La trayectoria profesional de Pepe Barroso demuestra que los sueños pueden transformarse en oportunidades inesperadas. Lo que comenzó como una prometedora carrera en el mundo del fútbol profesional dio un giro radical que lo llevó a convertirse en uno de los rostros más reconocibles del audiovisual español. Su participación en producciones de renombre como Alta mar y Patria consolidó su reputación, pero ahora afronta un nuevo reto con Love Me, Love Me, la reciente apuesta romántica adolescente disponible en Prime Video.
La película, basada en la popular saga literaria de Stefania S., busca cautivar a los millones de seguidores que ya se engancharon a la historia en formato libro. En un mercado saturado de adaptaciones literarias, Barroso destaca las particularidades de este proyecto: "Puede que sea similar a otras por el triángulo amoroso, pero es una maravilla cómo se han trasladado los sucesos y personajes del libro a la película". El actor enfatiza el trabajo del director Roger Kumble y la química genuina que se generó entre el elenco durante el rodaje.
En la ficción, Barroso da vida a James, el clásico personaje de 'malote' que esconde capas de complejidad emocional. Aunque reconoce diferencias con su personalidad adolescente, el actor sí se identifica con la faceta deportiva y competitiva del personaje. "Me hizo ilusión ser ese 'malote', ese personaje más conflictivo, interior y exteriormente, que me supuso prestar más atención y cuidado", confiesa. La preparación para este rol demandó un trabajo introspectivo para capturar la esencia que los lectores esperaban ver plasmada en la pantalla.
El vínculo entre el deporte y la interpretación no es casual en la vida de Barroso. Durante años, el fútbol fue su única pasión y objetivo profesional. Sin embargo, una situación inesperada durante su etapa universitaria en Estados Unidos le abrió las puertas del mundo del espectáculo. "Caí de rebote en la interpretación. Decidí tomar otra vía y acabó saliendo más o menos bien", resume con modestia el actor sobre ese momento decisivo.
A pesar de haber dejado atrás la carrera deportiva, el futbolista que llevaba dentro sigue presente. Barroso admite que arrastra "conflictos internos" sobre esa etapa, especialmente por los sacrificios realizados desde niño. "Soy una persona muy trabajadora y siempre doy el 200 % en lo que hago. No hay arrepentimientos, pero quizá me hubiese gustado probar en España, no haberme ido del Atlético de Madrid tan pronto estando en el punto en el que estaba", reflexiona. La experiencia en una universidad estadounidense con beca deportiva, aunque no terminó como planeó, le proporcionó herramientas invaluables para su nueva vocación.
Los valores del deporte se han convertido en el pilar de su filosofía profesional. Barroso enumera las enseñanzas que traslada a su trabajo como actor: "Aprender a sacrificar ciertas cosas por un bien mayor, el trabajar en equipo, la constancia y la intención". Estos principios, que dominaría en las canchas, ahora los aplica en los platós de rodaje, donde la colaboración y la disciplina son igualmente fundamentales para el éxito colectivo.
La evolución de Barroso en la industria audiovisual ha sido metódica y consciente. Su regreso a España marcó el inicio de una carrera construida desde la base, sin atajos. "Volví a España con una mano delante y otra detrás, pero con las cosas claras de querer dedicarme a esto y que viniese lo que tuviera que venir", recuerda. En lugar de frustrarse por los inicios modestos, el actor valora esa etapa como "muy educativa, de aprendizaje". Cada proyecto, por pequeño que parezca, fue una pieza en el rompecabezas de su desarrollo artístico.
La gratitud es una constante en su discurso. Barroso guarda especial aprecio por los compañeros que le acompañaron en sus primeros pasos, reconociendo que cada colaboración le dejó una enseñanza. "Estoy muy agradecido a las experiencias que se me presentaron y las llevaré siempre en el recuerdo y también los actores con los que he podido coincidir, que fueron mis primeros compañeros", asegura.
Con Love Me, Love Me, Pepe Barroso no solo busca conquistar al público juvenil, sino también demostrar su versatilidad interpretativa. La película se suma a un momento dulce de su carrera, donde puede alternar entre géneros y formatos con naturalidad. Su historia personal sirve de inspiración para quienes enfrentan transiciones profesionales: el éxito no siempre llega por la puerta que imaginamos, pero la preparación y el trabajo duro abren ventanas inesperadas.
El actor español representa una nueva generación de intérpretes que no siguen caminos lineales, sino que se atreven a reinventarse. De las canchas de fútbol a los sets de rodaje, Barroso ha demostrado que los sueños no se abandonan, simplemente se adaptan. Su legado en el deporte, aunque no sea el que soñó de niño, permanece vivo en cada personaje que construye con la misma dedicación que puso a cada entrenamiento.