Ciudad sin sueño: un western urbano sobre la pérdida y la identidad

La Cañada Real como escenario de un drama adolescente que desafía el cine social tradicional y se convierte en una odisea íntima y cruda.

En octubre de 2020, mientras Madrid se preparaba para un nuevo confinamiento por la pandemia, un barrio invisible se quedó sin luz. La Cañada Real, asentamiento de 4.000 personas —casi la mitad niños—, se sumió en la oscuridad. Cinco años después, la electricidad sigue siendo un lujo. La prensa ha desviado la mirada, pero el cine ha decidido mirar de frente. Y lo ha hecho con una obra que desafía las expectativas: 'Ciudad sin sueño', dirigida por Guillermo Galoe, no es un documental de miseria, sino una odisea adolescente envuelta en el lenguaje del western y la poesía urbana.

Galoe, que ya exploró este entorno en su cortometraje 'Aunque es de noche', no busca conmover con lágrimas ni condenar con estadísticas. Su objetivo es más profundo: contar historias. Historias que se transmiten de boca en boca, que se viven en las calles, que se esconden tras risas forzadas y filtros de móvil. Y, sobre todo, la historia de Tonino, un chico que crece en un mundo donde la libertad es una ilusión y la tradición, una prisión.

Toni vive entre dos mundos. Por un lado, el de la calle: el trapicheo, la galga que lo sigue a todas partes, los amigos que desaparecen sin dejar rastro, los primeros amores que se rompen antes de nacer. Por otro, el de la ciudad: una vida apática, sin emociones intensas, pero también sin dolor. Es un adolescente atrapado entre la tradición gitana y la modernidad que lo rechaza, entre la alegría desbordante de su familia y la miseria que parece destinada a repetirse.

Lo que hace único a 'Ciudad sin sueño' es su forma de contar. Galoe no cae en el misery porn, ese cine que se alimenta de la pobreza para provocar lástima. En su lugar, construye un universo visual y emocional donde la violencia, el humo, los gritos y el fuego no son espectáculo, sino parte del paisaje cotidiano. La película no subraya la herida social; la deja abierta, como una llaga que no se cura, pero que tampoco se ignora.

Toni no es un héroe convencional. Es un chico que juega con su móvil, que se ríe con su mejor amigo, que recoge chatarra como si fuera un juego. Pero también es alguien que, al perderlo todo, se ve obligado a recuperar algo: no un objeto, sino su identidad. Su viaje es el de un pistolero en su ocaso, con cigarrillos en lugar de balas, con generadores eléctricos que funcionan a patadas en lugar de caballos.

El guion, aparentemente rudo, es en realidad de una sutilidad emocional extraordinaria. No necesita escenas de llanto ni música dramática para transmitir dolor. Lo hace con silencios, con miradas, con gestos mínimos que cargan un peso enorme. Cada diálogo, cada paso, cada decepción, es una pieza de un rompecabezas que no tiene solución, pero que sigue siendo fascinante de observar.

La película también dialoga con otras obras del cine español contemporáneo, como 'Madrid, Ext' de Juan Cavestany. Mientras Cavestany despedía el Madrid clásico, Galoe se despide de la Cañada Real, un lugar que la sociedad parece decidida a borrar. Pero lo hace sin lágrimas, sin lamentos, sino con una reflexión dolorosa sobre la madurez, sobre lo que significa crecer en un entorno que no te da espacio para soñar.

'Ciudad sin sueño' se estrenó en el Festival de Cannes, donde fue una de las grandes triunfadoras en la Semana de la Crítica. Su éxito no es casualidad. Es el reconocimiento a un cine que se atreve a mirar sin piedad, pero también con ternura, a los rincones más olvidados de la sociedad. Es un cine que no busca soluciones, sino que plantea preguntas. Preguntas sobre la identidad, sobre la pérdida, sobre lo que significa ser joven en un mundo que no te espera.

Si buscas una película que te haga llorar con música de violines, esta no es para ti. Pero si estás dispuesto a sumergirte en un mundo crudo, auténtico, lleno de contradicciones y belleza, 'Ciudad sin sueño' te recompensará en cada escena. Porque no es solo una historia sobre la Cañada Real. Es una historia sobre todos nosotros: sobre lo que perdemos, sobre lo que nos queda, sobre lo que somos cuando nadie nos mira.

Referencias