Nuevas denuncias contra la cúpula policial del ex DAO José Ángel González

El abogado de la primera víctima confirma que al menos tres mujeres más denuncian abusos de autoridad y acoso dentro de la Policía Nacional

La renuncia del director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González, ha desatado una serie de revelaciones que ponen en tela de juicio la integridad de la cúpula del cuerpo de seguridad. Lo que comenzó como una única denuncia por presunta agresión sexual ha escalado rápidamente, convirtiéndose en un caso que podría involucrar a múltiples víctimas y revelar una presunta cultura de abuso de poder en los niveles más altos de la institución.

Jorge Piedrafita, el letrado que representa a la primera agente que denunció al ex DAO, ha confirmado en las últimas horas que su despacho ha recibido el testimonio de al menos tres mujeres adicionales. Estas nuevas presuntas víctimas habrían sufrido situaciones de acoso y abuso por parte de altos mandos de la Policía Nacional, extendiendo el foco de atención más allá de la figura del ex director adjunto operativo.

El caso estalló la semana pasada cuando González presentó su dimisión inesperada tras hacerse pública la primera denuncia. Sin embargo, lo que inicialmente parecía un incidente aislado ha cobrado nuevas dimensiones. Según Piedrafita, estas recientes denuncias no solo apuntan al ex DAO, sino que también involucran a otros altos cargos que conformaban su círculo de confianza en la cúpula policial.

El abogado advierte que el DAO era "solo la cabeza" de un sistema más amplio de abusos, donde varios mandos habrían hecho un uso indebido de su autoridad sobre subordinadas. Esta afirmación sugiere que el problema podría ser estructural y no limitado a acciones individuales, lo que ha generado una profunda preocupación sobre la cultura organizacional dentro de la institución.

En un periodo de apenas cuatro días, el despacho de Piedrafita ha recopilado testimonios que describen un patrón preocupante de conductas inapropiadas. Una de las nuevas denunciantes relata cómo fue objeto de acoso persistente mediante miradas intimidatorias y presiones continuas, situación que culminó con su salida del puesto de trabajo. Este relato evidencia cómo el abuso de poder puede manifestarse de múltiples formas, desde conductas sutiles hasta decisiones que afectan directamente la carrera profesional de las víctimas.

La gravedad de estas acusaciones radica en el contexto de subordinación jerárquica inherentemente asimétrico. Cuando quienes ostentan el máximo poder en una institución como la Policía Nacional son quienes presuntamente cometen los abusos, las víctimas se encuentran en una posición de extrema vulnerabilidad. La dependencia laboral y la posible represalia crean un ambiente que dificulta enormemente la denuncia.

El letrado enfatiza que no puede haber impunidad en estos casos, exigiendo una investigación exhaustiva que llegue hasta las últimas consecuencias. Esta postura refleja la necesidad de que la institución policial demuestre transparencia y firmeza al enfrentar acusaciones internas, especialmente cuando involucran a sus máximas autoridades.

El escándalo ha puesto en el centro del debate público la necesidad de protocolos más efectivos para prevenir y sancionar el acoso sexual y el abuso de autoridad dentro de las fuerzas de seguridad del Estado. La confianza ciudadana en estas instituciones depende en gran medida de su capacidad para autoregularse y garantizar que los principios de igualdad y respeto se apliquen también en su interior.

La Policía Nacional, como cuerpo encargado de velar por la seguridad de todos los ciudadanos, debe ser el primer ejemplo de integridad y respeto a los derechos fundamentales. Cuando sus propios líderes son cuestionados por conductas que vulneran estos principios, la institución en su conjunto se ve afectada. La credibilidad de la policía se construye día a día a través de actuaciones ejemplares, y casos como este pueden erosionar significativamente esa confianza.

Desde una perspectiva más amplia, este caso refleja un problema sistémico que trasciende la institución policial. El abuso de poder en entornos laborales jerárquicos, especialmente contra mujeres, continúa siendo un desafío en múltiples sectores. Sin embargo, cuando ocurre en cuerpos de seguridad, el impacto es particularmente grave debido al rol que estos desempeñan en la sociedad.

La investigación judicial tendrá que determinar la veracidad de cada una de estas acusaciones, pero la mera existencia de múltiples testimonios similares ya ha encendido las alarmas sobre la cultura organizacional imperante. La justicia debe actuar con celeridad pero también con rigor, garantizando el derecho a la presunción de inocencia mientras protege a las presuntas víctimas.

El abogado Piedrafita ha manifestado su compromiso de seguir recopilando testimonios y presentando las denuncias correspondientes. Su labor no solo se centra en la defensa de sus clientas, sino también en visibilizar un problema que, según sus declaraciones, sería más extenso de lo inicialmente imaginado.

Para la sociedad española, este caso representa una prueba de fuego sobre cómo se gestionan las denuncias de abuso de poder dentro de las instituciones del Estado. La respuesta que se dé a estas acusaciones marcará un precedente importante para futuros casos y enviará un mensaje claro sobre la tolerancia cero que debe existir frente a cualquier forma de acoso o abuso.

La transparencia en la investigación, la protección de las víctimas y la aplicación de sanciones ejemplares si se confirman los hechos son elementos esenciales para cerrar esta crisis institucional. Solo así se podrá reconstruir la confianza tanto interna entre los agentes como externa con la ciudadanía.

Mientras tanto, las presuntas víctimas continúan con sus procesos, esperando que su voz sea escuchada y que la justicia se haga efectiva. Su valentía al denunciar, especialmente en un contexto tan complejo como el de una institución jerárquica y armada, merece el reconocimiento y el apoyo de toda la sociedad.

Referencias