La historia real de La casa de la esperanza: el zoo que salvó 300 vidas

Descubre cómo Antonina y Jan Zabinski arriesgaron todo para rescatar judíos del Holocausto usando su zoo de Varsovia como escondite.

En 2017 llegó a la gran pantalla una de las historias más conmovedoras y desconocidas de la Segunda Guerra Mundial. La casa de la esperanza, protagonizada por Jessica Chastain y Daniel Brühl, narra el valiente acto de un matrimonio de Polonia que convirtió su zoológico en un refugio secreto para cientos de perseguidos por el régimen nazi. Más allá del drama cinematográfico, los hechos que inspiraron esta película resultan aún más impactantes que la ficción misma.

Los protagonistas de esta historia fueron Antonina y Jan Zabinski, quienes en la década de 1930 gestionaban con pasión el Zoológico de Varsovia. Su vida transcurría entre el cuidado de elefantes, leones, osos polares y guepardos, criando a su hijo pequeño en un entorno privilegiado rodeado de naturaleza. Sin embargo, los vientos de guerra que soplaban por Europa pronto alterarían para siempre su tranquila existencia.

Cuando las tropas alemanas invadieron Polonia en 1939, la familia Zabinski enfrentó una decisión crucial: abandonar todo o quedarse y resistir. Inicialmente, Jan contempló la posibilidad de huir, pero la pareja finalmente decidió permanecer por el bienestar de su hijo y los animales que habían cuidado durante años. Esta elección los convertiría en testigos directos de la brutalidad nazi y, posteriormente, en héroes anónimos de la resistencia.

El bombardeo de Varsovia dejó el zoo en ruinas. Muchos animales murieron durante los ataques, pero algunos sobrevivieron entre los escombros. Fue entonces cuando apareció Lutz Heck, un zoólogo alemán con influencias en el más alto rango del Tercer Reich, interpretado en la película por Daniel Brühl. Heck propuso "salvar" los ejemplares más valiosos trasladándolos al zoológico de Berlín, bajo el pretexto de una colaboración científica. Su interés, sin embargo, no era del todo altruista: también pretendía acercarse a Antonina y ganarse su confianza.

El verdadero punto de inflexión llegó con la creación del gueto de Varsovia en 1940. Al ver cómo miles de judíos, incluidos muchos amigos personales, eran confinados en condiciones inhumanas y luego deportados a campos de exterminio, los Zabinski no pudieron permanecer indiferentes. Aprovechando su contacto con Heck y la estructura del zoo, diseñaron un plan arriesgado: convertir las jaulas y túneles del zoológico en escondites para fugitivos.

Durante los siguientes años, el zoológico se transformó en una estación clandestina de la red de rescate polaca. Antonina y Jan escondieron a hombres, mujeres y niños en los pabellones de los animales, en sótanos, e incluso en su propia casa. Los huéspedes llegaban con nombres falsos y permanecían allí durante días, semanas o, en algunos casos, años. Antonina desarrolló un sistema de señales musicales con su piano para alertar a los escondidos sobre la presencia de soldados alemanes.

La película, basada en el libro La casa de la buena estrella de la escritora estadounidense Diane Ackerman, publicado en 2007, captura la tensión constante que vivió esta familia. Ackerman se inspiró en los diarios de Antonina, descubriendo una historia que escaló al puesto 13 de la lista de best-sellers del The New York Times. La adaptación cinematográfica, dirigida por Niki Caro, buscó honrar esta memoria histórica con la máxima fidelidad posible.

La realidad superó cualquier expectativa: casi 300 personas fueron rescatadas y protegidas en el zoo durante la ocupación nazi. Cada rescate representaba un riesgo mortal para los Zabinski y su hijo. La pena por ayudar a judíos era la ejecución inmediata, no solo para los rescatadores, sino también para sus familias enteras. A pesar del peligro, el matrimonio mantuvo su operación activa hasta el final de la guerra.

Después de la liberación, el valor de sus acciones fue reconocido oficialmente. En 1965, el Museo Yad Vashem de Israel otorgó a Antonina y Jan Zabinski el título de "Justos entre las Naciones", el honor más alto que se concede a no judíos que arriesgaron sus vidas para salvar judíos durante el Holocausto. Este reconocimiento los inscribió para siempre en la memoria colectiva como ejemplos de humanidad en los momentos más oscuros.

Curiosamente, a pesar de que la historia está íntimamente ligada a Varsovia, la película fue rodada íntegramente en Praga, República Checa. La producción encontró en la capital checa una arquitectura similar a la de la Polonia de la época, facilitando la recreación histórica. El desafío más grande del rodaje fue trabajar con animales reales. Todos los ejemplares que aparecen en pantalla, desde los leones hasta las crías que Chastain abraza, son auténticos. Un equipo de expertos veterinarios y etólogos supervisó constantemente el bienestar de los animales, asegurando que las condiciones de rodaje fueran seguras y respetuosas.

El legado de los Zabinski perdura hasta hoy. El Zoológico de Varsovia, que abrió oficialmente en 1928 aunque sus orígenes se remontan a las casas de fieras privadas del siglo XVII, continúa operando. Después de la guerra, el proyecto de reconstrucción del zoo se mantuvo como símbolo de resistencia y esperanza. Los visitantes actuales pueden recorrer sus instalaciones sabiendo que caminan sobre un terreno que alguna vez fue santuario de vida humana.

La casa de la esperanza no es solo una película sobre el Holocausto; es un recordatorio poderoso de que el coraje moral puede florecer en los lugares más inesperados. Antonina y Jan Zabinski demostraron que la compasión no tiene fronteras y que, incluso en medio de la barbarie, es posible elegir la humanidad. Su historia, llevada al cine con sensibilidad y respeto, invita a reflexionar sobre el poder del individuo para cambiar el destino de cientos, y sobre la responsabilidad colectiva de no olvidar.

En una época donde el mundo enfrenta nuevas crisis humanitarias, el relato de este matrimonio polaco y su zoo resuena con una urgencia contemporánea. Nos recuerda que el silencio y la indiferencia son cómplices de la opresión, y que cada acto de bondad, por pequeño que parezca, puede convertirse en un faro de esperanza para quienes han perdido todo.

Referencias