En un momento de máxima sinceridad durante su entrevista con Jordi Évole, el portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, Gabriel Rufián, abrió su corazón para compartir una de las experiencias que más le han marcado en su trayectoria política. La conversación, que se desarrolló en el formato íntimo y directo característico del programa, dejó entrever la cara más humana de un político conocido por su contundencia dialéctica y su activa presencia en redes sociales.
La confesión llegó cuando Évole le preguntó directamente si había momentos en los que el político catalán consideraba que se había excedido en sus críticas o comentarios públicos. La respuesta de Rufián fue inmediata y contundente, centrándose en una figura concreta: Carme Chacón, la histórica dirigente del PSC que falleció en 2017. "Carme Chacón fue la candidata del PSC en mi primera campaña", recordó Rufián, estableciendo el contexto de una relación política que, aunque breve, dejó una huella profunda en su conciencia.
El episodio que tanto peso le ha causado se remonta a los últimos días de vida de la exministra de Defensa. Rufián reconoció sin ambages que publicó un mensaje en Twitter "la noche antes de que muriera", un hecho que le ha perseguido desde entonces. Aunque el dirigente republicano matizó que el contenido del tuit "no iba directamente hacia ella", la coincidencia temporal le ha generado un profundo sentimiento de remordimiento que persiste años después.
"No recuerdo exactamente sobre qué tema era", admitió Rufián, demostrando una vulnerabilidad poco habitual en su perfil público. Sin embargo, lo que sí atesora en su memoria es la angustiosa posibilidad de que Chacón, ya gravemente enferma, pudiera haber leído esas palabras. "Recuerdo que pensé que quizás se encontraba ya mal y me leyó", confesó, evidenciando la carga emocional que este pensamiento le provoca.
La reacción de Jordi Évole no se hizo esperar. El periodista valoró enormemente la honestidad de Rufián, señalando que tenía "mérito" compartir esta historia porque "nadie se acuerda de ese tuit". Este detalle subraya el carácter personal y autocrítico del arrepentimiento, más allá de la opinión pública o la repercusión mediática del mensaje en cuestión.
La reflexión de Rufián no quedó ahí. El político aprovechó el momento para compartir una lección vital sobre el uso de las redes sociales y la responsabilidad que conlleva cada publicación. "Cada día me arrepiento de cosas, quien diga lo contrario miente", aseguró, normalizando el arrepentimiento como parte esencial del crecimiento personal y político. Esta declaración rompe con la imagen de infalibilidad que muchos líderes proyectan, mostrando una autocrítica constructiva.
A partir de esta experiencia, Rufián ha modificado su comportamiento digital. Ahora prefieren "decir lo que tenga que decir en el atril, ser lo duro que tenga que ser" y luego desconectar, en lugar de dejarse arrastrar por la inmediatez y la impulsividad que a menudo caracterizan las redes sociales. Este cambio de estrategia comunicativa revela una madurez política fruto de la introspección y el aprendizaje de errores pasados.
El contexto de la confesión es especialmente relevante si consideramos la figura de Carme Chacón en el panorama político español. Como primera mujer en ocupar el Ministerio de Defensa en España, Chacón representó una generación de políticos socialistas comprometidos con la modernización y la apertura. Su prematura muerte conmocionó al mundo político y dejó un vacío difícil de llenar. Para Rufián, que en aquel momento era un joven militante republicano, Chacón simbolizaba el establishment socialista contra el que combatía, pero también una figura humana con la que compartió espacio político en sus inicios.
La entrevista de Lo de Évole, emitida a principios de 2025, ha servido como plataforma para estas revelaciones íntimas. El formato del programa, conocido por sus preguntas directas y su capacidad para desnudar la faceta más personal de sus entrevistados, ha permitido que Rufián se muestre desde una perspectiva diferente a la habitual. Lejos de los debates parlamentarios y los enfrentamientos mediáticos, el político catalán ha demostrado una capacidad de autocrítica que muchos de sus colegas carecen.
El impacto de las palabras en el ámbito digital es un tema recurrente en la política contemporánea. En una era donde un tuit puede definir una carrera política o generar una crisis institucional, la experiencia de Rufián sirve como advertencia sobre la responsabilidad digital. La velocidad con la que se publica contenido, a menudo sin mediar reflexión, contrasta con las consecuencias duraderas que pueden generar esas mismas palabras.
La confesión también abre un debate sobre la humanización de la política. En un momento de creciente polarización, donde los adversarios políticos son a menudo demonizados, reconocer errores y mostrar vulnerabilidad puede ser una herramienta de reconexión con la ciudadanía. Rufián, con esta declaración, no solo honra la memoria de Carme Chacón, sino que también establece un precedente de honestidad en un terreno donde la retórica vacía y la postura rígida suelen predominar.
La lección que extrae el político republicano es clara: la política necesita confrontación ideológica, pero también requiere empatía y responsabilidad. La distinción entre criticar ideas y afectar personas es un línea fina que todos los líderes deben aprender a navegar. En este sentido, el arrepentimiento de Rufián no es una debilidad, sino una fortaleza que demuestra su evolución como líder público.
El episodio también pone de manifiesto la presión constante a la que están sometidos los políticos en redes sociales. Cada publicación es analizada, descontextualizada y potencialmente utilizada como arma arrojadiza. En este entorno, la capacidad de reconocer errores y aprender de ellos se convierte en una cualidad valiosa, alejada de la arrogancia que a menudo se asocia con el poder.
Para la militancia de ERC y para el electorado en general, esta confesión humaniza a un líder que ha sido figura central en la defensa del independentismo catalán en el Congreso. Mostrar su lado más vulnerable no resta credibilidad a su labor política, sino que la enriquece al demostrar que detrás de los discursos hay una persona consciente del impacto de sus actos.
La entrevista completa, disponible en Atresplayer, ofrece un retrato más completo de esta faceta desconocida de Rufián. En ella, el político catalán profundiza en otros aspectos de su trayectoria y comparte más reflexiones sobre la política actual, el futuro de Cataluña y sus propias aspiraciones personales.
En definitiva, la confesión de Gabriel Rufián sobre su tuit hacia Carme Chacón trasciende el episodio concreto para convertirse en una reflexión mayor sobre la ética en la política digital, la importancia del arrepentimiento sincero y la necesidad de humanizar el debate público. En un mundo donde las redes sociales amplifican la confrontación, experiencias como esta recuerdan que detrás de cada perfil hay personas reales, con sentimientos y consecuencias impredecibles. La lección de Rufián es, en última instancia, una llamada a la responsabilidad, la empatía y la madurez política en la era de la comunicación instantánea.