Alerta en Sevilla: capturan 30 siluros invasores en el Guadalquivir

Un pescador ha sacado del río más de 30 ejemplares de esta especie voraz que amenaza la biodiversidad española. El siluro, que puede superar los 120 kilos, se expande por los ríos del país.

La captura reciente de más de 30 siluros en las aguas del Guadalquivir ha encendido las alarmas sobre la expansión de una de las especies invasoras más agresivas que amenazan la biodiversidad española. Un pescador sevillano compartió en TikTok esta impresionante captura, evidenciando un problema ambiental que crece sin control.

El usuario @mauro_pescas publicó una imagen que rápidamente se viralizó, acompañada de un contundente mensaje: «Sabes que la cosa va a ponerse seria en un tiempo cuando en un día sacas 30 de este tamaño». La publicación, que supera los 500 'me gusta' y ha generado más de 150 comentarios, muestra varios ejemplares de siluro capturados en el centro de Sevilla, probablemente bajo el puente de las Delicias.

Este hecho no es aislado. En España ya se han identificado más de 250 especies exóticas invasoras, pero el siluro se ha convertido en una de las mayores preocupaciones para los ecólogos y pescadores. Originario de Europa central, este pez gigante ha encontrado en los ríos ibéricos un hábitat ideal para proliferar.

¿Qué hace tan peligroso al siluro?

El siluro (Silurus glanis) es el pez de agua dulce más grande de Europa. Puede alcanzar los 2,5 metros de longitud y superar los 120 kilogramos de peso. Su tamaño imponente, sin embargo, no es su única característica alarmante. Se trata de un depredador extremadamente voraz y adaptable que consume prácticamente cualquier animal que encuentre en su camino.

Su dieta incluye peces autóctonos, cangrejos de río, ranas, aves acuáticas e incluso mamíferos pequeños. En 2018, un trágico incidente en el río Tiétar (Cáceres) puso de manifiesto su peligrosidad cuando un fox terrier fue atacado y devorado por uno de estos depredadores.

Los expertos advierten que el siluro no distingue entre presas naturales y mascotas. Su mandíbula potente y su técnica de caza por emboscada lo convierten en un peligro para cualquier animal que se acerque a la orilla. Los registros oficiales documentan ataques a perros, gatos e incluso aves domésticas en zonas ribereñas.

Impacto devastador en los ecosistemas

La presencia del siluro altera radicalmente el equilibrio ecológico de los ríos que coloniza. Las especies autóctonas como carpas, barbos y bogas desaparecen rápidamente de las zonas donde se establece esta especie invasora. No solo las devora, sino que compite por los mismos recursos y desplaza a otros depredadores naturales.

La capacidad de adaptación del siluro es extraordinaria. Sobrevive en diversas condiciones ambientales, reproduce con facilidad y su comportamiento sigiloso dificulta su detección y control. Estas características convierten cualquier intento de erradicación en un desafío complejo.

El problema se agrava porque el siluro puede vivir más de 30 años y alcanzar la madurez sexual a los 3-4 años. Una hembra puede desovar millones de huevos cada temporada, asegurando su perpetuación en el ecosistema. Esta tasa reproductiva, combinada con la falta de depredadores naturales en nuestros ríos, explica su expansión exponencial.

Expansión imparable por la península

Introducido en España por pescadores deportivas hace décadas, el siluro se ha establecido con éxito en cuencas fluviales clave. Primero colonizó el Ebro, extendiéndose luego por el Tajo y ahora avanza con fuerza por el Guadalquivir.

La captura reciente en Sevilla demuestra que la especie ya no está confinada a zonas rurales, sino que penetra en los núcleos urbanos. Mauro, el pescador que compartió la captura, explica que «los hemos sacado ya de 40 kilos, pero lo de ayer no es normal. Entre tres sacamos por lo menos 40 de estos chicos», refiriéndose a la frecuencia creciente de estas capturas masivas.

Los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente de Andalucía han confirmado la presencia de siluros en múltiples puntos del Guadalquivir. Los estudios de población indican que su densidad en algunos tramos supera los 50 ejemplares por kilómetro cuadrado, una cifra que pone en jaque la supervivencia de especies autóctonas como el bogarte andaluz.

Protocolo de actuación obligatorio

El siluro figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, lo que implica una regulación estricta. Está prohibido transportarlo, soltarlo o comercializarlo. La normativa es clara: cualquier ejemplar capturado debe ser sacrificado inmediatamente.

Devolver un siluro al agua no solo es ilegal, sino que contribuye directamente al problema. Los pescadores son la primera línea de defensa y su responsabilidad es crucial para controlar la expansión.

Además del sacrificio obligatorio, los pescadores deben comunicar las capturas a las autoridades ambientales. Esta información ayuda a mapear la distribución de la especie y diseñar estrategias de control focalizadas. Algunas comunidades autónomas han implementado campañas de puntuación, donde cada siluro capturado y notificado suma puntos canjeables por licencias de pesca especiales.

¿Qué hacer ante esta amenaza?

La concienciación es fundamental. Cada captura debe gestionarse correctamente. Las administraciones ambientales trabajan en protocolos de control, pero la colaboración ciudadana es imprescindible.

El caso de Sevilla es una llamada de atención. Si no se intensifican las medidas de control, las consecuencias para la biodiversidad fluvial española serán irreversibles. Los ríos son ecosistemas frágiles y la introducción de depredadores como el siluro pone en riesgo décadas de conservación.

La lucha contra el siluro requiere inversión en investigación. Científicos españoles estudian métodos de control biológico y trampas específicas, pero los resultados son limitados. La experiencia en otros países europeos muestra que la erradicación total es prácticamente imposible una vez establecida la población, por lo que el objetivo realista es el control y contención.

Conclusión

La captura de 30 siluros en un solo día no es un récord deportivo, es una señal de alarma ambiental. La expansión de esta especie invasora requiere una respuesta coordinada y firme. La responsabilidad individual, el cumplimiento de la normativa y la concienciación colectiva son las únicas herramientas efectivas para proteger nuestros ríos de esta amenaza voraz.

Referencias