Análisis: Las claves de la dolorosa derrota del Barça en Atenas

El conjunto culé sucumbió ante el poderío físico de Olympiacos, con 20 pérdidas y un último cuarto para el olvido que certifica la crisis en Euroliga

La novena derrota del FC Barcelona en la presente temporada de Euroliga no solo representa un revés más en el casillero, sino que dejó una serie de sensaciones preocupantes que ponen de manifiesto las carencias actuales del equipo de Xavi Pascual. La derrota por 87-75 en la cancha del Olympiacos confirma una tendencia alarmante: el conjunto azulgrana compite contra rivales con plantillas mucho más amplias y físicamente superiores, mientras lidia con sus propias limitaciones de confección de roster.

El encuentro en el Pireo siguió un guion que, lejos de ser inesperado, ha resultado demasiado familiar para los seguidores del Barça esta temporada. Desde el salto inicial, el equipo heleno impuso un ritmo demoledor que dejó clara la diferencia de intensidad entre ambos contendientes. El parcial inicial de 13-2 no fue un mero accidente estadístico, sino el reflejo fiel de un conjunto local que salió a la pista con varias marchas de ventaja sobre su rival.

La primera mitad, sin embargo, ofreció una noticia relativamente positiva para los intereses culés. A pesar de la clara superioridad inicial de Olympiacos, el Barça logró contener el daño y llegó al descanso con un déficit de nueve puntos (46-37). Esta capacidad de resistencia, lejos de ser tranquilizadora, evidenció la fragilidad del equipo, que necesitó un esfuerzo sobrehumano para mantenerse a flote ante un rival que dominó todos los aspectos del juego.

El problema físico: un abismo insalvable

Si hay un factor que condicionó de manera determinante el desenlace del encuentro, fue la desigualdad en el juego interior. La estadística de rebotes resulta demoledora: 38-30 a favor de los griegos, con una diferencia aún más preocupante en los rebotes ofensivos, donde Olympiacos duplicó al Barça (15-7). Esta cifra no es anecdótica, sino que revela una realidad estructural del equipo.

Nikola Milutinov y Tyrique Jones, los pívots del conjunto heleno, sumaron individualmente más rebotes ofensivos que todo el equipo azulgrana en conjunto. Por su parte, la pareja de interiores culé formada por Jan Vesely y Willy Hernangómez apenas pudo sumar tres rebotes entre ambos, una cifra ínfima para jugadores de su calibre y posición. Esta debilidad en la pintura no es nueva, pero se agudiza cuando el rival dispone de una rotación interior prácticamente infinita.

La profundidad de banquillo de Olympiacos contrasta brutalmente con las limitaciones del Barça. Mientras el equipo griego puede rotar con jugadores de nivel Euroliga sin perder calidad, el conjunto de Pascual se ve obligado a exprimir a sus titulares sin posibilidad de descanso. La normativa que impide al club azulgrana realizar fichajes mientras sus rivales pueden reforzarse semanalmente crea un desequilibrio competitivo difícil de solventar con mera planificación táctica.

Las pérdidas: el cáncer del equipo

Otro de los grandes males que aquejan al Barça en esta temporada son las pérdidas de balón. Contra Olympiacos, el equipo regaló nada menos que 20 balones, una cifra que se dispara cuando se compara con la media de la competición (12,3 por encuentro). La paradoja resulta aún más dolorosa si consideramos que en el tercer periodo, el Barça no perdió ningún balón, demostrando que es capaz de cuidar el balón cuando se concentra.

Tornike Shengelia fue el principal culpable en este apartado, con cinco pérdidas que lastraron las opciones de su equipo. Kevin Punter, por su parte, sumó cuatro pérdidas que empañaron su buena labor anotadora. Estas cifras no son casuales, sino que reflejan una falta de compenetración y de líderes claros en la dirección del juego. Cuando el equipo presiona, los errores se multiplican, y la falta de un base con capacidad para organizar en situaciones de estrés se hace evidente.

El tercer cuarto: una ilusión efímera

Si hubo un momento de esperanza para la parroquia culé, fue el inicio del tercer periodo. Liderados por el talento ofensivo de Kevin Punter y Will Clyburn, el Barça firmó una remontada que rozó lo inverosímil. El parcial de 0-10 con el que arrancó el cuarto devolvía la ilusión a un equipo que parecía haber encontrado la tecla para desmontar la defensa griega.

Durante estos diez minutos, el conjunto azulgrana mostró su mejor versión. La defensa subió intensidad, el ataque fluyó con criterio y las decisiones fueron acertadas. Punter y Clyburn asumieron responsabilidades, mientras que el resto del equipo complementó a la perfección. Sin embargo, esta exhibición resultó insuficiente para mantener el tipo durante todo el encuentro, y la falta de continuidad volvió a aparecer en el momento más inoportuno.

El último cuarto: el colapso definitivo

El cuarto periodo fue un auténtico calvario para el Barça. El parcial de 28-11 que encajó el equipo de Pascual representa todo lo que no debe hacerse en una pista de Euroliga. La falta de acierto en ataque, sumada a una defensa permeable y a decisiones individuales desacertadas, convirtieron lo que podía haber sido una victoria épica en una derrota humillante.

Durante estos diez minutos, el equipo griego demostró su superioridad física y mental. Mientras los jugadores de Olympiacos seguían corriendo y saltando con la misma energía del primer minuto, los culés evidenciaban el desgaste acumulado. Los tiros fallados se sucedían, las pérdidas aumentaban y la defensa se convertía en un coladero. La única noticia positiva de este desastre fue que el equipo logró salvar el average particular, ya que en el partido de ida en el Palau Blaugrana había ganado por 13 puntos (98-85).

Jugadores que brillaron y jugadores que desaparecieron

En el apartado individual, cinco jugadores del Barça superaron los 10 puntos: Punter (15), Brizuela (14), Clyburn (14), Vesely (12) y Shengelia (12). Sin embargo, esta distribución anotadora esconde una realidad preocupante: el resto del equipo estuvo prácticamente invisible. Miles Norris anotó un único triple en casi 13 minutos de juego, mientras que Juani Marcos, Joel Parra, Willy Hernangómez y Nico Laprovittola se quedaron sin anotar ni un solo punto en el Pireo.

La ausencia de producción del banquillo resulta especialmente preocupante. En una competición tan exigente como la Euroliga, contar con rotaciones que aporten es fundamental. La falta de puntos de los suplentes obliga a los titulares a asumir una carga excesiva, lo que genera un círculo vicioso de desgaste y bajo rendimiento. Laprovittola, que debería ser uno de los líderes del equipo, se quedó en blanco, lo que pone de manifiesto su momento de forma y la falta de confianza que atraviesa.

Perspectiva de futuro: un camino complicado

La derrota en Atenas deja al Barça en una situación complicada en la tabla. Con nueve derrotas en su casillero, el equipo se aleja de las posiciones de privilegio y ve peligrar su presencia en los playoffs. La falta de refuerzos, sumada a las lesiones y al bajo rendimiento de algunas piezas clave, dibuja un panorama sombrío para las próximas jornadas.

Xavi Pascual tiene el reto de reconstruir la moral de un grupo que demuestra capacidad para competir, pero que se desinfla en los momentos decisivos. La irregularidad es la peor enemiga de cualquier equipo con aspiraciones, y el Barça necesita encontrar urgentemente la estabilidad que le permita encadenar victorias. La Euroliga no perdona, y cada derrota complica el acceso a la siguiente fase.

La solución no parece inmediata. Mientras otros clubes pueden reforzar sus plantillas, el Barça debe hacer malabares con lo que tiene. La apuesta por la cantera es loable, pero en esta competición se necesita experiencia y calidad contrastada. La temporada llega a su punto medio, y las decisiones que se tomen en las próximas semanas serán cruciales para determinar el éxito o el fracaso de la campaña. El tiempo se agota, y el margen de error es cada vez menor.

Referencias