Elena Rivera: de niña prodigio a actriz consolidada sin perder la esencia

La protagonista de 'Perdiendo el juicio' reflexiona sobre sus inicios televisivos, la importancia de la formación y cómo mantener los pies en la tierra en el mundo del espectáculo

Desde sus primeros pasos en el mundo de la interpretación, Elena Rivera demostró una vocación innata que trascendía cualquier escenario profesional. La actriz reconoce que, incluso antes de comprender qué significaba ser artista, ya organizaba pequeños espectáculos en su hogar, convirtiendo el salón familiar en su primera plataforma creativa. Esta inclinación natural la llevó, con apenas seis años, a los platós de televisión, donde participó en numerosos programas musicales que marcaron toda una generación de talentos infantiles en España.

Durante su etapa infantil, Rivera compartió escenario con figuras consolidadas del panorama musical nacional como David Civera, Raúl, Tamara, Carlos Baute o Malú. Su presencia se hizo constante en formatos de Antena 3 como 'Menudas estrellas', 'Noche de estrellas', 'Jóvenes estrellas' y 'Se busca una estrella'. Para la joven artista, cada convocatoria representaba una emoción genuina: «Me ponía tan nerviosa cada vez que llamaban a casa del programa para avisarnos de cuándo era el siguiente día de grabaciones». Sin embargo, mantenía una perspectiva saludable, considerando aquella experiencia como «un juego», una actitud que ha perdurado en su concepción del oficio: «Ahora es un juego que me tomo en serio».

La conciliación entre su carrera precoz y la normalidad de la infancia no hubiera sido posible sin el papel fundamental de su familia. Sus padres, siempre presentes, le inculcaron una mentalidad equilibrada: «En el momento en que no te diviertas y sufras, nos vamos». Este principio marcó su relación con el medio, permitiéndole disfrutar de cada oportunidad sin perder de vista su condición de niña. Aunque ella veneraba cada momento ante las cámaras, reconoce que sus progenitores «pasaban una vergüenza enorme» durante sus actuaciones, demostrando una humildad que contrastaba con la exhibición natural de su hija.

El salto cualitativo en su trayectoria llegó con su incorporación a 'Cuéntame cómo pasó', donde interpretó a Karina durante años. Este proyecto supuso un reto logístico y personal considerable, ya que debía viajar desde Zaragoza, su ciudad natal, hasta Madrid para las grabaciones. Sin embargo, Rivera mantuvo su filosofía de priorizar la formación académica sobre la exposición mediática. Para ella, la serie era «un hobby, una clase extraescolar», comparable a las actividades de sus compañeros de edad. «Unos tenían fútbol o baile, yo venía a Madrid a rodar», explica con naturalidad.

Esta determinación por no abandonar sus estudios la llevó a compaginar el rodaje con la carrera de Magisterio, una gesta que requería una organización meticulosa. «En cuanto terminaba de grabar iba literalmente corriendo por la estación para coger el primer tren que se pudiese para no perder nada de clase», recuerda. Los libros de texto eran su compañía constante en desplazamientos, y los exámenes no se posponían por ningún compromiso profesional. Esta disciplina no pasó desapercibida para el equipo de la serie, y especialmente para la veterana María Galiana, quien mostró una alegría especial al descubrir que Rivera continuaba su formación universitaria paralelamente al rodaje.

La actriz comparte que, en conversaciones con sus compañeros de reparto infantil como Ricardo Gómez, Santi Crespo o Manuel Dios, todos coincidían en valorar la suerte que tuvieron con la producción de la serie, que diseñaba planes de rodaje respetuosos con sus horarios escolares. Esta planificación cuidadosa permitió que ninguno de los jóvenes talentos viera sacrificada su educación por la fama temporal, un error común en el mundo del espectáculo infantil.

La madurez profesional de Rivera se manifiesta en su concepción del ritmo de carrera. «Me han enseñado que en la vida es mejor ir pisando seguro que pisando rápido», afirma con convicción. Considera que el «ruido a corto plazo», aunque atrae focos de atención inmediatos, resulta molesto a largo plazo. Su estrategia siempre ha sido avanzar «paso a paso, despacio, tranquilamente», manteniéndose apegada a su entorno cercano para no perderse en la fantasía del mundo del espectáculo. Este enfoque le ha permitido «ser normal» a pesar de haber crecido en un «mundo más especial», expuesto a millones de espectadores.

Actualmente, Elena Rivera encarna a una abogada con Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) en 'Perdiendo el juicio', un drama judicial con aires de 'Ally McBeal' que se estrena este domingo en Atresplayer. Este nuevo reto profesional le permite explorar una faceta más compleja y adulta de su oficio, alejándose de la imagen juvenil que la acompañó durante años. La serie promete combinar el género legal con toques de humor y drama, creando un espacio para que Rivera demuestre su evolución como intérprete.

La trayectoria de Elena Rivera constituye un modelo de cómo navegar el complejo ecosistema del entretenimiento sin perder la identidad personal. Su historia demuestra que es posible alcanzar el éxito profesional sin sacrificar la formación académica ni la estabilidad emocional. Desde aquellos primeros shows en el salón de su casa hasta protagonizar una serie para una plataforma digital, la actriz ha mantenido una coherencia en sus valores: el trabajo constante, la humildad y la perspectiva de que el arte, al final, debe seguir siendo un juego que se toma en serio.

En una industria que premia a menudo la exposición mediática por encima de la solidez profesional, Elena Rivera representa una excepción que confirma la regla: la carrera sostenible se construye con paciencia, educación y un entorno que te devuelve a la realidad. Su experiencia sirve de inspiración para nuevas generaciones de talentos que buscan consolidar una carrera duradera sin quemar etapas ni perderse en el camino.

Referencias