Con paso firme pero humilde, los ojos brillando de emoción contenida, José Ramón Soroiz subió al escenario del Auditorio Fórum CCIB de Barcelona para recibir el premio más codiciado del cine español. A sus 75 años, el actor nacido en Legorreta hizo historia al convertirse en el primer intérprete vasco en ganar el Goya a Mejor Actor Protagonista por su magistral interpretación en la película 'Maspalomas'. La estatuilla dorada brilló en sus manos mientras el público entregado le tributaba una de las ovaciones más largas y sentidas de la noche.
La ceremonia de la 40ª edición de los Premios Goya, celebrada este sábado, vivió uno de sus momentos más emotivos cuando el nombre de Soroiz resonó por los altavoces. La ovación del público fue prolongada y sincera, un reconocimiento no solo a una actuación excepcional, sino a toda una vida dedicada al arte de la interpretación con oficio, honestidad y discreción. En una gala llena de estrellas y producciones de gran presupuesto, el triunfo de este actor de trayectoria silenciosa recordó que el talento genuino siempre encuentra su espacio.
En 'Maspalomas', dirigida por los cineastas Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, Soroiz da vida a Vicente, un hombre de edad avanzada que, tras disfrutar de su libertad en la isla de Gran Canaria, se ve obligado a regresar a su ciudad natal. Allí debe enfrentarse a la soledad y al silencio de una residencia para personas mayores. Se trata de un papel de enorme delicadeza, contenido emocional y luminosidad interior, que ha conmovido tanto a la crítica como al público. La película, rodada en locations reales de la isla y en territorio vasco, captura la dualidad entre la libertad encontrada y la constricción social.
El discurso de agradecimiento del actor fue uno de los momentos más destacados de la noche. Visiblemente conmovido, Soroiz alternó entre el euskera y el castellano, mostrando sus raíces y su identidad sin complejos. 'Eskerrik asko', repetía con la voz entrecortada por la emoción, agradeciendo primero a la Academia de Cine el honor recibido. Luego se volvió hacia los directores: 'A Joxemari y Aitor, este premio es vuestro y del equipo', reconociendo el trabajo colectivo detrás del éxito y la importancia de la dirección en su interpretación.
La emoción llegó a su punto álgido cuando confesó abiertamente: 'Es maravilloso lo que me está pasando con Maspalomas. No se me olvidará nunca ni quiero que se me olvide'. Sus palabras 'Me habéis hecho muy feliz, y espero que todos los Vicentes del mundo lo sean' conmovieron al auditorio, que respondió con un nuevo aplauso espontáneo y universal. En ese instante, el actor no solo hablaba por sí mismo, sino por todos los personajes silenciosos que pueblan las historias del cine español.
En un gesto íntimo y cercano, Soroiz dedicó unas palabras a su familia: 'Cristina, Blas, os quiero', antes de cerrar su intervención con generosidad: 'A todos los que os habéis alegrado por mí, en parte este premio es vuestro'. Esta última frase resume la filosofía de un artista que entiende el éxito como un bien compartido, no como una conquista individual.
Este galardón supone un hito histórico para el cine vasco. Nunca antes un actor de Euskadi había conseguido la estatuilla en la categoría de protagonista, lo que convierte este momento en un punto de inflexión para la industria cinematográfica de la región. Soroiz, con su trayectoria silenciosa pero constante, ha abierto una puerta para las futuras generaciones de intérpretes vascos que sueñan con el reconocimiento nacional sin renunciar a su identidad.
La carrera de José Ramón Soroiz es un ejemplo de perseverancia y pasión. Desde sus inicios en el teatro, pasando por múltiples roles en televisión, hasta consolidarse como un rostro querido y respetado en el cine, su camino ha estado marcado por la profesionalidad y el compromiso con cada personaje. No ha sido una carrera construida sobre el glamour o la fama efímera, sino sobre el trabajo diario, la verdad escénica y la conexión auténtica con el público. Cada papel, por pequeño que fuera, ha sido una oportunidad para demostrar su oficio.
Su interpretación de Vicente en 'Maspalomas' ha sido definida por la crítica internacional como una lección de contención y profundidad emocional. El actor logra transmitir toda la complejidad de un personaje que enfrenta el ocaso de su vida con dignidad, pero también con una lucha interna por mantener su identidad y libertad en un entorno que tiende a la homogeneización y el olvido. Su mirada, sus gestos mínimos, su voz modulada, todo contribuye a crear un personaje memorable y universal.
Los directores de la película, Goenaga y Arregi, han sabido capturar la esencia de una historia universal a través de la mirada particular de Vicente. La película no solo aborda el envejecimiento y la soledad, sino que también reflexiona sobre la identidad, la pertenencia y la búsqueda de significado en las etapas finales de la vida. La colaboración entre el dúo directorial y Soroiz ha resultado en una sinergia excepcional que trasciende la pantalla.
La victoria de Soroiz en los Goya 2026 también pone de relieve la importancia de las coproducciones vascas en el panorama cinematográfico nacional. Cada vez son más las producciones que surgen desde Euskadi con historias que resuenan más allá de sus fronteras, y este premio sirve como reconocimiento a ese esfuerzo creativo colectivo. El apoyo de instituciones como el Gobierno Vasco y ETB ha sido fundamental para que proyectos como 'Maspalomas' vean la luz.
El actor, conocido por su discreción y lejanía de los focos mediáticos, ha demostrado que es posible mantener la integridad artística y alcanzar el éxito sin renunciar a los principios. Su modelo de carrera contrasta con el culto a la celebridad imperante, ofreciendo una alternativa basada en el respeto al oficio y la entrega total al personaje. En una época de redes sociales y sobreexposición, su ejemplo resulta especialmente valioso.
Durante la rueda de prensa posterior a la ceremonia, Soroiz mantuvo la misma humildad que mostró en el escenario. 'No esperaba esto', reconoció, 'pero estoy profundamente agradecido'. Sus compañeros de profesión destacaron su generosidad en el set de rodaje y su capacidad para hacer mejor a quienes le rodean, creando un clima de trabajo excepcional que se refleja en la calidad final del filme.
El premio también ha generado una ola de celebración en su Legorreta natal, donde vecinos y autoridades han mostrado su orgullo por el logro del actor más ilustre del municipio. El ayuntamiento ha anunciado que prepara un homenaje local para reconocer su trayectoria y este hito histórico, que servirá de inspiración para jóvenes artistas de la comarca que sueñan con seguir sus pasos.
Con este Goya, José Ramón Soroiz no solo consagra una interpretación memorable, sino que también envía un mensaje poderoso sobre la validez de las historias maduras, la representación de las personas mayores en el cine y la riqueza de las narrativas que surgen desde las diferentes sensibilidades culturales de España. Su triunfo es un llamado a la industria para que valore la diversidad de voces y experiencias.
La noche de los Goya 2026 quedará marcada por este momento de autenticidad y emoción, donde un actor de 75 años, con acento vasco y corazón generoso, recordó a toda la industria que el cine, en su esencia, sigue siendo un arte capaz de conectar lo particular con lo universal, lo local con lo global. Su presencia en el escenario fue una lección de humildad y grandeza que trascenderá el tiempo.
El premio de Soroiz es, en definitiva, una victoria para el cine de autor, para las historias que se cuentan con honestidad y para todos aquellos actores que trabajan en las sombras, lejos de la fama, pero cerca del corazón del público. Su Vicente será recordado no solo como un personaje, sino como un símbolo de dignidad y libertad en la tercera edad, y su nombre quedará grabado en la historia del cine vasco.