Jesús Bonilla, el actor que dio vida al entrañable Diego en la mítica serie Los Serrano, ha decidido romper su silencio después de años alejado de los reflectores. En una reveladora entrevista concedida al programa El tiempo justo de Telecinco, el intérprete ha desgranado los detalles de una vida marcada por el éxito fulgurante, las decisiones financieras arriesgadas y una madurez que le ha llevado a valorar la tranquilidad por encima de la fama.
La trayectoria profesional de Bonilla experimentó un antes y un después con su incorporación a la familia Serrano-López. La ficción, que se convirtió en uno de los fenómenos televisivos más importantes de la historia reciente de España, no solo le otorgó reconocimiento popular, sino también unos ingresos que superaron con creces sus expectativas más ambiciosas. Según sus propias palabras, llegó a ganar lo inimaginable, una cifra que le permitió acceder a un nivel de vida del que nunca antes había disfrutado.
El actor no ha dudado en reconocer que los beneficios económicos obtenidos durante los años de máximo esplendor de la serie fueron cuantiosos. Trabajar junto a figuras consolidadas como Antonio Resines y Belén Rueda le reportó ingresos que jamás habría podido imaginar en ningún otro proyecto profesional. Sin embargo, Bonilla ha sido honesto al admitir que su relación con el dinero fue todo menos conservadora. Con una sinceridad que sorprendió al presentador Joaquín Prat y a los colaboradores del programa, confesó: «He gastado muchísimo, no me he privado de nada».
La lista de lujos y caprichos a los que se permitió acceder es extensa. Desde vehículos de alta gama estrenados hasta propiedades inmobiliarias, pasando por experiencias que muchos solo pueden soñar. «Todo ha sido a lo bestia», reconoció sin pudor, mostrando una actitud despreocupada hacia el ahorro a largo plazo. Esta forma de entender la riqueza, centrada en el disfrute inmediato, le diferencia de otros compañeros de profesión que prefieren mantener una carrera constante. Bonilla citó precisamente a Antonio Resines para ilustrar esta diferencia de mentalidades: «A él le gusta, le encanta, es como una droga», refiriéndose al gusto de su excompañero por seguir activo en la industria.
La vida, sin embargo, le tenía reservada una dura lección económica. Durante el período de bonanza, el actor decidió invertir una parte sustancial de su capital en productos financieros del banco estadounidense Lehman Brothers. Cuando la entidad quebró en 2008, desencadenando una crisis global, Bonilla vio cómo 400.000 euros desaparecían de su patrimonio en cuestión de horas. El intérprete reconoce que lo pasó «muy mal en aquel momento», sumido en la incertidumbre y la preocupación por un futuro que de pronto se volvía incierto.
A pesar del golpe, la historia tiene un final relativamente feliz. Tras una década de batallas legales y gestiones con un abogado especializado, Bonilla logró recuperar íntegramente el dinero perdido. Este desenlace le permite ahora rememorar aquella experiencia con calma y tranquilidad, con la perspectiva que da el tiempo y la resolución favorable. «Arruinado no estoy para nada», ha enfatizado tajantemente, desmintiendo cualquier rumor sobre problemas económicos graves.
La situación financiera actual del actor es, según él mismo describe, cómoda y sin grandes preocupaciones. Vive de sus ahorros y de la pensión que le corresponde tras años de cotización, un modelo de vida que le resulta más que suficiente para mantener el nivel de vida que desea. «No me puedo quejar», asegura con la serenidad de quien ha encontrado el equilibrio entre necesidades y recursos.
La salud es otro de los pilares sobre los que se sustenta su nueva etapa vital. Bonilla ha compartido abiertamente que requiere medicación para la hipertensión y otros padecimientos propios de la edad, pero lo asume con naturalidad. «Cosas normales», los ha calificado, mostrando una actitud pragmática hacia el envejecimiento. Lo que realmente le importa en estos momentos es vivir y disfrutar de la vida, algo que durante sus años de mayor actividad profesional no podía hacer con la intensidad que deseaba.
El actor se ha declarado «divinamente retirado» y «felizmente retirado», dos calificativos que resumen perfectamente su estado de ánimo actual. La decisión de abandonar el mundo del espectáculo no es temporal ni circunstancial, sino una elección meditada y definitiva. «Yo ya he trabajado lo que tenía que trabajar. No quiero saber nada», ha manifestado con rotundidad, dejando claro que no echa de menos los platós ni los rodajes.
Esta firmeza en su postura se hace especialmente evidente cuando se aborda la posibilidad de un reencuentro de Los Serrano, algo que los fans han demandado durante años. Ante la pregunta de Joaquín Prat, quien no ocultó su admiración por la serie, Bonilla fue categórico: «No, no participaría en ningún reencuentro ni en nada, ya te digo». La respuesta, sin ambages, cierra cualquier puerta a un posible regreso del personaje que le hizo popular en millones de hogares.
La relación del actor con la fama ha sido siempre compleja y, en cierto modo, contradictoria. Aunque su profesión le llevó a buscar el reconocimiento público, Bonilla reconoce que «nunca me ha gustado ser famoso». Este sentimiento, unido a la experiencia de haber vivido en primera persona los excesos y presiones del estrellato, le ha llevado a valorar la anonimidad como un bien preciado. «Eso ya terminó», sentencia con la contundencia de quien ha cerrado un capítulo sin intención de reabrirlo.
La entrevista ha servido para dibujar el retrato de un hombre que ha vivido intensamente cada etapa de su existencia. Desde la euforia del éxito y el disfrute desenfrenado de sus beneficios, hasta la madurez de quien prefiere la paz a la gloria efímera. Su historia es un recordatorio de que las decisiones financieras pueden tener consecuencias duraderas, pero también de que es posible recuperarse y encontrar la felicidad en la sencillez.
Bonilla representa una generación de actores que vivió la transición entre la televisión tradicional y la era digital, que experimentó los beneficios de un éxito masivo antes de que las plataformas streaming transformaran el panorama. Su experiencia con Lehman Brothers, por otro lado, ilustra cómo incluso quienes parecen disfrutar de estabilidad económica pueden verse afectados por crisis globales.
El legado de Diego Serrano permanece vivo en la memoria colectiva, pero su intérprete ha decidido que su lugar ya no está frente a las cámaras. Prefiere los viajes, las salidas con amigos y la tranquilidad de una vida sin agendas ni compromisos profesionales. «He cumplido la misión de dejarme la piel en cada uno de los papeles que he hecho y ya está», concluye, dando por cerrada una carrera que le dio todo lo que buscó y más.
En definitiva, Jesús Bonilla ha elegido el camino menos transitado para un actor de su éxito: la retirada voluntaria y definitiva. Mientras otros compañeros continúan activos, él disfruta de sus ahorros, su pensión y su salud, lejos del bullicio mediático. Su historia es una lección sobre la importancia de saber cuándo decir basta, de gestionar el dinero con prudencia y, sobre todo, de encontrar la felicidad en las pequeñas cosas que la vida cotidiana ofrece.