Alerta en el Teide: miles de terremotos en Tenerife generan preocupación

La isla ha registrado seis enjambres sísmicos en las últimas tres semanas, aunque los expertos del Involcan y el IGN aseguran que no hay riesgo de erupción volcánica inminente.

La isla de Tenerife vive momentos de inquietud. Durante las últimas tres semanas, el volcán Teide ha registrado una actividad sísmica inusual que ha activado todos los protocolos de vigilancia. Más de un millar de microsismos han sacudido las entrañas del macizo volcánico, generando una pregunta inevitable entre la población: ¿estamos ante el preludio de una erupción?

Este martes se produjo el sexto enjambre sísmico en lo que va de mes, un fenómeno que consiste en la sucesión de cientos de pequeños temblores en un área reducida y en un intervalo de tiempo corto. Desde el 1 de febrero, la actividad no ha cesado, con episodios que superan los 1.000 mini terremotos cada vez.

Los datos oficiales sitúan el epicentro de esta actividad en el oeste de Las Cañadas del Teide, a una profundidad de entre 8 y 10 kilómetros bajo la superficie. Es precisamente esta localización la que ha permitido a los científicos descartar, por el momento, cualquier riesgo volcánico inminente.

Luca D'Auria, director del Área de Vigilancia Volcánica del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), explica que este tipo de sismicidad no responde a los patrones habituales. 'No se trata de terremotos causados por el choque de placas tectónicas, sino por el movimiento de fluidos hidrotermales', detalla. Estos fluidos, compuestos por agua y dióxido de carbono en condiciones extremas de presión y temperatura, circulan por las fracturas subterráneas.

La peculiaridad de estos eventos radica en su origen. 'Es muy específico de zonas con volcanes activos, pero no implica actividad magmática en estos momentos', enfatiza D'Auria. Esta distinción es crucial: el magma no está movilizándose hacia la superficie, lo que descartaría una erupción inmediata.

El sismólogo Eduardo Suárez, del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, coincide en el diagnóstico. 'Los enjambres que estamos viendo son muy pequeños y no se asemejan a los patrones previos a erupciones como las de La Palma o El Hierro', afirma. Tenerife posee un sistema volcánico diferenciado, más complejo y maduro que el resto de archipiélagos volcánicos.

Un dato tranquilizador para los residentes es que la inmensa mayoría de estos movimientos son imperceptibles. 'Solo los registran los sensores sísmicos que hemos desplegado en la zona', reconoce D'Auria. La población no los siente porque su magnitud es extremadamente baja.

Esta capacidad de detección masiva es relativamente reciente. Los sistemas de monitorización instalados en las últimas dos décadas permiten captar fenómenos que antes pasaban desapercibidos. 'Quizás esta actividad ocurría también en el pasado, pero no teníamos la tecnología para medirla', argumenta el experto de Involcan.

La red de vigilancia del Teide está compuesta por más de 20 estaciones sísmicas de alta sensibilidad, incluyendo acelerómetros y sismómetros de banda ancha. Estos equipos pueden detectar movimientos de magnitud inferior a 1.0 en la escala de Richter, inaccesibles para la percepción humana. Los datos se transmiten en tiempo real al centro de control de Involcan en La Laguna, donde un equipo de vulcanólogos analiza los patrones 24 horas al día.

La actividad sísmica en el Teide no es nueva. Ya en 2016 se detectaron episodios similares, aunque con una frecuencia mucho menor. El aumento exponencial durante febrero de 2024 ha llamado la atención de la comunidad científica internacional.

Los expertos insisten en que la ausencia de terremotos sería más preocupante que su presencia. 'Es la actividad natural de una isla volcánica. Lo que realmente nos alarmaría sería un silencio sísmico prolongado', matiza Suárez. Los volcanes activos necesitan liberar energía de forma constante.

Para que exista una probabilidad real de erupción a corto o medio plazo —en semanas o meses— deberían coincidir varios factores. Los científicos establecen tres señales inequívocas: sismicidad sentida por la población, deformación significativa del terreno y aumento de emisión de gases. Ninguna de estas variables se está produciendo actualmente.

El terremoto registrado este miércoles en el mar, entre Tenerife y Gran Canaria, con magnitud 4.5, no tiene relación directa con esta actividad interna del Teide. Su origen es tectónico y responde a la compleja dinámica entre la placa africana y la euroasiática.

La población tinerfeña mantiene la calma, aunque la preocupación es lógica tras la experiencia reciente de La Palma. Las autoridades locales han reforzado la comunicación para evitar alarmismos innecesarios. 'La vigilancia es máxima, pero el riesgo de erupción es nulo en este momento', repiten los portavoces científicos.

El Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (PEVOLCA) mantiene el nivel de alerta en verde, lo que significa situación volcánica normal. No obstante, se han reforzado los equipos de campo y se ha aumentado la frecuencia de comunicados públicos. Los municipios de La Orotava, Santiago del Teide y Guía de Isora, los más cercanos al volcán, tienen actualizados sus protocolos de evacuación, aunque no se prevé necesitarlos.

El Teide, con sus 3.715 metros, es el pico más alto de España y el tercer volcán más grande del mundo. Su última erupción data de 1909, en el Chinyero. Desde entonces, ha permanecido en un estado de reposo activo, con constante actividad hidrotermal y gases emanando de sus fumarolas.

Los científicos continuarán monitorizando cada movimiento. La red de estaciones sísmicas de Involcan y el IGN funciona 24/7, analizando cada onda sísmica en tiempo real. Cualquier cambio en el patrón actual activaría los protocolos de alerta.

La experiencia de La Palma ha cambiado la percepción pública sobre la vulcanología en Canarias. Los ciudadanos demandan más información y transparencia. Los científicos, a su vez, han mejorado sus sistemas de comunicación, ofreciendo datos abiertos y conferencias de prensa regulares. Este diálogo constante entre la ciencia y la sociedad es fundamental para gestionar el riesgo sin generar alarma innecesaria.

La lección de estos días es clara: la tecnología nos permite ver lo que antes era invisible. Esta transparencia científica, lejos de generar pánico, debe servir para entender mejor los procesos naturales que conforman nuestra geografía. Tenerife vive sobre un volcán activo, y eso implica aceptar su actividad como parte de la vida cotidiana.

Por ahora, los vecinos pueden dormir tranquilos. Los terremotos continuarán, pero en el inframundo de los sismógrafos, lejos de las casas y las calles. El Teide vigila, los científicos también, y la isla continúa su ritmo habitual bajo la atenta mirada de uno de los volcanes más estudiados del planeta.

Referencias