El Palacio Real de Madrid acogió este miércoles 26 de noviembre un evento de gran relevancia protocolaria: la cena de gala en honor del presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y su esposa, Elke Büdenbender. La ocasión, enmarcada dentro de una visita de Estado de máximo nivel diplomático, sirvió para que la reina Letizia recuperara una de las piezas más valiosas del patrimonio joyero de la Corona española: la tiara Cartier, una diadema que no veía la luz en un acto oficial desde hacía más de siete años.
La presencia de esta emblemática joya no pasó desapercibida para los asistentes ni para los medios especializados en realeza. Se trata de una pieza con más de un siglo de historia, creada en 1907 por la casa francesa Cartier por encargo de la reina Victoria Eugenia, consorte de Alfonso XIII. Su diseño, considerado una obra maestra del estilo art déco, combina elementos egipcios con la tradición monárquica europea, centrándose en una flor de lis rodeada por dos diamantes de excepcional tamaño, todo montado sobre una estructura de platino.
La diadema posee además siete perlas notables, que en la actualidad sustituyen a las esmeraldas originales que pertenecieron a Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia y esposa de Napoleón III. Esta transformación en la composición de la pieza añade una capa adicional de interés histórico, conectando diferentes linajes reales europeos a través de las gemas.
El valor simbólico de la tiara trasciende su mero aspecto material. Durante décadas, fue una de las favoritas de la reina Sofía, quien la lució en innumerables ocasiones de gran relevancia internacional. La reina emérita consideraba esta pieza como una de las más significativas del archivo joyero de la Familia Real, lo que la convirtió en un referente visual de su etapa como consorte.
La última vez que la diadema había sido utilizada en un contexto oficial fue en abril de 2018, también en una cena de gala en el Palacio Real, pero con motivo de la visita del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa. En aquella ocasión, la reina Letizia combinó la tiara con un vestido azul marino de la diseñadora española Ana Locking, caracterizado por su corte sirena, mangas largas y un escote redondo adornado con perlas bordadas que dialogaban con las gemas de la diadema.
Aquella aparición de 2018 fue interpretada por expertos en protocolo y comentaristas reales como un guiño simbólico hacia la reina Sofía, con quien la relación había atravesado un momento de tensión pública apenas días antes, durante la misa de Pascua en la catedral de Palma de Mallorca. El gesto de lucir la joya favorita de su suegra fue visto como una señal de distensión y respeto hacia la figura de la reina emérita.
Ahora, siete años después, la reina Letizia ha vuelto a optar por esta misma pieza en un contexto igualmente significativo. La visita del presidente Steinmeier representa uno de los actos diplomáticos más importantes del año para España, y la elección de la tiara no parece casual. Algunas voces cercanas a la Casa Real sugieren que podría tratarse de otro gesto de reconocimiento hacia la reina Sofía, quien la semana anterior recibió el Toisón de Oro de manos de su hijo, el rey Felipe VI, en una ceremonia que marcó un hito en la consolidación de la institución monárquica.
La jornada del miércoles comenzó con los honores militares correspondientes a un jefe de Estado en el Palacio Real, donde el rey Felipe VI y la reina Letizia recibieron al matrimonio alemán. Tras el ceremonial de bienvenida, ambas parejas compartieron un almuerzo en el Palacio de la Zarzuela, residencia oficial de la Familia Real, antes de regresar al escenario oficial para la cena de gala nocturna.
Para esta ocasión, la reina Letizia optó por un look sobrio y elegante que ponía el foco en la diadema. Llevó un vestido oscuro con bordados de pedrería en los hombros, complementado con unas sandalias de plataforma y tacón ancho de la firma Martinelli x Redondo, una elección que equilibraba la solemnidad del evento con un toque de modernidad.
La visita de Estado del presidente alemán concluirá este viernes con una escala simbólica en Gernika, donde Steinmeier rendirá homenaje a las víctimas del bombardeo de 1937 durante la Guerra Civil española. Este desplazamiento a la localidad vasca subraya el compromiso de Alemania con la memoria histórica y la reconciliación, temas que han marcado la agenda bilateral durante esta visita.
El protocolo de Estado exige un nivel de excelencia en cada detalle, y la elección de joyas es una parte fundamental del mensaje que la monarquía quiere transmitir. La tiara Cartier no es solo una pieza de valor incalculable, sino un símbolo de continuidad histórica que conecta generaciones de la realeza española. Su reaparición en un momento de máxima exposición internacional demuestra la capacidad de la reina Letizia para utilizar el patrimonio institucional con intencionalidad política y simbólica.
La diadema también ha sido utilizada por otros miembros de la Familia Real. La infanta Cristina la lució en 2010 durante la boda de la princesa Victoria de Suecia con Daniel Westling, mostrando así la versatilidad de la pieza y su papel como elemento de representación dinástica en eventos internacionales.
En el contexto actual, donde la monarquía española busca consolidar su papel como referente de estabilidad institucional, la recuperación de joyas históricas adquiere una dimensión estratégica. Cada aparición de piezas como la tiara Cartier refuerza la narrativa de una corona con raíces profundas en la historia europea, capaz de adaptarse a los tiempos actuales sin perder su esencia.
La combinación de la diadema con un diseño español contemporáneo, como el vestido de la cena, refleja la dualidad que caracteriza a la reina Letizia: respeto por la tradición y apoyo al talento nacional. Esta síntesis entre pasado y presente es precisamente lo que distingue su estilo y la convierte en una de las figuras más observadas de la realeza internacional.
Con esta aparición, la reina no solo ha honrado a sus invitados alemanes con el máximo nivel de protocolo, sino que también ha enviado un mensaje sutil pero poderoso sobre la cohesión de la Familia Real y la continuidad de la institución. La tiara Cartier, lejos de ser un mero accesorio, se ha convertido en un instrumento de comunicación diplomática y familiar, cargado de significados que trascienden su belleza material.