Fernando Tejero revela el bullying sufrido en su infancia por su orientación sexual

El actor de 61 años confiesa que habría firmado ser heterosexual para escapar del acoso escolar que le causó tartamudeo y años de represión

Fernando Tejero, una de las figuras más reconocidas de la interpretación española, ha decidido abrir su corazón y compartir una de las etapas más dolorosas de su vida. Conocido por sus icónicos papeles en series como "Aquí no hay quien viva" y "La que se avecina", el actor de 61 años ha revelado en una entrevista reciente las profundas heridas que le causó el bullying durante su infancia, un tema que, lamentablemente, sigue siendo tabú para muchas personas en la actualidad.

La infancia de Tejero estuvo marcada por el sufrimiento constante debido a su orientación sexual y su forma de expresarse. Desde temprana edad, el actor mostraba características que la sociedad de su época consideraba "diferentes". "Por la pluma, me tiraban piedras, me llamaban mari***…", confesó el intérprete, recordando con crudeza los insultos y agresiones que debía soportar a diario. Su voz, naturalmente aguda, era uno de los principales blancos de burla. "Yo tenía más pluma que un pavo. La voz superaguda, voz de niña, prácticamente, muy fina. De hecho, la tengo así de forzarla, están las cuerdas vocales rozadas", explicó, evidenciando las secuelas físicas que aún arrastra de aquellos años.

Las consecuencias de este acoso no se limitaron al dolor emocional. Tejero desarrolló un tartamudeo que preocupó enormemente a su familia. "Me quedaba atascado", admitió, describiendo cómo la represión de su identidad afectaba directamente su capacidad de comunicación. Sus padres, al ver la gravedad del problema, decidieron llevarlo a un logopeda en busca de una solución. Sin embargo, el diagnóstico del especialista fue contundente: "No era una cosa que él pudiera tratar, que era una cosa emocional. 'El niño no se puede expresar como es', dijo". Esta revelación puso de manifiesto que el tartamudeo no era un defecto del habla, sino el síntoma de una represión emocional mucho más profunda.

El actor explicó que se vio obligado a eliminar su "pluma" a base de reprimir sus formas de expresión y sus amaneramientos, librando una batalla interna constante contra sí mismo. "Está saliendo algo que no soy yo", reflexionó, consciente de que cada palabra que pronunciaba era una traición a su verdadera identidad. Esta lucha interna dejó cicatrices imborrables en su psique, demostrando cómo el bullying puede tener consecuencias duraderas en el desarrollo personal de una persona.

Cuando Tejero decidió mudarse a Madrid con 27 años para perseguir su sueño de estudiar Arte Dramático, la represión alcanzó su punto más álgido. En la capital, lejos de su entorno familiar, continuó ocultando su verdadera identidad. "No era yo, no era quien yo quería ser. Llegué para estudiar Arte Dramático y decía que era heterosexual", reconoció con honestidad. Durante años, mantuvo esta farsa, convencido de que era la única forma de sobrevivir en un mundo que no aceptaba la diversidad. "Eso, durante tantos años, pasa factura y tiene consecuencias. Es duro estar tanto tiempo fingiendo ser quien no eres", añadió, subrayando el tremendo costo emocional de vivir en el closet.

El punto de inflexión llegó durante su formación en la Escuela de Arte Dramático. Fue allí donde recibió la enseñanza que cambiaría su vida: cada persona debe ser auténtica y aceptarse tal como es. Este mensaje de aceptación y valentía le dio la fuerza necesaria para dejar de ocultarse y declarar abiertamente su orientación sexual. Desde entonces, Tejero ha vivido con la libertad que le fue negada durante décadas, aunque las heridas del pasado siguen presentes.

La infancia del actor también estuvo marcada por un episodio particularmente doloroso. Su madre, posiblemente desbordada por la situación, lo llevó a casa de sus tíos para que cuidaran de él unas semanas. Sin embargo, aquel periodo temporal se convirtió en "14 años", un desgarrador testimonio de la dificultad que enfrentaba su familia para aceptar y proteger a un hijo que no encajaba en los estándares sociales de la época.

La frase más impactante de la entrevista revela la profundidad de su sufrimiento: "En aquella época, si me llegan a poner delante un documento que al firmarlo me convierta en hetero, yo lo firmo". Estas palabras reflejan la desesperación de un niño que habría renunciado a su propia identidad solo por escapar del dolor y la exclusión. Es un poderoso recordatorio de las consecuencias devastadoras que puede tener el bullying y la discriminación en la salud mental de los jóvenes.

La historia de Fernando Tejero no es solo un relato personal, sino un llamado a la reflexión colectiva. A pesar de los avances en derechos LGBTQ+, el acoso escolar por orientación sexual o identidad de género sigue siendo una realidad para muchos jóvenes. Su testimonio destaca la importancia de crear entornos seguros y de apoyo donde cada persona pueda expresarse libremente sin miedo al rechazo o la violencia.

El actor ha demostrado que es posible superar el trauma y construir una vida auténtica y exitosa, pero también advierte sobre las cicatrices permanentes que deja el sufrimiento infantil. Su voz, que una vez fue su mayor vergüenza, se ha convertido en un instrumento de denuncia y esperanza para quienes aún viven en la sombra del miedo.

En un mundo donde la diversidad debería ser celebrada, el relato de Tejero nos recuerda que aún queda mucho camino por recorrer. La aceptación empieza en casa, en las escuelas y en cada uno de nosotros. Solo a través de la educación en diversidad y la tolerancia cero contra el acoso podremos evitar que más jóvenes sufran lo que él tuvo que soportar.

El testimonio de Fernando Tejero es una lección de resiliencia y valentía. Su historia nos invita a reflexionar sobre la importancia de ser fieles a nosotros mismos, sin importar el precio que haya que pagar. Aunque las heridas del pasado no desaparecen, es posible transformar el dolor en fuerza y convertirse en un faro de esperanza para otros.

Referencias