Jennifer's Body en Disney+: el clásico de culto que desafió al sistema

La película de terror con Megan Fox que fue vilipendiada en 2009 y ahora es un referente feminista del siglo XXI

El tiempo pone a cada película en su sitio. Lo que hoy parece una obra maestra puede haber sido ignorada en su estreno, y lo que fue masacrado por la crítica puede resurgir con nueva fuerza. Jennifer's Body, disponible ahora en Disney+, es el ejemplo perfecto de esta segunda categoría: una cinta que fue injustamente vapuleada en 2009 y que, quince años después, finalmente recibe el reconocimiento que merece.

Dirigida por Karyn Kusama y con guion de Diablo Cody, la mente creativa detrás de Juno, esta comedia de terror demoníaco llegó a los cines en un momento cultural completamente equivocado. El marketing la vendió como una película de adolescentes con escenas sugerentes, cuando en realidad era una sátira mordaz sobre la cosificación femenina y las dinámicas de poder en la cultura pop.

El argumento sigue a Anita "Needy" Lesnicki, interpretada por una brillante Amanda Seyfried, una estudiante tímida e insegura de un pueblo de Minnesota. Su mejor amiga es Jennifer Check, la reina del instituto, encarnada por Megan Fox en el papel que definiría su carrera. Tras asistir a un concierto de una banda indie, Jennifer desaparece y regresa transformada: ahora es un demonio sediento de carne humana que se alimenta de sus compañeros de clase.

Lo que en superficie parece un típico slasher adolescente esconde una crítica feroz a la explotación del cuerpo femenino en la industria del entretenimiento. Kusama y Cody utilizaron el formato del terror para desmontar los estereotipos de género, ridiculizando precisamente lo que el público masculino esperaba consumir. La ironía es que muchos críticos y espectadores no captaron esta doble lectura, acusando la película de ser justamente lo que denunciaba.

El principal problema fue el marketing obsceno de 20th Century Fox. Los trailers y pósters se centraron exclusivamente en el físico de Megan Fox, vendiendo la cinta como fantasía adolescente barata. Esto atrajo al público equivocado y alejó al que realmente apreciaría la obra. Además, en 2009, Fox era un fenómeno mediático reducido a su imagen, producto de su papel en Transformers y la hipersexualización de su persona pública.

La película fue adelantada a su tiempo porque abordaba temas como la toxicidad en las amistades femeninas, la presión social en el instituto y la violencia de género desde una perspectiva femenina en un género dominado por narrativas masculinas. Los diálogos afilados de Cody, llenos de jerga adolescente que sonaba auténtica, y la dirección segura de Kusama crearon una obra única que no encajaba en los moldes establecidos.

Con el paso de los años, y gracias a una mayor diversidad en la crítica cinematográfica y en las voces que analizan cultura pop, Jennifer's Body ha sido reivindicada. Plataformas como Disney+ permiten que nuevas generaciones descubran la película sin el ruido mediático de su estreno, apreciando su humor negro, su crítica social y su representación de personajes complejos.

La química entre Seyfried y Fox es palpable, construyendo una relación tóxica que refleja las dinámicas de poder reales entre mujeres en contextos patriarcales. La violencia gore, lejos de ser gratuita, sirve como metáfora de la destrucción que causa la objetivización. Cada asesinato de Jennifer es una venganza contra un sistema que valora a las mujeres solo por su apariencia.

La banda sonora, con grupos emo y indie de la época como Low Shoulder, no solo contextualiza la historia en el 2009, sino que también critica la industria musical y su relación con la explotación. La escena del concierto, donde la banda sacrifica a Jennifer pensando que es virgen para conseguir fama, es una sátira directa a la cultura de la celebridad y los sacrificios (literales y metafóricos) que exige.

Lo que hace a Jennifer's Body vigente es su capacidad para hablar de experiencias femeninas universales a través del lenguaje del terror. La ansiedad adolescente, la presión por encajar, la sexualidad como arma y como carga, y la complejidad de las amistades en la juventud son temas atemporales. Su estética, aunque anclada en los 2000s, tiene un encanto retro que funciona perfectamente en la era del revival y2k.

El legado de la película se ha fortalecido con el movimiento #MeToo y la creciente demanda de narrativas feministas en el cine mainstream. Ahora se estudia en universidades y es celebrada en festivales de culto. Karyn Kusama, que tuvo dificultades para dirigir después de este fracaso comercial, ha visto cómo su obra se convirtió en referente de cine de terror feminista.

Para el público de Disney+, esta es la oportunidad de ver la película con ojos frescos. Sin la carga de las expectativas falsas del marketing original, se puede apreciar la inteligencia de su guion, la solidez de su dirección y la valentía de su mensaje. Es una lección sobre cómo el contexto cultural puede enterrar una obra, pero también sobre cómo la calidad y la honestidad artística acaban imponiéndose.

Jennifer's Body no es solo una película de terror; es un manifiesto disfrazado de entretenimiento adolescente. Su reivindicación demuestra que el cine necesita voces diversas tanto en la creación como en la crítica. Gracias a plataformas de streaming como Disney+, estas voces encuentran su audiencia, y obras injustamente olvidadas obtienen la segunda oportunidad que merecían desde el principio.

Referencias

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