir la imagen del municipio como destino turístico innovador. Las redes sociales se inundan con imágenes y vídeos del momento, creando un efecto viral que beneficia tanto a la localidad como al sector turístico regional.
La sostenibilidad de la tradición depende de la implicación de las nuevas generaciones. Los más jóvenes, que han crecido viendo a Mayte Ferrer golpear la paella, empiezan a participar activamente en la organización, asegurando la continuidad de la celebración. Esta transmisión intergeneracional es quizás el mayor logro de una iniciativa que, en sus orígenes, podría haberse considerado una simple extravagancia.
La Nochevieja australiana de Mora de Rubielos demuestra que las tradiciones no son entidades estáticas, sino que pueden evolucionar y adaptarse a los tiempos sin perder su esencia. La combinación de respeto por la cultura local, apertura a influencias externas y creatividad en la ejecución ha creado un modelo replicable que otros municipios observan con interés.
En un contexto donde la despoblación afecta a muchas localidades rurales, iniciativas como esta fortalecen el tejido social y generan oportunidades económicas. La capacidad de Mora de Rubielos para reinventar sus tradiciones y convertirlas en atractivos turísticos constituye una lección de resiliencia y visión estratégica.
La jornada concluirá, como cada año, con la celebración de la medianoche española en la plaza del ayuntamiento. Entre las dos celebraciones, los vecinos y visitantes disponen de tiempo para descansar, reponer fuerzas y prepararse para el gran momento nocturno. La dualidad festiva se ha convertido ya en seña de identidad de un pueblo que sabe celebrar la vida dos veces en un mismo día.
La paella gigante, que descansa en la fachada de El Rinconcico tras su protagonismo mediodiano, permanece como testigo silencioso de una tradición que cada año suma nuevos adeptos. Su presencia, más allá de lo culinario, simboliza la capacidad de una comunidad para unirse en torno a símbolos compartidos y crear momentos memorables.
Mora de Rubielos ha demostrado que con imaginación, trabajo comunitario y respeto por las raíces es posible construir tradiciones duraderas. La Nochevieja australiana, lejos de ser una simple anécdota, se ha consolidado como un evento cultural de referencia que pone en valor el patrimonio gastronómico, turístico y social de la localidad. Cada 31 de diciembre, a las dos de la tarde, este rincón turolense demuestra que el tiempo es relativo cuando se trata de celebrar la comunidad y el futuro.