Coachella 2025: Lady Gaga, Post Malone y Green Day lideran el festival

Descubre los horarios, artistas confirmados y la reducida representación latina en la edición 26 del célebre evento californiano

El Empire Polo Club de Indio, California, se prepara para acoger una nueva edición del festival de música más influyente del planeta. Coachella 2025 arranca este viernes 11 de abril con una expectación sin precedentes, consolidándose como el evento cultural de referencia para más de 125.000 asistentes por jornada. Durante dos fines de semana consecutivos, el desierto californiano se convertirá de nuevo en el epicentro mundial de la música en directo, con un cartel encabezado por tres figuras de primer nivel: Lady Gaga, Post Malone y Green Day. La vigésimo sexta entrega del festival promete ser una experiencia única, aunque con una presencia latina notablemente inferior a ediciones anteriores, marcando un cambio de tendencia en la programación del evento. La cita se extenderá hasta el domingo 13 de abril, para retomar del 18 al 20 del mismo mes, ofreciendo cuatro días intensos de música, arte y cultura contemporánea en un entorno incomparable. La organización ha diseñado una experiencia multidimensional donde los escenarios principales conviven con instalaciones artísticas y propuestas gastronómicas de primer nivel, creando un ecosistema cultural que trasciende lo musical. La primera jornada establecerá el tono con la presentación en primicia del nuevo álbum de Lady Gaga, mientras que los asistentes podrán disfrutar de más de cien actuaciones distribuidas entre los diferentes escenarios del recinto. La complejidad logística del evento requiere una planificación meticulosa por parte del público, que debe seleccionar cuidadosamente qué conciertos priorizar ante la superposición de horarios y la distancia entre escenarios. La edición de 2025 introduce novedades en la distribución espacial y mejora la conectividad del recinto, respondiendo a las demandas de los asistentes de ediciones anteriores. La sostenibilidad también ocupa un lugar central en esta edición, con iniciativas para reducir la huella de carbono y fomentar el transporte compartido entre los festivales. La representación latina, aunque más contenida en número, presenta una diversidad estilística notable que refleja la evolución de los géneros hispanos en la escena global. Desde la propuesta clásica de Gustavo Dudamel hasta el trap argentino y los corridos tumbados mexicanos, el abanico estilístico demuestra la riqueza creativa de la región. La cancelación de Anitta, anunciada hace quince días, ha generado cierta controversia entre el público latino, aunque la organización ha sabido reforzar el cartel con alternativas sólidas que mantienen el interés del público hispanohablante. La artista brasileña, que había preparado una puesta en escena espectacular, se vio obligada a renunciar por motivos personales que no ha detallado públicamente, dejando un vacío que los organizadores han intentado cubrir con la ampliación de horarios de otros artistas latinos. La programación del viernes 11 de abril sitúa a Lady Gaga como gran protagonista de la noche, con un horario privilegiado en el escenario principal. Su actuación, prevista para las 23:10 hora local, servirá como plataforma de lanzamiento mundial de su nuevo material discográfico, generando una expectación que supera cualquier otra propuesta del festival. La artista estadounidense, multipremiada y con una trayectoria impecable, regresa a Coachella después de su memorable actuación en 2017, prometiendo un show renovado y acorde con su nueva etapa artística. Dos horas antes, a las 21:10, Missy Elliott tomará el mismo escenario, ofreciendo una masterclass de rap y hip-hop con décadas de influencia en la cultura urbana. La presencia de la veterana artista supone un reconocimiento a su legado y un regalo para los amantes del género. A las 19:10, Benson Boone, una de las revelaciones del momento, abrirá la noche principal con su pop alternativo que ha conquistado a la generación Z. En el escenario Gobi, los argentinos Ca7riel y Paco Amoroso representarán el trap latino a las 21:30, ofreciendo una visión cruda y auténtica del movimiento urbano de Buenos Aires. Su actuación coincide con el horario de Missy Elliott, obligando a los asistentes a elegir entre dos propuestas de gran calidad. El sábado 12 de abril presenta una jornada equilibrada entre rock, clásica y electrónica. Gustavo Dudamel y la Filarmónica de Los Ángeles ofrecerán una experiencia sinfónica a las 18:25 en el Outdoor Theatre, demostrando que la música clásica tiene cabida en el contexto festivalero. Esta iniciativa refuerza el carácter transversal de Coachella, abriendo puertas a nuevos públicos. Charlie XCX actuará a las 19:10 en el escenario principal, preparando el terreno para la explosión rockera de Green Day a las 21:05. La banda californiana, pionera del punk rock de los noventa, cerrará su noche con un repertorio de clásicos que resonarán en el desierto. La medianoche del sábado pertenecerá a Travis Scott, quien ofrecerá su particular visión del trap y el hip-hop en una de las actuaciones más esperadas del festival. El domingo 13 de abril, último día del primer fin de semana, comenzará con los beats de Tiësto a las 19:00 en el escenario Quasar, marcando el inicio de una noche electrónica. La venezolana Arca, radicada en Barcelona, tomará el relevo con su propuesta vanguardista que fusiona electrónica, noise y experiencias sonoras disruptivas. Su actuación representa la apuesta más arriesgada de la programación, dirigida a un público conectado con las vanguardias musicales. Los mexicanos Iván Cornejo y Junior H llevarán los corridos tumbados al escenario Sonora a las 17:35, ofreciendo una visión contemporánea del regional mexicano que ha conquistado a las nuevas generaciones. El reguetón mexicano de El Malilla y la propuesta híbrida de la española Judeline, que mezcla flamenco, R&B y ritmos árabes, completan el panorama latino del domingo. La artista ibérica actuará a las 16:45 en el escenario Gobi, demostrando la internacionalización de los sonidos urbanos peninsulares. La distribución de escenarios refleja la jerarquía del festival, con el escenario Coachella como principal, seguido por Outdoor Theatre, Gobi, Sonora y Quasar. Cada espacio ofrece una experiencia acústica y visual diferenciada, adaptada a los requerimientos de cada género. La organización ha implementado un sistema de pantallas gigantes y sonido envolvente que garantiza la calidad de la experiencia incluso en las zonas más alejadas. La logística de transporte entre escenarios requiere considerar distancias de hasta quince minutos caminando, factor crucial a la hora de planificar el itinerario personal. La venta de entradas, agotada desde hace semanas, refleja la consolidación de Coachella como evento de referencia mundial. Los precios, que oscilan entre los 500 y los 1.200 dólares según el tipo de pase, no han desincentivado la demanda de un público dispuesto a invertir en la experiencia completa. La reventa online ha alcanzado cifras astronómicas, con entradas triplicando su valor original en plataformas secundarias. La transmisión en vivo, a través de YouTube y otras plataformas asociadas, permitirá a millones de espectadores seguir las actuaciones principales desde sus hogares. Esta estrategia de difusión global ha sido clave en la expansión de la marca Coachella más allá de las fronteras físicas del festival. La cobertura mediática incluye transmisiones en 4K, entrevistas exclusivas y contenido detrás de escenas que enriquece la experiencia del televidente. La edición 2025, con su particular configuración artística, establece un nuevo paradigma en la programación del festival. La reducción de la presencia latina, compensada con una mayor diversidad estilística dentro de los artistas hispanos seleccionados, sugiere una estrategia de curaduría más exigente y orientada a la calidad sobre la cantidad. Este enfoque, que podría generar debate entre el público latino, refleja la madurez de Coachella como institución cultural capaz de definir tendencias globales. La experiencia completa del festival trasciende la mera asistencia a conciertos, convirtiéndose en un ritual de pertenencia generacional y un statement cultural que define la identidad de sus asistentes. La moda, el arte callejero y la gastronomía forman parte integral de la propuesta, creando un microcosmos donde la música actúa como aglutinante de una experiencia sensorial total.

Referencias