El estreno de Eyes Wide Shut en 1999 marcó el punto final a la carrera de uno de los cineastas más influyentes del siglo XX. La película póstuma de Stanley Kubrick no solo representó su despedida cinematográfica, sino que también desató una ola de especulaciones que persisten hasta nuestros días. Este thriller erótico, protagonizado por Tom Cruise y Nicole Kidman, teje una trama donde la realidad y los deseos más oscuros se entrelazan en un mosaico de misterio y simbolismo.
La historia se centra en el descubrimiento por parte del protagonista de una red de élite que organiza ceremonias secretas y orgías enmascaradas. Esta representación de los excesos de la clase pudiente no tardó en alimentar todo tipo de interpretaciones. Curiosamente, la película ha sido revisitada en el contexto de escándalos reales, especialmente tras la exposición pública de la red de tráfico de Jeffrey Epstein, el financiero neoyorquino cuyas conexiones con las élites globales sacudieron la opinión pública.
El origen de estas especulaciones encuentra un precedente histórico en una extravagante celebración de 1972. Los miembros de la rama francesa de la familia Rothschild organizaron una fiesta surrealista en el Château de Ferrières, al este de París. Este castillo neorrenacentista, diseñado siguiendo los cánones de las grandes fincas campestres del siglo XIX, sirvió como escenario para un evento que reunió a más de doscientos invitados en una atmósfera de decadencia premonitoria, justo antes de la crisis energética que sacudiría al mundo al año siguiente.
El autor Mike Rothschild, en su obra Jewish Space Lasers: The Rothschilds and 200 Years of Conspiracy Theories, documenta minuciosamente la estética de esta celebración. El mismísimo Salvador Dalí fue el encargado del diseño artístico del evento, incorporando elementos provocadores como maniquís de mujeres desnudas y figuras de bebés de madera. Entre los asistentes brillaban estrellas de la época como Brigitte Bardot, Audrey Hepburn e Yves Saint-Laurent, quienes recibieron invitaciones escritas al revés, sumando un capítulo más a la década de los setenta, prolífica en teorías sobre grupos secretos.
Tras el fallecimiento de Kubrick en marzo de 1999, esta festividad resurgió del olvido colectivo para alimentar las teorías sobre Eyes Wide Shut. Los foros de internet comenzaron a especular con la posibilidad de que el estudio hubiera censurado escenas cruciales de la película. Algunos llegaron a sugerir que la muerte del director, ocurrida apenas días después de entregar su corte final, no había sido natural. Estas hipótesis, aunque carecen de fundamento científico, encontraron terreno fértil en comunidades conspirativas que veían en la obra de Kubrick una denuncia encubierta de redes de poder.
El guionista Frederic Raphael, colaborador directo de Kubrick en el desarrollo del guion, ofrece en sus memorias una perspectiva reveladora sobre el proceso creativo. En su libro Aquí Kubrick, Raphael describe cómo el director se inspiró en documentos que él mismo fabricó. El guionista envió por fax un supuesto informe clasificado del FBI que detallaba la existencia de una sociedad secreta de élite. El documento, redactado con tal precisión y verosimilitud, generó en Kubrick una mezcla de admiración y paranoia.
El texto ficticio describía cómo un grupo de seguidores de Kennedy había evolucionado hasta convertirse en una organización cerrada de poderosos. Según este invento, el reclutamiento de mujeres "libres" resultaba sencillo para esta camarilla, que satisfacía sus deseos más oscuros bajo un velo de sofisticación. La habilidad de Raphael para crear un documento tan convincente impactó profundamente a Kubrick, quien integró estos elementos en la trama final.
El resultado fue una de las secuencias más memorables del cine moderno: la escena de la orgía en la mansión. Filmada como un ballet teatral, con máscaras venecianas y una banda sonora de cánticos religiosos hindúes (shlokas), esta secuencia generó controversia incluso antes del estreno. Las comunidades indias protestaron por el uso de sus textos sagrados en un contexto erótico, mientras que los críticos debatían el significado de cada símbolo visual.
La ambigüedad deliberada de Kubrick convirtió cada fotograma en un campo de minas interpretativas. Los teóricos de la conspiración encontraron conexiones con todo tipo de redes de poder. La película se convirtió en una especie de rosetta stone para quienes buscaban pruebas de cultos secretos en la vida real. La estética de la ceremonia secreta, los disfraces, el lenguaje visual cifrado: todo parecía confirmar las peores sospechas sobre las élites globales.
Esta interpretación ganó nueva fuerza con el caso Epstein. Las descripciones de las fiestas del financiero en su isla privada, la lista de invitados prominentes y las acusaciones de tráfico de menores crearon un paralelismo inquietante con la ficción de Kubrick. Las redes sociales explotaron con comparaciones entre la escena de la orgía de Eyes Wide Shut y las imputaciones contra Epstein. Aunque la película se estrenó dos décadas antes de que el escándalo estallara públicamente, los teóricos vieron en ella una profecía o, incluso, una advertencia que costó la vida de su creador.
Las teorías evolucionaron hasta incorporarse a movimientos más amplios. El Pizzagate de 2016, que acusaba falsamente a una pizzería de Washington D.C. de albergar una red pedófila, y el movimiento QAnon, que propagó la idea de un "Estado profundo" de élite satánica, encontraron en la película de Kubrick un supuesto precedente artístico. Los seguidores de estas teorías utilizaban capturas de pantalla de Eyes Wide Shut como "evidencia visual" de sus afirmaciones, cerrando el círculo entre ficción y realidad.
Es crucial destacar que estas interpretaciones carecen de sustento factual. Kubrick, conocido por su perfeccionismo y su obsesión por el control creativo, exploraba temas universales: el deseo, la celosía, la corrupción del poder y la fragilidad de las convenciones sociales. La película funciona como un sueño cinematográfico, donde las imágenes no deben tomarse al pie de la letra sino como metáforas de la psique humana.
La muerte del director, a los 70 años, fue atribuida a un paro cardíaco. Los rumores de asesinato surgieron de la coincidencia temporal con la entrega de la película, pero no existen pruebas que respalden esta hipótesis. De hecho, Kubrick había completado su versión final, y las modificaciones posteriores fueron mínimas y aprobadas por su familia.
El legado de Eyes Wide Shut reside en su capacidad para generar debate. Más allá de las conspiraciones, la película representa un estudio sobre la naturaleza humana y los límites de la moralidad. Su fotografía, su banda sonora y las actuaciones de Cruise y Kidman crean una atmósfera única que continúa fascinando a críticos y espectadores.
En última instancia, la conexión entre la obra de Kubrick y casos como el de Epstein habla más sobre nuestra época que sobre la película misma. Refleja una desconfianza creciente hacia las instituciones y las élites, una necesidad de narrativas que expliquen la complejidad del poder en el mundo moderno. La ficción, en este caso, sirve como espejo de los miedos colectivos, convirtiendo una obra de arte en un campo de batalla ideológico.
La película sigue siendo un testimonio del genio de Kubrick: su habilidad para crear mundos que trascienden la pantalla y se instalan en la conciencia cultural. Mientras las teorías conspirativas continúen floreciendo, Eyes Wide Shut seguirá siendo citada, analizada y reinterpretada, demostrando que el verdadero poder del cine radica en su capacidad para interrogar la realidad, incluso cuando esa interrogación nos lleva a territorios incómodos.