El sector hostelero madrileño ha perdido uno de sus proyectos más ambiciosos y mediáticos de los últimos años. Rhudo, el restaurante que contaba con el respaldo de figuras como Marcos Llorente, Antoine Griezmann, Álex González y Miguel Ángel Silvestre, ha cerrado definitivamente sus puertas después de una agónica lucha por mantenerse a flote que ha durado veinticuatro meses. La sociedad gestora del establecimiento, 331 RHUDO V64 S.L., ha entrado en concurso de acreedores con un pasivo reconocido que supera los 3,5 millones de euros.
El establecimiento, ubicado en una de las zonas más exclusivas de la capital, nació con la vocación de convertirse en un referente de la gastronomía de autor contemporánea. Bajo la batuta de Paco Roncero, uno de los chefs más reconocidos del panorama nacional, el proyecto prometía fusionar la alta cocina con un ambiente vanguardista y accesible para un público exigente pero dispuesto a experimentar. La apuesta inicial era clara: ofrecer una propuesta culinaria innovadora que combinara técnicas tradicionales con toques internacionales, todo ello en un espacio diseñado para ser tan fotogénico como palatable.
Los primeros meses de vida de Rhudo parecían justificar la confianza de sus inversores famosos. Durante su primer ejercicio completo, el restaurante facturó más de seis millones de euros, una cifra que hubiera sido envidiable para cualquier negocio de reciente creación. Sin embargo, detrás de esas impresionantes cifras de ingresos se escondía una realidad mucho menos brillante. Los costes operativos, incluyendo el alquiler de un local premium, el salario de un equipo de cocina de primer nivel, y los gastos asociados a una decoración y mantenimiento de lujo, resultaron ser desproporcionadamente altos.
La estructura de gastos del restaurante resultó insostenible desde el principio. Los costes de personal, materias primas de máxima calidad y el marketing necesario para mantener el interés de una clientela exigente absorbían casi la totalidad de los ingresos. Fuentes cercanas al negocio han señalado que la rentabilidad nunca llegó a materializarse, y que los números rojos se acumularon mes tras mes, a pesar del éxito aparente en términos de ocupación y facturación.
Ante esta situación, los promotores del proyecto decidieron tomar medidas drásticas. La primera gran reestructuración llegó con la salida de Paco Roncero, quien abandonó el barco argumentando que era el momento de "iniciar una nueva etapa". Esta decisión, anunciada como la "temporada 1" de un nuevo concepto, pretendía reducir costes operativos manteniendo la esencia del local. Los famosos inversores, lejos de desentenderse, mantuvieron sus participaciones y se mostraron públicamente comprometidos con la viabilidad del negocio.
El nuevo modelo de negocio giró hacia una propuesta más teatral. Se implementó un menú degustación con un precio fijo de 75 euros por comensal, que incluía no solo la comida, sino también un espectáculo en vivo diseñado para crear una experiencia memorable. La idea era replicar el éxito de otros establecimientos madrileños que habían conseguido posicionarse mediante la combinación de gastronomía y entretenimiento. Sin embargo, esta fórmula tampoco logró revertir la situación. La clientela, acostumbrada a la propuesta gastronómica original, no terminó de conectar con el nuevo concepto, y los costes asociados al espectáculo añadieron una nueva capa de complejidad económica.
En un último intento desesperado por salvar la inversión, los propietarios decidieron transformar completamente el espacio. A principios de 2025, Rhudo dejó de ser un restaurante para convertirse en un club nocturno. La idea era aprovechar la infraestructura y la ubicación del local para captar un público nocturno dispuesto a gastar en copas y eventos privados. Esta reconversión, sin embargo, resultó ser el último suspiro de un negocio ya moribundo. La competencia en el sector de la noche madrileña es feroz, y el local carecía de la reputación y el posicionamiento necesarios para destacar en este segmento.
El cierre definitivo llegó en enero de 2026, cuando el Juzgado de lo Mercantil nº 18 de Madrid tramitó el concurso de acreedores para la sociedad gestora del establecimiento. El pasivo reconocido, que supera los 3,5 millones de euros, refleja no solo la magnitud de la inversión inicial, sino también los costes acumulados durante los dos años de operación. Los inversores famosos, que habían confiado en el proyecto con importantes sumas de dinero, se enfrentan ahora a una pérdida significativa de su capital.
El caso de Rhudo no es aislado en el panorama de los negocios de famosos. Marcos Llorente, por ejemplo, también ha diversificado sus inversiones en otros proyectos gastronómicos, como una sociedad con el chef Bosquet cuyos detalles no han trascendido con la misma intensidad mediática. La tendencia de deportistas y actores a invertir en el sector hostelero es cada vez más común, pero los éxitos son tan notables como los fracasos.
La lección que deja el cierre de Rhudo es clara: la fama y el capital inicial no garantizan el éxito en el complejo mundo de la restauración. El sector hostelero madrileño, uno de los más competitivos de Europa, exige no solo una buena idea y unos inversores con recursos, sino una gestión financiera rigurosa, un control de costes implacable y una adaptación constante a las preferencias de una clientela cada vez más exigente y volátil.
Los expertos del sector señalan que muchos proyectos con respaldo mediático cometen el error de priorizar la imagen y el marketing por encima de la sostenibilidad económica. Un restaurante puede estar de moda y llenarse de clientes durante los primeros meses, pero si los márgenes no son saludables y la estructura de costes no es eficiente, el éxito será efímero. La experiencia de Rhudo demuestra que incluso con una facturación millonaria, un negocio puede ser inviable si no se gestiona correctamente la relación entre ingresos y gastos.
El futuro del local aún está por decidirse. En el mercado hostelero madrileño, los espacios que cierran suelen ser rápidamente reemplazados por nuevas propuestas, a menudo con el mismo nivel de ambición pero con la esperanza de haber aprendido de los errores de sus predecesores. Mientras tanto, los inversores famosos volverán a concentrarse en sus carreras profesionales, probablemente con una mayor cautela a la hora de aventurarse en nuevas empresas de este tipo.
El ecosistema de restaurantes de lujo en Madrid continúa en expansión, pero el caso de Rhudo sirve como recordatorio de que la moda y la fama son variables insuficientes para construir un negocio duradero. La combinación de una propuesta gastronómica sólida, una gestión financiera profesional y una adaptación realista a las demandas del mercado sigue siendo la única receta para el éxito en uno de los sectores más desafiantes de la economía española.