La primavera de 2026 traerá consigo la tradicional modificación horaria que cada año genera interrogantes entre la población. Aunque llevamos más de un siglo adaptando nuestros relojes, muchas personas siguen sin recordar con certeza si deben adelantar o retrasar la aguja cuando llega el momento. Este año, la transición al horario de verano tendrá lugar durante la madrugada del último domingo de marzo, una fecha marcada en el calendario oficial que regula esta práctica en nuestro país.
El próximo cambio de hora en España se realizará el domingo 29 de marzo de 2026. Concretamente, en la madrugada del sábado 28 al domingo 29, a las 2:00 de la mañana, los relojes deberán adelantarse hasta las 3:00. Este ajuste significa que ese día contará oficialmente con 23 horas, perdiendo 60 minutos en su duración.
Para los residentes en las Islas Canarias, el proceso será idéntico, pero con una hora menos: el cambio se producirá a las 1:00, que pasarán a ser las 2:00. Esta diferencia horaria se mantiene constante durante todo el año, ya que el archipiélago canario siempre está una hora por detrás de la península.
La práctica de modificar la hora dos veces al año no es arbitraria, sino que se rige por una normativa europea incorporada al ordenamiento jurídico español. Desde 2022 existe un calendario oficial que establece con precisión las fechas de inicio y fin del horario de verano hasta 2026, adaptando la directiva comunitaria sobre esta materia.
Según publica el Boletín Oficial del Estado (BOE), el período estival comienza siempre el último domingo de marzo y concluye el último domingo de octubre. Por tanto, después del 29 de marzo, el próximo ajuste será el 25 de octubre de 2026, cuando volvamos al horario de invierno retrasando los relojes una hora.
Aunque muchos asocian el cambio de hora con medidas modernas, su origen se remonta a la Primera Guerra Mundial. En 1916, Alemania decidió retrasar sus relojes con el objetivo de ahorrar carbón, un recurso estratégico en aquel conflicto armado. La medida tuvo tal repercusión que numerosos países europeos, junto a Estados Unidos y Australia, la adoptaron rápidamente.
En España, la primera experiencia con el horario de verano data de 1918, aunque con interrupciones durante diferentes períodos históricos. Desde entonces, la práctica se ha mantenido con mayor o menor continuidad, adaptándose a las circunstancias sociales y energéticas de cada época.
El propósito fundamental de esta medida es ajustar nuestra jornada a las horas de luz solar. Durante los meses estivales, los días son más largos, por lo que adelantar el reloj permite aprovechar mejor la luz natural y reducir el consumo eléctrico en iluminación. Además, facilita la coordinación horaria entre los diferentes países europeos, especialmente relevante para el comercio, los transportes y las comunicaciones.
Sin embargo, esta justificación no convence a todos. Actualmente, menos del 40% de los países del mundo modifican su hora dos veces al año. Naciones como Rusia, Japón o la mayoría de los países africanos (con excepción de Egipto) han abandonado esta práctica, considerándola obsoleta o poco efectiva. Incluso dentro de la Unión Europea, ha existido debate sobre su eliminación, aunque de momento se mantiene.
Una de las ventajas de la era digital es que la mayoría de dispositivos electrónicos realizan el cambio automáticamente. Teléfonos móviles, tabletas, ordenadores, televisores inteligentes y otros aparatos conectados a internet se actualizan sin intervención del usuario. No obstante, conviene verificar que la configuración de zona horaria esté activada para evitar sorpresas.
Los relojes analógicos y electrodomésticos no conectados requerirán ajuste manual. Es recomendable realizar esta tarea antes de acostarse el sábado 28 para evitar confusiones al día siguiente.
Desde el punto de vista de la salud, el cambio de hora puede alterar ligeramente los ritmos circadianos. Aunque la transición al horario de verano suele ser mejor tolerada que la del invierno, algunas personas experimentan sueño irregular o menor concentración durante los primeros días. Mantener horarios de sueño regulares y exponerse a la luz natural por la mañana facilita la adaptación.
El efecto más inmediato será que amanecerá y anochecerá más tarde. Esta modificación, combinada con el natural alargamiento de los días que trae la primavera, incrementará significativamente las horas de luz diurna disponibles por la tarde.
Precisamente, la primavera de 2026 comenzará el viernes 20 de marzo. Desde esa fecha, los días se alargarán a un ritmo de aproximadamente tres minutos cada 24 horas: cada mañana amanecerá un minuto y medio antes, y cada tarde anochecerá un minuto y medio más tarde. Esta progresión, sumada al cambio de hora, hará que disfrutemos de tardes mucho más luminosas.
Para evitar olvidos, es útil recordar la regla mnemotécnica: "en marzo, adelanto". De esta forma, siempre quedará claro que el último domingo de marzo debemos adelantar los relojes, mientras que en octubre hacemos lo contrario.
El cambio de hora también supone una oportunidad para revisar otros dispositivos domésticos: alarmas de humo, detectores de monóxido, sistemas de seguridad o relojes de cocina que no se actualicen solos. Es un buen momento para realizar mantenimiento y asegurar que todo funciona correctamente.
Aunque el cambio de hora tiene sus defensores, cada vez son más las voces que cuestionan su utilidad actual. Los argumentos en contra señalan que los ahorros energéticos son mínimos en la sociedad moderna, donde la iluminación representa una fracción menor del consumo total. Además, los efectos sobre la salud y la productividad generan controversia.
Mientras tanto, España seguirá adelantando los relojes el último domingo de marzo. El cambio de hora de 2026 será el 29 de marzo, una cita ineludible con la que marcamos el inicio de la temporada de más luz, más actividades al aire libre y, oficialmente, del horario de verano.