La música mundial ha perdido a una de sus voces más emblemáticas. Jimmy Cliff, el pionero del reggae que abrió las puertas del género al mundo, falleció a los 81 años. Su esposa, Latifa Chambers, confirmó la noticia en redes sociales con un emotivo mensaje: “A sus fans de todo el mundo, quiero que sepan que el apoyo de sus seguidores fue su fuerza a lo largo de toda su carrera... Jimmy, mi amor, descansa en paz. Seguiré tus deseos”. Su partida marca el fin de una era, pero su legado perdurará en cada nota de sus canciones y en cada escena de su icónica película Caiga quien caiga.
Nacido como James Chambers en 1944 en la parroquia de Saint James, Jamaica, Cliff creció en un entorno profundamente religioso, hijo de un predicador devoto de la música góspel. Desde joven, sintió la llamada de la música. Aún adolescente, recorrió más de 200 kilómetros hasta Kingston, la capital, con una beca para estudios profesionales —pero con un sueño secreto: convertirse en cantante. Su audacia le llevó a presentarse en la puerta de la tienda de discos Beverley’s, donde interpretó su propia canción, Dearest Beverley. Ese gesto llamó la atención de Leslie Kong, un empresario que vio en él un talento único y decidió convertirse en su productor.
Juntos, lanzaron éxitos como Hurricane Hattie y Miss Jamaica, que sentaron las bases de una carrera internacional. Cliff no solo cantaba: también descubrió talentos. Fue él quien, con ojo de cazatalentos, se fijó en un trío llamado los Wailers —formado por Bob Marley, Bunny Wailer y Peter Tosh—, ayudando a darles su primer impulso profesional.
La alianza entre Kong y Chris Blackwell, fundadores de Island Records, fue clave para llevar el sonido jamaicano a Europa. En 1965, Cliff se trasladó a Londres, donde se adaptó al panorama musical británico sin perder su esencia caribeña. Grabó temas que trascendieron fronteras, como Wonderful World, Beautiful People y Vietnam, canciones que mezclaban optimismo y compromiso social. También interpretó Wild World, de Cat Stevens, con quien colaboró en el tema Trapped —más tarde popularizado por Bruce Springsteen—, demostrando su versatilidad y su capacidad para conectar con distintos estilos.
Pero fue en 1972 cuando Cliff alcanzó la fama mundial al protagonizar The Harder They Come —conocida en España como Caiga quien caiga—, una película que retrataba la dura realidad del mundo del espectáculo en Jamaica. Su interpretación del personaje Ivanhoe Martin, un músico que lucha contra un sistema opresor, fue aclamada por la crítica. La banda sonora, que incluía temas como You Can Get It If You Really Want y The Harder They Come, se convirtió en un fenómeno global y ayudó a posicionar el reggae como género internacional.
Cliff no se limitó a la música. Su trayectoria cinematográfica incluyó varias películas, y su figura se convirtió en símbolo del artista del Tercer Mundo. Su búsqueda espiritual lo llevó a África, donde, en un giro inesperado, se convirtió al islam —una etapa más en su constante exploración de la fe—. Allí también entabló amistad con Thomas Sankara, el visionario presidente de Burkina Faso, reflejando su compromiso con las causas sociales y políticas.
A lo largo de su carrera, Cliff supo navegar entre géneros y mercados. Aunque algunos puristas del reggae lo criticaron por su enfoque comercial, él siempre defendió la universalidad de sus letras y su claridad vocal. Colaboró con artistas tan diversos como los Rolling Stones, Kool & the Gang y Tim Armstrong de Rancid, demostrando que su música no tenía límites. Su paso por sellos como EMI, Warner y CBS refleja su capacidad para mantenerse relevante en una industria cambiante.
Más allá de los éxitos, Jimmy Cliff fue un hombre humilde, afable y afortunado. Reconocía que su trayectoria era excepcional en un mundo donde la música caribeña no siempre era comprendida fuera de sus fronteras. Su sonrisa, su energía y su voz clara lo convirtieron en un embajador natural del reggae, un género que él ayudó a globalizar antes incluso de que Bob Marley lo llevara a las masas.
Hoy, su legado sigue vivo en cada versión de sus canciones, en cada joven que descubre I Can See Clearly Now o en cada cineasta que se inspira en Caiga quien caiga. Jimmy Cliff no solo fue un músico: fue un pionero, un actor, un buscador espiritual y un símbolo de resistencia y esperanza. Su música, con su mensaje de resiliencia y justicia social, sigue siendo tan relevante hoy como lo fue hace cincuenta años. Descansa en paz, leyenda.