El archipiélago canario ha vuelto a registrar actividad sísmica significativa este jueves. Según datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), un terremoto de magnitud 4,1 se produjo a las 12:26 horas en la zona que separa las islas de Tenerife y Gran Canaria. El fenómeno, que alcanzó una profundidad de 10 kilómetros, ha sido ampliamente percibido por la población residente en ambas islas.
El organismo oficial ha precisado que este evento no mantiene relación directa con los enjambres sísmicos registrados recientemente en las Cañadas del Teide, descartando así cualquier conexión con la actividad volcánica del emblemático parque nacional. Minutos después, concretamente a las 12:36, se registró una réplica de menor intensidad con una magnitud de 2 en la escala de Richter, ubicada a cuatro kilómetros de profundidad.
La intensidad del movimiento telúrico ha variado entre los grados III y IV en la escala de Mercalli, lo que significa que fue claramente perceptible para las personas en numerosas localidades. Esta medida evalúa los efectos reales del sismo sobre la población, construcciones y el entorno, más allá de la energía liberada en el hipocentro.
El IGN ha recibido múltiples informes de ciudadanos que han notado el temblor. En Tenerife, los municipios que han reportado sentir el sismo incluyen Arico, La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Arafo, Los Realejos, Güímar, La Matanza de Acentejo, Candelaria, La Orotava, La Esperanza, El Rosario, Tacoronte, Arona, Granadilla de Abona y Santa Úrsula. Por su parte, en Gran Canaria, los residentes de Gáldar, Agaete, La Aldea de San Nicolás, Vega de San Mateo y Valsequillo también han confirmado haber percibido el movimiento.
El epicentro del terremoto se localiza en una de las zonas con mayor actividad sísmica de todo el archipiélago: el volcán de Enmedio. A pesar de su denominación, los expertos del IGN aclaran que la sismicidad característica de esta área no está vinculada a procesos volcánicos activos. Esta región marina, situada equidistante entre las dos islas más pobladas de Canarias, registra una actividad constante desde que existe instrumentación capaz de medirla.
Los datos estadísticos revelan que esta zona experimenta entre 400 y 500 terremotos anuales, con profundidades que pueden alcanzar los 40 kilómetros. De este conjunto, entre 5 y 7 eventos superan la magnitud de 2,5 grados, lo que los hace potencialmente perceptibles para la población cercana. Esta actividad constante convierte al volcán de Enmedio en uno de los puntos de mayor monitoreo sísmico de España.
El terremoto más significativo registrado en esta área durante las últimas décadas ocurrió el 9 de mayo de 1989, cuando un sismo de magnitud 5,2 sacudió con fuerza tanto Tenerife como Gran Canaria. Este evento histórico sirve como referencia para los estudios actuales y destaca la importancia de mantener sistemas de vigilancia constante en la región.
El misterio del origen de la sismicidad
A pesar de los avances científicos, el origen exacto de esta alta concentración de terremotos en el volcán de Enmedio continúa siendo un enigma para la comunidad científica. El propio IGN reconoce que no se ha determinado con certeza la causa subyacente a este fenómeno geológico persistente.
Investigaciones realizadas en 1989, tras el terremoto de magnitud 5,2, ya descartaron que la actividad tuviera un origen volcánico. Los análisis de la época concluyeron que los patrones sísmicos no correspondían a los típicos de un sistema volcánico activo, desviando la investigación hacia otras causas.
Más recientemente, un estudio publicado en 2018 sugirió la presencia de fallas geológicas en la zona, aunque estas estructuras parecen encontrarse más próximas a la costa de Gran Canaria que al área exacta del volcán de Enmedio. Esta hipótesis abre la puerta a la posibilidad de que el movimiento de placas tectónicas locales pueda estar generando esta actividad sísmica continua.
En ese mismo año, otra línea de investigación propuso una teoría diferente: el movimiento podría deberse a un ajuste hidrostático entre las islas de Tenerife y Gran Canaria. Según esta hipótesis, las dos islas estarían experimentando un acercamiento relativo causado por procesos de compensación isostática, lo que generaría tensiones en la corteza que se liberarían en forma de terremotos.
Esta diversidad de teorías científicas refleja la complejidad del sistema geológico canario y la necesidad de seguir investigando para comprender mejor los procesos que subyacen a esta actividad sísmica constante. El monitoreo continuo del IGN y la colaboración con instituciones científicas internacionales son fundamentales para avanzar en el conocimiento de estos fenómenos.
Implicaciones para la población
Aunque la magnitud del terremoto de este jueves no ha causado daños materiales significativos, su percepción generalizada entre la población recuerda la importancia de la preparación sísmica en Canarias. Las autoridades locales mantienen protocolos de actuación para eventos de mayor intensidad y realizan campañas de concienciación ciudadana sobre cómo actuar durante y después de un sismo.
La capacidad del IGN para detectar y reportar estos eventos en tiempo real demuestra la eficacia del sistema de vigilancia sísmica desplegado en la región. Esta infraestructura permite no solo alertar a la población, sino también recopilar datos valiosos para la investigación científica y la planificación territorial.
El archipiélago canario, formado por islas de origen volcánico, presenta una geología particularmente compleja donde conviven diferentes fenómenos geológicos. La distinción entre actividad sísmica volcánica y tectónica es crucial para una correcta evaluación del riesgo y una respuesta adecuada por parte de las autoridades.
Conclusiones
El terremoto de magnitud 4,1 registrado entre Tenerife y Gran Canaria este jueves pone de manifiesto la actividad sísmica constante que caracteriza a la zona del volcán de Enmedio. Aunque no está relacionado con la actividad del Teide, este evento recuerda que el archipiélago canario es una región geológicamente activa que requiere vigilancia constante.
La percepción del sismo en numerosos municipios de ambas islas demuestra que, a pesar de su epicentro marino, los terremotos de esta magnitud pueden ser claramente sentidos por la población. La ausencia de daños en este caso no debe llevar a la complacencia, sino reforzar la importancia de mantener sistemas de alerta temprana y protocolos de seguridad.
La investigación científica continúa buscando respuestas sobre el origen de esta sismicidad, con hipótesis que van desde fallas tectónicas hasta ajustes isostáticos entre las islas. Mientras tanto, el trabajo del IGN y las autoridades locales garantiza que la población esté informada y preparada para futuros eventos sísmicos en esta zona de alta actividad del Atlántico.