Lola Herrera a los 90: la jubilación no es ir a Benidorm a bailar

La actriz defiende una vejez activa con proyectos e intereses, desmontando mitos sobre la retirada profesional

A los 90 años, la veterana actriz Lola Herrera ofrece una perspectiva refrescante y llena de vitalidad sobre una de las etapas más temidas por muchos trabajadores: la jubilación. Lejos de los tópicos que asocian la retirada profesional con un merecido descanso perpetuo, la intérprete aboga por una vejez activa, curiosa y llena de propósito.

Durante su participación en las 'Charlas Generación+', organizadas por la Fundación La Caixa, Herrera compartió con la periodista Olga Viza sus reflexiones sobre el paso del tiempo y la importancia de mantener la llama del interés vivo más allá de la edad laboral. Su mensaje es claro: la jubilación no debe convertirse en un puente hacia el ocio desprovisto de sentido.

La profesión como terapia vital

Para la actriz, su trayectoria profesional ha sido mucho más que una fuente de ingresos o un reconocimiento público. Ha sido, en palabras de la propia Herrera, un auténtico canalizador de emociones y adversidades. "Yo creo que he llegado hasta aquí, hasta los 90 años, y mi profesión me ha ayudado muchísimo, porque he canalizado muchos reveses de mi vida a través de otros personajes", confesó durante la conversación.

Esta declaración revela una verdad profunda: el trabajo puede ser un espacio terapéutico donde las frustraciones personales encuentran salida creativa. La interpretación, en este caso, no solo ha sido una vocación, sino un mecanismo de supervivencia emocional que le ha permitido procesar experiencias difíciles transformándolas en arte. Esta perspectiva invita a reconsiderar el valor de la profesión no solo en términos de productividad, sino como herramienta de resiliencia vital.

Más allá de Benidorm: el estigma de la jubilación sin rumbo

Una de las frases más contundentes de la actriz ha sido su crítica a la visión tradicional de la jubilación: "Uno, cuando se jubila, necesita tener algo que no sea ir a Benidorm a bailar". Con esta metáfora colorida, Herrera desmonta el arquetipo del jubilado que solo busca distracciones pasajeras para llenar el tiempo libre.

La referencia a Benidorm, destino turístico por excelencia asociado al ocio masivo, no pretende menospreciar el disfrute del tiempo de ocio, sino cuestionar la falta de propósito que a menudo acompaña a la transición hacia la jubilación. Para la actriz, no basta con llenar los días con actividades superficiales; se requiere un norte, una pasión o un proyecto que dé sentido a cada mañana.

Este planteamiento cobra especial relevancia en una sociedad donde la esperanza de vida supera con creces los 80 años. Una jubilación a los 65 o 67 años puede implicar más de dos décadas de vida activa, un período demasiado extenso como para abordarlo sin un plan claro. Herrera insiste en que es fundamental mantener estímulos y proyectos más allá del fin de la vida laboral, transformando la retirada en una oportunidad de reinvención personal.

La curiosidad como motor de supervivencia

Otro pilar fundamental del discurso de Herrera es la defensa apasionada de la curiosidad como elemento esencial para la supervivencia personal. "Yo creo que todo el mundo tiene curiosidades. No puedo creer que nadie ande por la vida sin curiosidades con 65 años", afirmó con rotundidad.

Para la actriz, la curiosidad no es un atributo exclusivo de la juventud, sino una cualidad inherente al ser humano que debe cultivarse activamente. La falta de intereses, según su perspectiva, no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino una elección personal que limita el potencial de la tercera edad.

Herrera anima a recuperar aquellos intereses que la vida laboral y las responsabilidades familiares pueden haber dejado en segundo plano. Aprender un idioma, dedicarse a la pintura, escribir memorias, participar en voluntariado o incluso iniciar un pequeño proyecto emprendedor son solo algunas de las vías para mantener la mente activa y el espíritu joven. La clave está en reorganizar prioridades y entender esta etapa no como un final, sino como un momento para empezar de nuevo.

El tiempo limitado y la necesidad de planificar

La actriz también abordó con honestidad cómo cambia la percepción del tiempo conforme avanzan las décadas. "El tiempo es más limitado", reconoció, señalando que el cansancio físico aparece con mayor facilidad, lo que obliga a una gestión más consciente de las energías.

Esta afirmación no es una queja, sino una constatación realista que implica una invitación a la planificación inteligente. "Hay que planificar un poco tu vida", aconsejó Herrera, subrayando que la organización consciente del día a día se convierte en una herramienta indispensable para disfrutar plenamente de la vejez.

La planificación, en este contexto, no se refiere a una rigidez obsesiva, sino a la capacidad de priorizar aquello que realmente importa. Con un horizonte temporal más corto, cada momento adquiere un valor premium, y la sabiduría consiste en saber invertirlo en actividades gratificantes y relaciones significativas.

Desmontando el mito de los 65 años

Uno de los mensajes más poderosos de la actriz es su rotunda negación de que los 65 años marquen una frontera definitiva. "Con 65 años es jovencísimo", afirmó, desafiando la concepción social que asocia esta edad con el declive inevitable.

Para Herrera, a los 65 años aún queda mucho por ver, por aprender y por disfrutar. La clave está en afrontar esta etapa con inquietudes y con ganas de empezar, rompiendo con el estereotipo del anciano pasivo y dependiente. Esta perspectiva resulta especialmente valiosa en un momento donde el envejecimiento activo se postula como un objetivo de políticas públicas y de bienestar colectivo.

La actriz, con su propio ejemplo, demuestra que la vitalidad no tiene edad. A sus 90 años, continúa participando en eventos, compartiendo sus reflexiones y manteniendo una lucidez envidiable. Su presencia en estas charlas no es un mero acto de homenaje a su trayectoria, sino una demostración viviente de que la curiosidad y el propósito son los verdaderos elixires de la longevidad.

Lecciones para una jubilación con sentido

El mensaje de Lola Herrera trasciende el ámbito de las personas mayores para convertirse en una lección universal sobre el sentido de la vida. Sus palabras invitan a reflexionar sobre cómo preparamos nuestra propia vejez desde la juventud y la madurez.

La planificación de la jubilación no debería limitarse a aspectos financieros; debe incluir una estrategia vital que garantice el mantenimiento de la identidad, la autoestima y la conexión social. Las empresas, las instituciones y la sociedad en general tienen mucho que aprender de este enfoque, promoviendo políticas que faciliten la transición hacia una vida activa y con propósito.

La actriz nos recuerda que la jubilación no es el final del camino, sino una bifurcación que nos permite explorar nuevos senderos. No se trata de llenar el tiempo, sino de darle contenido. No se trata de descansar, sino de reorientar las energías hacia aquello que siempre quedó pendiente.

En definitiva, Lola Herrera nos ofrece a los 90 años una lección de vitalidad, coraje y sabiduría. Su voz, marcada por décadas de experiencia escénica y vital, nos desafía a repensar la jubilación como una oportunidad de crecimiento, no como una sentencia de ocio obligatorio. Porque al final, como ella misma insinúa, lo que nos mantiene vivos no es el tiempo que tenemos, sino lo que hacemos con él.

Referencias