El mural dedicado a Iñaki y Nico Williams en el barrio de Lutxana, Barakaldo, ha sido objeto de un nuevo acto vandálico que ha generado controversia en la afición del Athletic Club. La pintura, que rinde homenaje a los dos futbolistas, apareció desfigurada con pintadas que cuestionan no solo su rendimiento deportivo, sino también su relación con el conocido streamer Ibai Llanos. Este incidente se suma a una serie de polémicas que han mantenido a los hermanos en el centro de la actualidad deportiva y social en Bilbao.
Los hechos ocurrieron después de que circulara por redes sociales una fotografía donde los dos jugadores aparecían grabando contenido junto a Ibai Llanos, una figura que, a pesar de su origen bilbaíno y su reconocimiento internacional, genera opiniones encontradas entre los seguidores del Athletic. La imagen, lejos de ser bien recibida por todos los sectores de la afición, desató la ira de un grupo de seguidores que consideran que la relación con el creador de contenidos resta seriedad a la institución rojiblanca.
Sobre los rostros de los futbolistas aparecieron dibujadas dos dianas, acompañadas de mensajes contundentes y directos. "Más tiempo haciendo el tonto que jugando al fútbol" y "Madridistas españoles fuera de Bilbao" fueron las lemas que se pudieron leer en la pared, junto a la inscripción "Iba + Athletic". Estas expresiones reflejan un malestar que va más allá del rendimiento deportivo, tocando aspectos identitarios y de lealtad que son sensibles para la hinchada del club vasco.
Este no es el primer episodio de vandalismo que sufre este mural. En junio del año pasado, la obra ya fue objeto de pintadas en medio de la intensa polémica generada por los rumores de una posible salida de Nico Williams hacia el FC Barcelona. En aquella ocasión, la incertidumbre sobre el futuro del joven extremo desató las pasiones de una afición que ve con recelo cualquier movimiento que pueda debilitar la plantilla o cuestionar la identidad del club. La restauración de la pintura en aquel momento fue interpretada como un intento de apaciguar los ánimos y devolver la normalidad a un símbolo barrial.
La figura de Ibai Llanos representa un fenómeno generacional que choca con los valores tradicionales de ciertos sectores de la afición athleticzale. Aunque el streamer mantiene una conexión emocional con Bilbao y ha llevado el nombre de la ciudad a millones de seguidores en todo el mundo, su estilo desenfadado y su proximidad a figuras del Real Madrid han generado suspicacias. Para algunos, su influencia sobre los jugadores del Athletic representa una distracción de sus obligaciones profesionales, mientras que para otros es un puente necesario entre el fútbol clásico y las nuevas generaciones de seguidores.
La situación deportiva de los hermanos Williams tampoco ayuda a calmar los ánimos. Ambos jugadores atraviesan un momento complicado en sus respectivas carreras. Iñaki Williams, referente de la plantilla y máximo goleador histórico del Athletic en Primera División, ha visto mermado su rendimiento por lesiones que le han mantenido alejado de su mejor nivel. Por su parte, Nico Williams, una de las grandes promesas del fútbol español, ha alternado actuaciones brillantes con irregularidades que generan debate entre los analistas y la afición.
Los problemas físicos de ambos futbolistas han coincidido con un periodo de resultados inestables para el equipo, lo que ha aumentado la presión sobre ellos. En un club como el Athletic, donde la conexión emocional con los jugadores es tan intensa, cualquier percibido desvío de atención o falta de compromiso es castigado con dureza por los seguidores más exigentes. La combinación de lesiones, polémicas extradeportivas y ahora su relación con Ibai Llanos ha creado un caldo de cultivo perfecto para la crítica.
Además de las cuestiones deportivas y las polémicas con el streamer, los hermanos Williams enfrentan un proceso judicial por presunta estafa en la compra de un coche de lujo. Este asunto, que se ha hecho público en las últimas semanas, añade una capa adicional de presión mediática sobre dos jugadores que ya están acostumbrados a vivir bajo el foco constante. La acusación, que niegan rotundamente, ha sido utilizada por algunos sectores para cuestionar su profesionalidad y su compromiso con los valores del club.
La respuesta institucional ante el vandalismo del mural fue rápida. Horas después de que aparecieran las pintadas, la obra fue restaurada a su estado original por iniciativas vecinales y de seguidores del Athletic que rechazan este tipo de acciones. Para muchos, el mural representa más que una simple pintura; es un símbolo de orgullo barrial y una celebración de dos futbolistas que, con sus virtudes y defectos, han puesto a Barakaldo y al Athletic en el mapa mundial del fútbol.
Este incidente pone de manifiesto la tensión existente entre las nuevas formas de comunicación y entretenimiento, representadas por figuras como Ibai Llanos, y la tradición futbolística más conservadora. El Athletic Club, con su política de cantera única y su fuerte arraigo territorial, es un terreno particularmente fértil para este tipo de conflictos. La identidad del club se construye sobre pilares inamovibles que, para algunos, se ven amenazados por la influencia de creadores de contenido y las nuevas dinámicas de visibilidad en redes sociales.
La polémica también refleja la dificultad de los futbolistas contemporáneos para gestionar su imagen pública en un entorno de hipervisibilidad. Cada acción, cada fotografía, cada colaboración es analizada y juzgada por una audiencia masiva que espera no solo excelencia deportiva, sino también una adhesión inquebrantable a los símbolos colectivos. Los hermanos Williams, como figuras prominentes del Athletic, soportan una presión doble: la de rendir en el campo y la de representar correctamente los valores de una afición apasionada y exigente.
La restauración del mural, sin embargo, envía un mensaje de esperanza y reconciliación. Demuestra que, a pesar de las diferencias y los momentos de tensión, existe una mayoría que valora el legado de los jugadores y rechaza las formas violentas de expresión. La comunidad de Barakaldo, especialmente, ha mostrado su apoyo a dos de sus hijos más ilustres, reconociendo que los errores deportivos o las polémicas mediáticas no deben ensombrecer su contribución al fútbol y al orgullo local.
Este episodio servirá como punto de inflexión para que jugadores, club y afición reflexionen sobre las nuevas realidades del fútbol moderno. La integración de las redes sociales, los creadores de contenido y las nuevas formas de comunicación es inevitable, pero debe hacerse de manera que se respeten las esencias y los símbolos que hacen grande a una institución centenaria como el Athletic Club. El desafío está en encontrar el equilibrio entre la modernidad y la tradición, entre la visibilidad global y la lealtad local.
Mientras tanto, Iñaki y Nico Williams continuarán con su trabajo en las instalaciones de Lezama, intentando recuperar su mejor forma física y deportiva. La pelota seguirá rodando en San Mamés y la afición, con sus luces y sus sombras, seguirá apoyando a su equipo con la misma pasión de siempre. El mural de Lutxana, ya restaurado, sigue allí, recordando a todos que en el fútbol, como en la vida, los símbolos necesitan cuidado y respeto para perdurar.