El cometa interestelar 3I/ATLAS podría cambiar de rumbo al acercarse a Júpiter en 2026

Los astrónomos alertan de una posible alteración en la trayectoria del visitante interestelar más rápido durante su encuentro con el gigante gaseoso el próximo año

El cometa 3I/ATLAS sigue captando la atención de la comunidad científica internacional desde su descubrimiento el pasado 1 de julio de 2025. Este objeto celeste, catalogado como uno de los visitantes interestelares más rápidos jamás detectados, podría experimentar un cambio significativo en su trayectoria durante los próximos meses, según revelan los últimos modelos orbitales publicados en el repositorio científico arXiv. La posibilidad de presenciar en tiempo real una alteración gravitacional de estas características ha despertado un interés sin precedentes entre los astrónomos planetarios.

Los especialistas han ejecutado cientos de simulaciones basadas en clones estadísticos del cometa para proyectar tanto su pasado remoto como su futuro inmediato. Los resultados apuntan a un encuentro gravitatorio de especial relevancia que podría modificar sustancialmente el rumbo de este misterioso viajero cósmico mientras atraviesa nuestro sistema solar. Este tipo de predicciones, basadas en complejos algoritmos de mecánica orbital, permiten anticipar los efectos de las interacciones gravitacionales antes de que ocurran realmente.

Con una velocidad de desplazamiento de 58 kilómetros por segundo, 3I/ATLAS se mueve a un ritmo que descarta cualquier posibilidad de origen local. Para contextualizar, esta velocidad es aproximadamente tres veces superior a la de la Tierra alrededor del Sol y casi el doble que la de la mayoría de cometas del sistema solar. Su excentricidad orbital, superior a 1, confirma de manera inequívoca que proviene del espacio interestelar, convirtiendo su paso en una oportunidad excepcional para analizar materiales procedentes de regiones lejanas de la Vía Láctea. Esta velocidad, considerablemente superior a la de otros objetos conocidos, sugiere un viaje extremadamente largo desde su sistema de origen, posiblemente desplazado por una interacción gravitacional violenta con un planeta gigante en su estrella natal.

El momento clave se producirá en marzo de 2026, cuando el cometa se aproxime a Júpiter en las proximidades de su radio de Hill, una zona donde la gravedad del planeta gigante domina el movimiento de objetos cercanos. A una distancia de apenas 0,355 unidades astronómicas, aproximadamente 53 millones de kilómetros, la interacción gravitacional podría generar una perturbación notable en la trayectoria del visitante interestelar. El radio de Hill representa el límite teórico dentro del cual los satélites naturales pueden mantener órbitas estables sin ser desviados por la gravedad solar, y para Júpiter se extiende a unos 0,355 UA, precisamente la distancia de máximo acercamiento del cometa.

Los científicos destacan que, aunque Marte también se encontrará relativamente cerca durante este período, su influencia sería mínima comparada con la del gigante gaseoso. La magnitud del desvío dependerá de múltiples factores, incluyendo el desgasificado del núcleo cometario y la presión ejercida por la radiación solar, fenómenos que contribuyen a la aceleración no gravitatoria del objeto. Esta aceleración, causada por la emisión de gases y polvo cuando el cometa se calienta al acercarse al Sol, puede alterar ligeramente su trayectoria de forma independiente a la gravedad.

El análisis dinámico exhaustivo permite reconstruir la ruta galáctica de 3I/ATLAS. Los cálculos indican que el cometa llegó desde la constelación de Sagitario y, tras su periplo por el sistema solar, se dirigirá hacia la constelación de Géminis. Esta trayectoria, combinada con su elevada velocidad vertical respecto al plano galáctico, sugiere que podría proceder del disco grueso de la galaxia, una región poblada por estrellas de gran antigüedad y bajo contenido metálico, típicamente varios miles de millones de años más viejas que el Sol.

Sin embargo, los investigadores mantienen una postura cautelosa. "Es incierto confirmar la región de origen utilizando únicamente la información cinemática", advierten los autores del estudio, reconociendo las limitaciones de los datos disponibles. La complejidad de las interacciones gravitacionales a lo largo de millones de años hace extremadamente difícil precisar el punto exacto de partida de este viajero estelar. La incertidumbre se debe a la acumulación de pequeñas perturbaciones gravitacionales que han modificado su órbita de forma impredecible, además de la falta de información sobre su composición química, que podría ofrecer pistas adicionales sobre su edad y procedencia.

Estudios anteriores ya habían planteado la hipótesis de que 3I/ATLAS no había experimentado encuentros cercanos con otros cuerpos celestes en los últimos 10 millones de años. Algunos modelos más extremos sugieren que podría haber vagado por el espacio interestelar durante miles de millones de años antes de acercarse a nuestro sistema solar, lo que refuerza la teoría de que se trata de un antiguo habitante de un sistema planetario desaparecido o de una exo-nube de Oort, el equivalente interestelar de la nube de cometas que rodea nuestro Sol.

La comunidad astronómica ha identificado una ventana de observación sin precedentes. Entre el 9 y el 22 de marzo de 2026, la nave espacial Juno, en órbita alrededor de Júpiter desde 2016, podría situarse a menos de 0,4 unidades astronómicas del cometa. Esta proximidad relativa, inesperada para una misión diseñada para estudiar el interior de Júpiter, ofrece una oportunidad única para estudiar con detalle tanto la composición del visitante interestelar como los efectos del campo gravitacional joviano sobre su trayectoria.

Los expertos recomiendan concentrar los esfuerzos observacionales en este período específico, considerado óptimo para medir con precisión la aceleración no gravitatoria y comprender mejor la evolución dinámica de estos objetos interestelares. El estudio se ha consolidado como una de las fuentes más completas para entender el comportamiento de 3I/ATLAS antes de que reanude su viaje hacia las estrellas. La colaboración entre observatorios terrestre y misiones espaciales maximizará el retorno científico de este evento.

La llegada de este tipo de objetos representa un hito en la astronomía moderna. Desde el descubrimiento de 'Oumuamua en 2017, el primer visitante interestelar confirmado, cada nuevo objeto de estas características nos ofrece una ventana directa a la composición y dinámica de otros sistemas estelares, permitiendo contrastar nuestras teorías sobre la formación planetaria con evidencia tangible de otros lugares de la galaxia. El caso de 3I/ATLAS resulta particularmente valioso debido a su alta velocidad y a la proximidad del encuentro con Júpiter, que actuará como un laboratorio natural de física orbital. Además, la posibilidad de observar cambios en su actividad cometaria durante el acercamiento al planeta gigante podría revelar cómo se comportan estos objetos cuando son sometidos a intensas fuerzas gravitacionales.

A medida que marzo de 2026 se acerca, los telescopios terrestres y espaciales se preparan para seguir de cerca este evento celestial. Los datos recogidos no solo arrojarán luz sobre el futuro inmediato del cometa, sino que también ayudarán a calibrar los modelos que predicen la trayectoria de futuros visitantes interestelares, cada vez más frecuentes gracias a las mejoras en los sistemas de detección automatizados como el propio ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System), una red de telescopios diseñada originalmente para identificar asteroides potencialmente peligrosos pero que ha demostrado ser excepcional para descubrir objetos de origen interestelar.

La misión Juno, originalmente diseñada para estudiar el interior de Júpiter y su campo magnético, podría así contribuir de manera inesperada al estudio de la astronomía interestelar, demostrando la versatilidad de las misiones espaciales modernas y la importancia de mantener activos instrumentos científicos más allá de sus objetivos primarios. Los instrumentos de Juno, incluyendo su cámara JunoCam y su espectrómetro, podrían captar datos valiosos sobre la composición superficial del cometa.

Finalmente, el paso de 3I/ATLAS nos recuerda la naturaleza dinámica y cambiante de nuestro entorno cósmico. Mientras el cometa continúa su viaje hacia la inmensidad del espacio interestelar, dejando atrás el sistema solar, los científicos seguirán analizando cada dato disponible para desentrañar los secretos que este mensajero galáctico trae consigo desde las profundidades de la Vía Láctea. Cada partícula de polvo y cada molécula desprendida de su núcleo contiene información química que podría revelar las condiciones de formación de planetas en otras estrellas, haciendo de este evento un capítulo crucial en la historia de la astronomía comparativa.

Referencias