Alerta en el Teide: más de 3.000 terremotos en Tenerife generan preocupación

Expertos del IGN Canarias analizan la actividad sísmica y llaman a la calma: los movimientos son imperceptibles y una erupción requiere señales más intensas

La isla de Tenerife experimenta en estos momentos una intensa actividad sísmica que ha puesto en alerta a la población y a las autoridades científicas. Desde el pasado miércoles, la red de vigilancia ha detectado aproximadamente tres mil movimientos telúricos en diferentes puntos del territorio insular, centrando la atención general en el volcán Teide, el pico más elevado del país y uno de los centros volcánicos más monitorizados del mundo.

Este fenómeno, conocido técnicamente como enjambre sísmico, ha activado de inmediato los protocolos de seguimiento del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias. Los equipos de investigación han desplegado su capacidad tecnológica completa para analizar cada señal y determinar si existe un riesgo real para los ciudadanos. La naturaleza inusual de esta concentración de temblores ha generado una legítima preocupación entre residentes y visitantes, quienes temen que pueda tratarse de los precursores de una erupción inminente.

Itahiza Domínguez, máximo responsable del IGN en el archipiélago, ha ofrecido una explicación detallada sobre los procesos que ocurren bajo la superficie. Según sus palabras, el magma acumulado en las cámaras profundas contiene gases a alta presión. Cuando este material en estado líquido sufre alteraciones en su equilibrio, comienza a liberar esos gases, generando ondas sísmicas de baja frecuencia que son precisamente lo que están captando los sismógrafos. Esta desgasificación es la explicación más plausible para la avalancha de microsismos registrada.

La naturaleza imperceptible de la actividad actual

El aspecto más tranquilizador de esta crisis sísmica radica en su carácter imperceptible. Los científicos han confirmado que la inmensa mayoría de estos eventos presentan magnitudes inferiores a uno en la escala de Richter, lo que los convierte en fenómenos inaccesibles a la sensibilidad humana e incluso difíciles de registrar para equipos menos precisos. Esta particularidad es crucial para evaluar el nivel de peligro real.

Los vulcanólogos mantienen una postura cautelosa pero firme: para que una erupción sea inminente, deberían producirse terremotos considerablemente más potentes, superiores a los 2,5 grados en la escala de Richter, y que además serían claramente perceptibles para cualquier persona. La ausencia de estos eventos de mayor intensidad constituye una señal alentadora desde la perspectiva científica. Como ha declarado Domínguez, "son eventos muy muy pequeños, de magnitud inferior a uno, no perceptibles por la población".

El marco geológico de Tenerife

La isla presenta una arquitectura volcánica compleja, con un sistema central que constituye una zona de debilidad cortical justo donde se alza el emblemático Teide. No obstante, los expertos advierten que una posible erupción no estaría necesariamente vinculada a esta ubicación concreta. La actividad magmática podría manifestarse en cualquier sector del complejo volcánico insular, como ha ocurrido en otras ocasiones históricas.

Los datos actuales indican que el proceso de desgasificación del magma está desarrollándose de forma horizontal en esa extensión central. Si el movimiento cambiara su trayectoria hacia la vertical, ascendiendo hacia la superficie, los instrumentos de medición detectarían deformaciones topográficas de forma inmediata. Esta variable es uno de los indicadores más fiables para predecir una erupción, y en este momento no se han constatado alteraciones significativas en la morfología del terreno.

Análisis probabilístico y contexto histórico

Los estudios de riesgo volcánico establecen que la probabilidad de erupción en Tenerife en los próximos 50 años es de aproximadamente el 35%. Esta cifra, lejos de generar alarma, refleja un riesgo moderado inherente a cualquier territorio con actividad volcánica latente. El archipiélago canario surgió precisamente de procesos eruptivos repetidos a lo largo de millones de años, por lo que esta situación forma parte de su naturaleza geológica.

Desde una perspectiva histórica, resulta significativo que no se registraran enjambres sísmicos de esta magnitud desde hace veinte años. La última erupción volcánica en la isla tuvo lugar hace más de un siglo, concretamente en el propio Teide. Este prolongado período de quietud dificulta la interpretación de los patrones actuales, ya que la escasez de registros históricos precisos impide establecer comparaciones sólidas.

Las limitaciones del registro histórico

Uno de los principales interrogantes para la comunidad científica reside en la falta de registros instrumentales anteriores. Como explica el director del IGN en Canarias, "no sabemos si anteriormente la teníamos porque no teníamos instrumentos. O sea que, a efectos geológicos, no sabemos si esto es algo que suele producirse en la isla o no". Esta afirmación revela las limitaciones de la vulcanología moderna cuando carece de series temporales extensas y fiables.

La tecnología actual permite identificar fenómenos que antes permanecían ocultos, lo que plantea nuevas preguntas sobre la normalidad de estos procesos. Es factible que los enjambres sísmicos sean más frecuentes de lo que se creía, pero anteriormente no disponíamos de las herramientas adecuadas para captarlos. Esta situación obliga a los científicos a ser prudentes a la hora de interpretar datos sin un contexto histórico completo.

Sistema de vigilancia y medidas de seguridad

Ante esta situación, los organismos científicos han reforzado la monitorización del volcán. La red de sismógrafos, estaciones GPS y sensores de gas opera las veinticuatro horas del día para captar cualquier variación en los patrones de actividad. Este sistema de alerta temprana es capaz de detectar cambios mínimos que podrían indicar una evolución del proceso.

La ciudadanía ha recibido instrucciones claras sobre los procedimientos a seguir en caso de que la situación se modifique, aunque por el momento no existe ninguna recomendación especial fuera de la normalidad. Las autoridades mantienen abiertos los canales de comunicación para prevenir la desinformación y el alarmismo innecesario, promoviendo el acceso a información verificada y contrastada.

Evaluación del riesgo actual

El fenómeno sísmico en Tenerife, aunque sorprendente por su volumen, no constituye en este momento una amenaza inminente. Los expertos coinciden en que la actividad actual es un proceso natural de desgasificación magmática que no reúne las condiciones necesarias para desencadenar una erupción. La falta de terremotos perceptibles y la ausencia de deformaciones en el terreno son indicadores fundamentales que apuntan a una situación controlada.

No obstante, la vigilancia se mantiene en niveles máximos. La naturaleza volcánica de Canarias exige un respeto permanente y una preparación adecuada, pero sin caer en el pánico. Los científicos continuarán analizando cada señal, con la certeza de que cualquier cambio significativo será detectado con antelación suficiente para activar los protocolos de protección civil.

Perspectivas futuras

Mientras tanto, los habitantes de Tenerife y el resto del archipiélago pueden continuar con su vida diaria con normalidad, conscientes de que habitan en un entorno volcánicamente activo pero perfectamente monitorizado por los mejores expertos del país. La experiencia adquirida con episodios recientes en otras islas, como La Palma, ha permitido perfeccionar los sistemas de predicción y respuesta.

La comunidad científica seguirá de cerca la evolución de estos eventos, comparando datos con modelos teóricos y con otros volcanes similares en el mundo. Cada terremoto, por pequeño que sea, aporta información valiosa sobre el estado del sistema volcánico y ayuda a mejorar los modelos predictivos para el futuro.

El mensaje final es claro: precaución, pero no alarma. La actividad sísmica es un recordatorio de que vivimos en un planeta dinámico, donde los procesos geológicos continúan activos. El conocimiento científico y la tecnología moderna son nuestras mejores herramientas para convivir con estos fenómenos de forma segura y responsable.

Referencias