El próximo 6 de febrero, Netflix estrenará una de las producciones españolas más impactantes de los últimos meses. Bajo el título Salvadores, esta ficción creada por Aitor Gabilondo, responsable de la aclamada Patria, y dirigida por Daniel Calparsoro, promete sumergir al espectador en una trama oscura y desafiante. La historia gira en torno a un padre desesperado que intenta comprender a su hija, integrante de una organización neonazi, explorando las fracturas sociales y personales que este extremismo genera.
Para profundizar en los matices de esta producción, hemos conversado con Leonor Watling, una de las actrices más versátiles y respetadas del panorama nacional. Con una trayectoria que abarca desde el cine de Almodóvar hasta series de referencia como La vida breve o La templanza, Watling se ha consolidado como un referente interpretativo capaz de dar vida a personajes complejos y alejados de su propia personalidad. En esta ocasión, asume el papel de Carla, una veterana militante neonazi que representa probablemente el desafío más grande de su carrera.
El reencuentro con Luis Tosar constituye otro de los atractivos de la serie. Ambos intérpretes, que ya compartieron créditos en Inconscientes hace dos décadas, vuelven a coincidir en un proyecto que exige una entrega total. Watling describe la experiencia como «cómoda y natural», destacando la generosidad de su compañero: «Trabajar con Tosar es siempre un regalo. Su tranquilidad y profesionalidad crean un ambiente donde el tiempo parece no haber transcurrido. Aunque los personajes sean radicalmente diferentes a los de nuestra anterior colaboración, la química sigue intacta».
Sin embargo, el verdadero núcleo de nuestra conversación radica en el proceso de dar vida a Carla. Watling no duda en calificar este personaje como el más distante de su propia esencia que ha interpretado nunca. «Cuando Aitor Gabilondo me ofreció el papel, mi primera reacción fue de gratitud absoluta», confiesa. «Los actores anhelamos justamente esto: roles que nos desafíen, que nos saquen de nuestra zona de confort y nos obliguen a explorar territorios desconocidos».
La preparación para encarnar a una ideóloga de extrema derecha requirió un proceso de inmersión delicado y exigente. La actriz tuvo que confrontar diálogos cargados de odio y prejuicios, una tarea que describe como «moralmente agotadora pero artísticamente necesaria». «No puedo acercarme a Carla juzgándola como villana», explica. «Mi trabajo consiste en entender sus mecanismos, sus heridas, sus justificaciones internas, por más reprobables que sean. Si condeno al personaje desde el inicio, la interpretación se vuelve un cartón y pierde toda verosimilitud».
Esta perspectiva metodológica resulta esencial en una serie que, según Watling, busca desestabilizar al espectador. El primer episodio, particularmente intenso, funciona como una declaración de intenciones: «Quieren que el público sepa desde el principio en qué territorio se adentra. No hay edulcorantes. La violencia ideológica y física se muestra con crudeza para que nadie tenga dudas sobre la naturaleza de la historia».
La actriz subraya que Salvadores no pretende ser un manual sobre el extremismo, sino un espejo donde la sociedad pueda reconocer sus propias contradicciones. «La serie habla de nosotros, de cómo hemos llegado a este punto donde la deshumanización del otro se ha normalizado en ciertos círculos. Es un thriller, sí, pero también es un análisis de nuestra capacidad para justificar lo injustificable cuando nos sentimos amenazados».
Durante la conversación, Watling expande su reflexión más allá de la ficción, abordando la situación generacional que atraviesa la sociedad española y europea. «Mi generación creció con la certeza de que el mañana sería mejor que el hoy. Teníamos la convicción de que el progreso era lineal, que cada año traería más derechos, más prosperidad, más estabilidad. Esa narrativa nos acompañó durante décadas», recuerda con una mezcla de nostalgia y lucidez.
La crisis económica de 2008 marcó un punto de inflexión irreversible. «De pronto, las certezas se desvanecieron. El futuro dejó de ser una promesa para convertirse en una amenaza. Y eso genera miedo, y el miedo es el caldo de cultivo perfecto para las ideologías extremas», analiza. La actriz vincula directamente este contexto con el auge de movimientos que prometen soluciones simples a problemas complejos: «Cuando la gente siente que todo puede romperse, busca agarrarse a algo que parezca sólido, aunque ese algo sea destructivo».
Esta percepción de fragilidad colectiva, según Watling, define la época actual. «Vivimos con la sensación constante de que el sistema puede colapsar en cualquier momento. Las crisis se suceden —económica, sanitaria, climática— y con cada una se debilita la confianza en las instituciones y en el prójimo. Esa es la brecha que aprovechan los discursos de odio».
La actriz no elude su propia responsabilidad como creadora de contenido en este escenario. «El arte no existe en un vacío. Nuestras elecciones creativas tienen consecuencias. Cuando acepto un personaje como Carla, lo hago consciente de que estoy contribuyendo a un diálogo mayor sobre dónde estamos y hacia dónde vamos», afirma con contundencia.
Más allá de su trabajo en televisión, Watling continúa activa en otros ámbitos artísticos. Su carrera musical y su presencia en el cine independiente demuestran una vocación por explorar formatos y narrativas diversas. «Necesito el equilibrio entre lo comercial y lo personal. Las grandes plataformas me permiten llegar a audiencias masivas, pero los proyectos pequeños me mantienen conectada con la esencia de por qué me convertí en actriz».
La conversación concluye con una reflexión sobre el legado generacional. Watling, madre de dos hijos, expresa su preocupación por el mundo que les dejará: «No podemos mirar hacia otro lado cuando vemos brotar el extremismo. No se trata de política partidista, se trata de humanidad básica. Si no confrontamos estas ideas ahora, el precio que pagarán nuestros hijos será devastador».
Salvadores se presenta así como más que entretenimiento: es un llamado a la reflexión crítica, un ejercicio de empatía forzada y un recordatorio de lo frágil que resulta la convivencia democrática. Leonor Watling, a través de Carla, nos obliga a mirar sin pestañear hacia las zonas más oscuras de nuestra sociedad, con la esperanza de que reconocer el problema sea el primer paso para solucionarlo.
La serie, disponible en Netflix a partir del 6 de febrero, cuenta con un elenco completo que incluye a algunos de los rostros más reconocidos del cine y la televisión española. Su llegada a la plataforma global coincide con un momento de creciente preocupación por la radicalización juvenil y la normalización de discursos de extrema derecha en el debate público. Precisamente por eso, su impacto potencial trasciende lo puramente cinematográfico para convertirse en un artefacto cultural de su tiempo.
Para Watling, el éxito de la serie no se medirá solo en visualizaciones, sino en conversaciones generadas. «Si después de ver Salvadores alguien tiene una discusión profunda en su casa, si un padre habla con su hijo sobre lo que han visto, si una clase lo analiza en el instituto, entonces habremos cumplido nuestro propósito», concluye con la convicción de quien entiende que el verdadero poder del arte reside en su capacidad para transformar la mirada del espectador.