El ático de Alba Flores en Madrid: estilo nórdico y cocina industrial

La actriz se muda a Arganzuela, un distrito en transformación, donde combina minimalismo escandinavo con toques industriales en su nuevo hogar de alquiler

Alba Flores ha dado un paso importante en su vida personal tras instalarse en un nuevo hogar ubicado en uno de los distritos con mayor proyección de Madrid. La reconocida intérprete, conocida por su papel en 'La Casa de Papel', ha elegido el barrio de Arganzuela para iniciar esta etapa, una zona que ha experimentado una metamorfosis urbana notable en los últimos años y que se ha convertido en punto de referencia para profesionales del mundo creativo y artístico.

La noticia de su mudanza, adelantada por Vanitatis, sitúa a la hija de Antonio Flores en un entorno que refleja perfectamente su forma de entender la existencia y la profesión. Durante su reciente entrevista en el programa de Jordi Évole, la actriz ofreció una mirada íntima a su nuevo refugio personal, coincidiendo con la promoción de su proyecto más emotivo: el documental Flores para Antonio, que ya ha cosechado una nominación a los premios Goya.

A pesar de encontrarse en uno de los momentos más consolidados de su trayectoria artística, la situación residencial de Flores desmonta cualquier estereotipo sobre herencias millonarias. La intérprete no es propietaria de inmuebles y ha optado conscientemente por el alquiler como modelo de vida, una decisión que defiende con rotundidad y sin complejos. En su conversación con Évole, dejó claro que su estabilidad no proviene de patrimonios familiares, sino del trabajo constante y la dedicación profesional. "Las Flores no vivimos de la renta, porque trabajamos como cabronas todas y lo seguimos haciendo, aunque nuestros detractores siempre nos seguirán tirando mierda en ese sentido", manifestó con contundencia, reafirmando que el esfuerzo diario sigue siendo el pilar fundamental de su día a día.

El nuevo ático se ubica en el suroeste de la capital, en las inmediaciones de Madrid Río, una zona que conjuga tranquilidad residencial, amplias zonas verdes y una comunicación excelente con el centro urbano. Arganzuela ha dejado atrás su identidad industrial para reinventarse como un distrito moderno, habitacional y culturalmente dinámico, un proceso de revitalización que ha captado el interés de numerosos artistas e intelectuales. La convivencia entre antiguas fábricas rehabilitadas y nuevas promociones inmobiliarias, junto a comercios de proximidad y espacios culturales, configura el carácter distintivo de este barrio.

La vivienda de Flores se distingue por sus techos altos, un atributo arquitectónico que la actriz ha sabido explotar para maximizar la sensación de amplitud y luminosidad. Las estanterías, diseñadas para alcanzar casi la altura del techo, refuerzan la concepción de un hogar vivido, funcional y repleto de referencias personales. La luz natural constituye otro de los elementos protagonistas del espacio, gracias a generosos ventanales que inundan cada rincón y aportan calidez al ambiente.

El interiorismo del ático refleja una personalidad equilibrada que fusiona estilo nórdico con materiales cálidos, buscando la sencillez sin renunciar a la identidad. Durante la entrevista televisiva se pudieron vislumbrar diferentes ambientes de un salón espacioso y versátil, pensado tanto para el descanso como para el desarrollo de proyectos creativos. Es un espacio donde conviven libros, guiones, recuerdos familiares y objetos de valor emocional, lejos de artificios y ostentación.

Uno de los rincones que más curiosidad ha despertado es la cocina de inspiración industrial, donde predominan tonos caldera, rojizos y marrones. Esta estancia combina elementos metálicos y acabados robustos que evocan la estética de antiguos talleres, pero con una funcionalidad contemporánea. La elección de esta temática para el corazón del hogar habla de una personalidad que valora la autenticidad y el carácter de los espacios vividos.

La configuración del salón permite distinguir varios ambientes diferenciados dentro de una misma estancia, una solución ideal para quien necesita espacios polivalentes. En un rincón, una zona de lectura con butaca y lámpara de pie invita al recogimiento; en otro, un amplio sofá enfrentado a la televisión configura el área de entretenimiento. La presencia de una mesa de trabajo junto a los ventanales sugiere un lugar dedicado a la creación, donde la luz natural se convierte en aliada indispensable.

La biblioteca personal, que recorre una de las paredes principales desde el suelo hasta el techo, funciona como testimonio visual de sus intereses intelectuales y artísticos. Los volúmenes ordenados junto a fotografías y objetos de colección crean un mosaico personal que narra su historia sin necesidad de palabras. Esta disposición vertical no solo optimiza el espacio, sino que genera una sensación de altura que enfatiza las cualidades arquitectónicas del ático.

La paleta cromática general apuesta por neutros: blancos, grises y beige como base, con toques de color en elementos textiles y decorativos. Esta elección potencia la luminosidad natural y crea un fondo sereno donde resaltan los objetos personales. La madera de tono claro en el suelo y algunos muebles aporta calidez, contrarrestando la frialdad que podrían sugerir los tonos industriales de la cocina.

La conexión con el exterior es otro aspecto destacado. Los grandes ventanales no solo permiten el paso de luz, sino que enmarcan vistas del barrio y del cielo madrileño, creando un diálogo constante entre el interior y el entorno urbano. Esta relación visual amplía la percepción del espacio y vincula el hogar con la energía de un distrito en constante evolución.

La decisión de residir en Arganzuela refleja una tendencia creciente entre los creativos madrileños de buscar barrios con alma propia, lejos de las zonas más turísticas y estandarizadas. El distrito ofrece una vida de barrio auténtica, con mercados tradicionales, plazas donde conviven vecinos de toda la vida con nuevos residentes, y una oferta cultural emergente que incluye galerías, espacios de coworking y salas de conciertos íntimas.

La filosofía de vida que desprende esta elección residencial coincide con el discurso que Alba Flores ha mantenido siempre sobre el trabajo y la meritocracia. Su compromiso con el alquiler frente a la propiedad no es una imposición, sino una decisión consciente que le permite flexibilidad y libertad de movimiento. En una industria donde la estabilidad es relativa, mantener opciones abiertas resulta una estrategia pragmática.

El documental sobre su padre, Antonio Flores, ha supuesto un hito personal y profesional que ha coincidido con este cambio de domicilio. El proceso de crear "Flores para Antonio" ha sido paralelo a la construcción de su nuevo hogar, ambos proyectos de introspección y redefinición identitaria. La nominación a los Goya valida un trabajo que surge del corazón, sin artificios comerciales, al igual que su espacio vital rechaza el exhibicionismo.

La elección de una vivienda con identidad propia, lejos de estándares de lujo impostados, refuerza la imagen pública de una artista auténtica y con los pies en la tierra. En una época donde las redes sociales presionan por mostrar perfección y opulencia, el hogar de Alba Flores transmite valores diferentes: funcionalidad, honestidad y conexión emocional con los objetos y espacios.

La cocina industrial, con sus acabados robustos y su estética honesta, se convierte en metáfora de su propia trayectoria: sin revestimientos innecesarios, con la materia prima al descubierto y valorando la utilidad sobre el adorno. Es un espacio diseñado para ser usado, vivido y disfrutado, no para ser contemplado como escaparate.

La integración de elementos nórdicos responde a una búsqueda de serenidad y orden en medio del caos urbano y la exigencia profesional. La influencia escandinava, con su énfasis en la luz, la sencillez y la conexión con la naturaleza, proporciona un contrapunto necesario a la intensidad de la vida en una metrópolis como Madrid.

Este nuevo capítulo vital en Arganzuela representa más que un simple cambio de dirección. Simboliza la consolidación de una adulta que construye su presente con herramientas propias, que elige deliberadamente dónde y cómo vivir, y que encuentra en su entorno una extensión de sus valores personales y profesionales. El ático se convierte así en reflejo fiel de su ocupante: luminoso, auténtico y sin concesiones.

Referencias