El derbi catalán entre el RCD Espanyol y el FC Barcelona dejó más interrogantes que respuestas en el centro del campo blaugrana, especialmente en torno a la figura de Frenkie de Jong. Con la ausencia inicial de Pedri, quien arrastraba una sobrecarga muscular, Hansi Flick depositó su confianza en el neerlandés para liderar el engranaje medular. Sin embargo, lo que se vio sobre el césped del estadio fue una actuación discreta, marcada por la falta de determinación y errores conceptuales que casi cuestan caro al equipo visitante.
Desde el pitido inicial, el mediocentro mostró una versión alejada de la que se espera de un futbolista de su calibre. Su labor en la salida de balón se caracterizó por una evidente indecisión, optando constantemente por los pases seguros hacia la línea de zaga en lugar de buscar la progresión hacia las zonas avanzadas. Esta actitud conservadora permitió al Espanyol organizarse cómodamente, cerrando espacios y esperando su oportunidad para lanzar el contraataque. Mientras jugadores como Lamine Yamal o Marcus Rashford pedían balones en las bandas para desequilibrar, De Jong permanecía anclado en una dinámica lenta y predecible.
La verticalidad, esa cualidad tan necesaria en el juego moderno, brillar por su ausencia en las botas del neerlandés. En múltiples ocasiones tuvo la opción de filtrar pases entre líneas para romper el bloque defensivo perico, pero prefirió la comodidad del toque horizontal. Esta falta de ambición en la construcción provocó que el Barcelona se estancara en fase ofensiva, sin poder perforar el muro blanquiazul durante la primera mitad. Los dos únicos avisos previos al descanso llegaron de las botas de Lamine Yamal, quien intentó despertar al equipo con disparos lejanos que no encontraron portería.
El momento más simbólico de su actuación llegó en una jugada clarísima de gol. Tras una excelente combinación por la banda, el joven extremo le sirvió el balón en bandeja en el borde del área pequeña. Con el arco a su merced, De Jong optó por un innecesario pase de tacón que no encontró a ningún compañero, desvaneciendo la única ocasión clara del primer tiempo y regalando un saque de esquina. Esta decisión, más propia de un exhibicionista que de un mediocentro eficiente, resume a la perfección su tarde desacertada.
En fase defensiva, las carencias del futbolista fueron aún más evidentes. El Espanyol basó su estrategia en ceder la posesión y salir en tromba al contraataque, explotando precisamente los espacios que De Jong dejaba desprotegidos. Su posicionamiento era errático, y su intensidad al recuperar, cuestionable. Éric García, el defensa de Martorell, se vio sobrepasado en numerosas transiciones porque el escudo de la sala de máquinas simplemente no existía. El mediocentro no ofrecía el apoyo necesario, dejando a sus compañeros en situaciones de inferioridad numérica ante la avalancha espanyolista.
La presión barcelonista, lejos de ser un muro sólido, se desmoronaba con facilidad como un castillo de naipes. Cada pérdida de balón en zona comprometida se convertía en una ocasión de peligro para la meta defendida por el portero. La falta de intensidad del número 21 fue un lastre constante que obligó a los centrales a salir de su zona de confort repetidamente, desgastando a una defensa que ya sufría por las bandas.
El cambio de guion llegó en la segunda mitad con la entrada de Pedri y Fermín López. El canario, aunque no al cien por cien físicamente, aportó la claridad que faltaba. Su visión de juego y su capacidad para asociarse en espacios reducidos desatascaron el ataque barcelonista. Por su parte, Fermín se mostró incisivo, vertical y desequilibrante, justo lo que se le había exigido a De Jong durante la primera parte. La comparación fue inevitable y demoledora para el neerlandés: mientras los canteranos dinamizaban el juego, el capitán había permanecido anclado en la mediocridad.
El golpe final llegó en los instantes decisivos, cuando Fermín López desató la vorágine con su energía desbordante. El joven mediocentro se mostró en todas partes, recuperando, asistiendo y llegando a la frontal. Su rendimiento dejó en evidencia las carencias de su compañero, quien había tenido la oportunidad de demostrar su liderazgo y la desaprovechó por completo. La verticalidad, la intensidad y la determinación que caracterizan al Barcelona de Flick brillaron con luz propia una vez que el neerlandés abandonó el campo.
La actuación de De Jong plantea serias dudas sobre su rol en el equipo a largo plazo. Con la emergencia de talentos como Fermín y la consolidación de Pedri como referente, el espacio para actuaciones tan discretas se reduce drásticamente. Hansi Flick, conocido por su exigencia y su pragmatismo, no dudó en sustituirle cuando vio que el partido se le escapaba de las manos. Ese gesto habla por sí solo: en el Barcelona actual, no hay lugar para la complacencia.
El futuro inmediato del neerlandés pasa por una reflexión profunda. Su condición de capitán y su elevada ficha le convierten en una pieza clave, pero el rendimiento debe acompañar el estatus. Los derbis exigen entrega total, y este sábado la entrega brilló por su ausencia. Si De Jong quiere seguir siendo relevante en el proyecto de Flick, debe recuperar la intensidad, la verticalidad y la ambición que le hicieron brillar en su llegada al club. De lo contrario, las gradas del Camp Nou pronto dejarán de perdonarle.