Iñaki Urdangarin revela en su libro el papel de Ainhoa Armentia en su recuperación

El exduque de Palma se sincera sobre cómo conoció a su pareja actual y el impacto emocional que tuvo en su nueva vida en Vitoria

La publicación de Todo lo vivido ha marcado un antes y un después en la forma en que Iñaki Urdangarin se enfrenta a su pasado. En sus páginas, el exjugador de balonmano y exduque de Palma desgrana los momentos más intensos de una década marcada por el escándalo judicial, la prisión y la ruptura familiar. Pero también habla de la esperanza, de una segunda oportunidad que llegó de la mano de Ainhoa Armentia, la mujer con la que comparte su vida actualmente en Vitoria.

El libro, que ha generado enorme expectación mediática, no solo repasa los episodios más duros de su experiencia en prisión, sino que dedica un espacio significativo a la persona que le ayudó a levantarse emocionalmente. Urdangarin reconoce abiertamente que su relación con Armentia surgió en un momento de extrema vulnerabilidad, pero también de necesidad imperiosa de reconectar con la vida.

El encuentro que cambió todo

La historia entre Urdangarin y Armentia comenzó en 2021, en el bufete Imaz & Asociados de Vitoria. Fue allí donde el exduque encontró no solo un empleo clave para obtener el primer grado penitenciario, sino también a la persona que le devolvería la confianza en sí mismo. En un pasaje de sus memorias, adelantado por la revista ¡Hola!, Urdangarin describe ese momento como un punto de inflexión.

"Con ella, el mundo había dejado de darme miedo para empezar, otra vez, a parecerme un desafío emocionante", confiesa en una de las frases más citadas del libro. Esta declaración resume el profundo efecto que tuvo Armentia en su proceso de reconstrucción personal. La cercanía con su madre, Claire Liebaert, que también reside en la capital vasca, proporcionó un entorno de contención emocional indispensable durante los primeros meses de libertad.

El exduque subraya que Ainhoa le devolvió la autoestima que había perdido tras años de juicios mediáticos y aislamiento. "Es una parte esencial de mi presente, ojalá de mi futuro y de mi felicidad actual", escribe, dejando entrever la profundidad de sus sentimientos. No se trata de una simple declaración de amor, sino de un reconocimiento explícito al papel terapéutico que ha jugado su pareja en su vida.

Una reconstrucción paso a paso

El proceso de recuperación emocional de Urdangarin no fue instantáneo. En Todo lo vivido detalla cómo los pequeños momentos compartidos con Armentia fueron los que realmente "dan sentido a la vida". Atardeceres cotidianos, conversaciones simples y la compañía silenciosa se convirtieron en medicina para una herida que parecía incurable.

"Su cariño y su comprensión fueron claves para que pudiera encontrar el camino de mi reconstrucción", admite sin ambages. Esta frase desmiente cualquier interpretación superficial sobre su relación. No fue un capricho postcarcelario, sino un pilar emocional que le permitió enfrentar el miedo social y el estigma que arrastraba.

Urdangarin califica a su pareja de "valiente, honesta y con valores", adjetivos que revelan el tipo de conexión que establecieron. En un entorno hostil mediáticamente, donde cada movimiento suyo es observado con lupa, Armentia representó un espacio seguro, libre de juicios y prejuicios. Ese refugio emocional fue, según sus propias palabras, lo que le permitió dejar de mirar al pasado con pesimismo y empezar a ver el futuro con esperanza.

La complejidad de los tiempos y las comunicaciones

Uno de los aspectos más controvertidos que aborda el libro es la gestión de su separación de la infanta Cristina. Cuando en enero de 2022 se publicaron las primeras fotos de Urdangarin con Armentia, la opinión pública asumió que la infanta se enteró de la infidelidad a través de los medios. Sin embargo, el exduque desmiente esta versión.

"Con Cristina ya había hablado, pero no con ellos", señala en una entrevista con El País Semanal, refiriéndose a sus hijos. Esta revelación complejiza el relato oficial y muestra que, al menos entre los exesposos, existía una comunicación previa sobre la nueva relación. No obstante, Urdangarin asume su responsabilidad: "Mi mala gestión de los tiempos y de la comunicación hizo que el asunto fuera demasiado doloroso para todos".

La frase "Hacer sufrir de nuevo a Cristina y a mis hijos jamás formó parte de mi idea de empezar de cero" refleja el peso de la culpa que aún arrastra. Aunque mantiene un buen trato con la madre de sus cuatro hijos y ambos se apoyan mutuamente en cuestiones parentales, reconoce que el daño fue real y profundo.

Una nueva vida en Vitoria

Actualmente, Urdangarin y Armentia comparten un hogar en Vitoria, una ciudad que le ha brindado el anonimato y la tranquilidad que necesitaba. La cercanía con su madre ha sido fundamental, pero también la posibilidad de reconstruir una vida lejos del epicentro mediático de Madrid o Barcelona. En la capital vasca, el exduque ha encontrado un ritmo de vida pausado, donde puede disfrutar de las cosas simples que la cárcel le arrebató.

"Todo eso para mí tiene ahora un valor incalculable", asegura en el libro, refiriéndose a la libertad de pasear por la calle, de sentarse en una terraza o de compartir un momento de silencio con su pareja. Esos privilegios, que la mayoría da por sentado, se convirtieron para él en la esencia de la felicidad.

La convivencia con Armentia se ha consolidado con el tiempo. Juntos han construido una rutina que combina el trabajo, el ocio modesto y la familia. Aunque sus hijos viven dispersos -cada uno en una punta del mundo, como él mismo describe- las cosas "fluyen" cuando se reúnen. Esa fluidez es precisamente lo que más valora: la ausencia de forzadas, de protocolos, de expectativas imposibles.

El pasado que ya no pesa

Uno de los logros más significativos que atribuye a su relación con Armentia es haber logrado que "el pasado ya no pesara con tanta rotundidad". Esta liberación emocional es quizás el mayor tesoro que ha encontrado en su nueva vida. Durante años, cada decisión, cada mirada, cada gesto estaba condicionado por el peso del caso Nóos y sus consecuencias.

Hoy, Urdangarin asegura sentirse feliz. No en el sentido de una euforia desbordante, sino en la tranquilidad de quien ha encontrado su lugar. Con Ainhoa Armentia a su lado, con su madre cerca, con un trabajo estable y una relación cordial con la infanta Cristina por el bien de sus hijos, el exduque parece haber cerrado un círculo.

Su libro Todo lo vivido no es solo un ejercicio de justificación o un intento de lavar su imagen. Es, sobre todo, un testimonio de supervivencia emocional. Y en ese testimonio, Ainhoa Armentia ocupa un lugar central. No como un capítulo más, sino como el eje sobre el que gira su nueva existencia. Una existencia donde los desafíos ya no generan miedo, sino que vuelven a parecer "emocionantes", y donde la felicidad se mide en atardeceres compartidos y silencios cómodos.

Referencias