Constelaciones: el multiverso del amor en el Valle-Inclán

Sergio Peris-Mencheta transforma la obra de Nick Payne en una experiencia teatral única donde el público decide el destino de los personajes

La física cuántica nos enseña que el mero acto de observar altera la realidad. Antes de que una mirada se pos sobre algo, todo existe en un estado de posibilidad pura, indeterminado. Es precisamente esta premisa la que Sergio Peris-Mencheta explota magistralmente en su versión de Constelaciones, el aclamado texto del dramaturgo británico Nick Payne que ha desembarcado en el Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional.

Hasta el 29 de marzo, los espectadores pueden sumergirse en una propuesta escénica que desafía las convenciones tradicionales del teatro. La obra parte de la teoría del multiverso para construir un universo dramático donde cada representación se convierte en un evento irrepetible, moldeado por decisiones aleatorias y la intervención activa del público.

La innovación más llamativa de esta producción radica en su naturaleza interactiva. Al inicio de cada función, un maestro de ceremonias —el músico Litus Ruiz— invita a los asistentes a participar en un ritual de elección que determinará el desarrollo de la historia. Mediante un sorteo, el público selecciona a dos intérpretes de entre un elenco de seis actores: Paula Muñoz, María Pascual y Clara Serrano por un lado, y Jordi Coll, Diego Monzón y David Pérez-Bayona por el otro.

Pero la intervención no termina ahí. Los espectadores también tienen voz y voto para establecer el punto de partida narrativo: ¿un cumpleaños? ¿un baby shower? ¿una fiesta casual? Esta decisión inicial, aparentemente trivial, genera ramificaciones que se extienden como ondas en el agua a lo largo de toda la representación, creando un tejido de posibilidades infinitas donde cada detalle cobra relevancia.

Durante el estreno, el azar quiso que María Pascual y Jordi Coll encarnaran a la pareja protagonista, cuyo primer encuentro tenía lugar en una celebración de cumpleaños. Así nacía una relación entre una física cuántica y un apicultor, dos mundos aparentemente opuestos que chocan y se fusionan en múltiples dimensiones paralelas.

La estructura dramática de Constelaciones se articula a través de la repetición y variación. Una misma situación se reproduce una y otra vez, pero con matices que alteran radicalmente su desenlace. En un universo, él la rechaza por estar comprometido; en otro, ella no siente atracción; en un tercero, el malentendido los separa antes de comenzar. Cada escena es un universo posible que existe simultáneamente, desafiando la linealidad temporal y la causalidad clásica.

Este mecanismo escénico permite explorar cómo las pequeñas decisiones —una palabra no dicha, una mirada esquivada, un gesto de apertura— pueden reconfigurar destinos enteros. Peris-Mencheta, sin embargo, parece más interesado en los caminos no tomados y en los desencuentros que en las uniones felices. La obra muestra con mayor frecuencia las versiones donde la comunicación falla, donde el amor no florece, donde la distancia entre dos seres se hace insalvable.

La puesta en escena refuerza esta sensación de movimiento perpetuo mediante una escenografía circular diseñada por Javier Ruiz de Alegría. La plataforma giratoria donde actúan los intérpretes se convierte en metáfora visual del cosmos en expansión, de los ciclos vitales que no se detienen, de la imposibilidad de volver al mismo punto exacto. Los actores caminan sobre un escenario que nunca permanece quieto, obligándoles a adaptarse constantemente y transmitiendo al público una sensación de inestabilidad cósmica.

La música en vivo, también compuesta e interpretada por Litus Ruiz y su banda, actúa como tejido sonoro que une los diferentes universos. Los temas musicales reaparecen con variaciones, creando un leitmotiv que ayuda al espectador a navegar por la complejidad narrativa. El resultado es una experiencia sensorial completa donde el sonido, el movimiento y el texto dialogan en perfecta sincronía.

Desde una perspectiva interpretativa, el desafío para los actores es monumental. Deben dominar no solo las múltiples versiones de su personaje, sino también estar preparados para saltar de un universo a otro en cuestión de segundos. La versatilidad del elenco se pone a prueba en cada función, ya que nunca saben qué combinación de intérpretes ni qué punto de partida tendrán que abordar. Esta incertidumbre genera una vibrante tensión escénica que se transmite directamente a la butaca.

La obra invita a reflexionar sobre la naturaleza de las relaciones humanas en un contexto donde la certeza desaparece. ¿Qué significa elegir a alguien cuando existen infinitas versiones de esa misma elección? ¿Es el amor una decisión consciente o el resultado de una serie de coincidencias imposibles de repetir? Peris-Mencheta no ofrece respuestas fáciles, sino que plantea preguntas que resuenan más allá del teatro.

La propuesta resulta particularmente relevante en nuestra época, donde la tecnología y la ciencia han popularizado conceptos como el multiverso en el imaginario colectivo. Sin embargo, alejada de la ficción superficial, Constelaciones profundiza en las implicaciones emocionales y filosóficas de estas teorías, humanizando la física cuántica a través del lenguaje universal del amor y la pérdida.

La experiencia teatral se convierte así en un laboratorio de emociones donde cada espectador es simultáneamente testigo y co-creador. Al salir del Valle-Inclán, uno no puede evitar preguntarse cuántas vidas paralelas están ocurriendo en ese mismo instante, cuántas versiones de nosotros mismos están tomando decisiones diferentes en universos que nunca conoceremos.

En definitiva, Constelaciones representa un hito en la innovación escénica nacional, una obra que rompe la cuarta pared no solo metafóricamente, sino literalmente, involucrando al público en la arquitectura misma del relato. Es teatro que piensa, que cuestiona, que se atreve a complejizar la experiencia emocional sin perder accesibilidad. Una propuesta imperdible para quienes buscan en el escenario algo más que mero entretenimiento: una reflexión profunda sobre el azar, el destino y las infinitas posibilidades que habitan en cada instante de nuestras vidas.

Referencias