El Festival de Cine de Sundance 2026, evento anual que celebra la creatividad cinematográfica en las montañas de Utah, se convirtió este año en un escenario inesperado de activismo político. Lo que tradicionalmente es una celebración del séptimo arte fundada por el recordado Robert Redford, se vio interrumpido por una corriente de indignación que atravesó la alfombra roja. La razón: la reciente muerte de Alex Pretti, un profesional de la salud de 37 años, a manos de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minnesota, un hecho que encendió las alarmas de la comunidad artística estadounidense.
Entre las figuras más visibles de esta protesta se encontraban dos reconocidas actrices: Olivia Wilde y Natalie Portman. Ambas aprovecharon su presencia en el festival no solo para promocionar sus respectivos proyectos, sino para alzar la voz contra una institución que, según sus palabras, ha cruzado límites inaceptables. Su mensaje fue claro y contundente: la brutalidad ejercida por ICE no puede seguir siendo tolerada ni normalizada en la sociedad contemporánea.
Wilde, quien acudió al evento para presentar su nueva película "The Invite", no dudó en expresar su repulsa cuando los medios le consultaron sobre el tema. Con un semblante serio y gesto decidido, la actriz y directora declaró que aunque el festival representa un espacio para celebrar historias hermosas y esperanzadoras, resultaba imposible ignorar el sufrimiento que atraviesa el país. "Estoy consternada y asqueada", manifestó rotundamente, dejando entrever la profundidad de su malestar ante la situación actual.
Sus palabras no fueron una simple declaración de principios, sino un llamado a la acción colectiva. Wilde enfatizó que no se puede permitir que la violencia extrema se convierta en la nueva normalidad, especialmente cuando se difunden imágenes de agresiones fatales en plataformas digitales. "No quiero que se normalice ver asesinatos en internet", subrayó, refiriéndose a la difusión de contenido violento que, según su perspectiva, desensibiliza a la población ante tragedias humanas reales.
La intérprete, también presente en el festival por su participación en "I Want Your Sex" de Gregg Araki, llevaba consigo un pequeño pero poderoso símbolo: un pin con la leyenda "ICE OUT". Este accesorio, que pronto se convirtió en un emblema de la protesta artística, representaba la exigencia de desmantelar una agencia que considera "increíblemente criminal". Su propuesta no se limitaba a la mera crítica, sino que abogaba por apoyar activamente movimientos que buscan la expulsión de ICE del sistema gubernamental.
El optimismo de Wilde, sin embargo, no era ciego. Reconoció que protestar en la actualidad conlleva riesgos significativos, pero encontró esperanza en la respuesta ciudadana. "Los estadounidenses están alzando la voz en masa", observó, mencionando las marchas que recorren diversas ciudades del país. Para ella, el hecho de que personas continúen saliendo a las calles pese al peligro representa una fuente de inspiración invaluable, un recordatorio de que la resistencia colectiva puede florecer incluso en los momentos más oscuros.
Por su parte, Natalie Portman optó por un enfoque dual en su intervención. Durante su paso por Variety Studio para hablar sobre "The Gallerist", la ganadora del Oscar lució no uno, sino dos pins de protesta: además del ya mencionado "ICE OUT", portaba otro con la palabra "BE GOOD". Esta combinación de mensajes sugería tanto la denuncia de una institución como un llamado a la ética y la decencia humana básica.
Portman describió la situación como "un momento devastador de la historia de nuestro país", reconociendo la dualidad emocional que vivían los asistentes al festival. Por un lado, la comunidad cinematográfica se congregaba para celebrar obras que enorgullecen a la industria; por el otro, el dolor nacional por la violencia institucional generaba una sensación agridulce difícil de ignorar. "Es realmente imposible no hablar de lo que está sucediendo", afirmó, enfatizando que la brutalidad de ICE debe cesar "de inmediato".
La actriz también destacó la belleza de la solidaridad ciudadana que ha emergido como respuesta a la crisis. En su visión, el apoyo mutuo, la protección comunitaria y la lucha por la libertad constituyen una demostración poderosa de resiliencia estadounidense. Este contraste entre la celebración artística y la protesta social definió el tono del festival, convirtiéndolo en un espacio donde el glamour se vio obligado a confrontar la realidad política.
El gesto de Portman y Wilde no pasó desapercibido. Rápidamente, otros asistentes al festival comenzaron a adoptar los mismos símbolos. Fotografías de la alfombra roja capturaron a numerosas figuras luciendo los pins "BE GOOD" e "ICE OUT", convirtiendo el accesorio en un fenómeno de moda consciente. Entre los rostros conocidos que participaron en esta corriente de silenciosa rebeldía se encontraban estrellas del calibre de Ethan Hawke, Olivia Coleman, Alexander Skarsgard, Channing Tatum, Ryan Coogler y Jenna Ortega, quienes caminaron por el photocall con estos distintivos colgados de sus atuendos.
El contexto que alimentó esta protesta no podía ser más dramático. Alex Pretti, el enfermero cuya muerte activó la indignación de Hollywood, perdió la vida en circunstancias que aún generan interrogantes y controversia en Minnesota. Su caso se suma a una serie de incidentes que han puesto a ICE bajo el escrutinio nacional, cuestionando no solo sus métodos operativos, sino su misma existencia como agencia federal.
Lo que hace particularmente significativa la intervención de Wilde y Portman es la utilización de una plataforma cultural de alto perfil para visibilizar una causa política. Sundance, conocido por su espíritu independiente y su compromiso con historias que desafían el statu quo, se prestó naturalmente para este tipo de manifestación. Sin embargo, la decisión de las actrices de priorizar el mensaje activista sobre la promoción pura de sus proyectos marca un cambio en la narrativa de las alfombras rojas contemporáneas.
La industria del entretenimiento ha visto crecientemente cómo sus figuras más prominentes utilizan su influencia para abordar temas sociales controversiales. En este caso, la convergencia de un evento cinematográfico prestigioso con una crisis de derechos humanos creó el escenario perfecto para que el activismo trascendiera las redes sociales y se materializara en un espacio físico de alcance mediático global.
La elección de palabras de ambas actrices fue cuidadosamente medida. Wilde utilizó términos como "consternada" y "asqueada" para transmitir una repulsión visceral, mientras que Portman optó por un lenguaje más institucional al hablar de "brutalidad" y la necesidad de cese "inmediato". Esta dualidad en el tono refleja diferentes estrategias de comunicación que, sin embargo, convergen en el mismo objetivo: la deslegitimación de una agencia que consideran ha perdido su rumbo moral.
El fenómeno de los pins también merece atención. En una era donde las declaraciones en redes sociales pueden perderse en el ruido digital, el símbolo físico y visible se convierte en un acto de resistencia tangible. Cada fotografía tomada, cada entrevista concedida, servía como altavoz para un mensaje que trascendía la moda circunstancial para convertirse en declaración política.
Es importante destacar que esta protesta no ocurrió en un vacío. Las marchas masivas que Wilde mencionaba han caracterizado los últimos meses en múltiples ciudades estadounidenses, donde activistas y ciudadanos comunes demandan reformas radicales al sistema de inmigración y control fronterizo. La adhesión de celebrities a esta causa proporciona una visibilidad que los organizadores comunitarios a menudo no pueden alcanzar por sí solos.
Sin embargo, la participación de figuras de Hollywood en controversias políticas no está exenta de críticas. Algunos sectores argumentan que estas intervenciones son performativas o desconectadas de la realidad cotidiana. Lo que diferencia esta manifestación es la especificidad de las demandas y el contexto inmediato que la motivó, anclando la protesta en un caso concreto de violencia estatal.
El contraste entre la celebración del cine independiente y la denuncia de violencia gubernamental creó una tensión productiva en Sundance. Los asistentes se veían obligados a contemplar simultáneamente el poder del arte para inspirar y la responsabilidad social de quienes lo crean. Esta dicotomía refleja un debate más amplio sobre el papel del entretenimiento en tiempos de crisis política.
A medida que el festival continuó su programación, las declaraciones de Portman y Wilde generaron réplicas en paneles, proyecciones y conversaciones informales. El tema de ICE y la justicia migratoria se convirtió en un hilo conductor que atravesó el evento, demostrando que incluso en espacios dedicados al arte, la política encuentra su camino.
La repercusión mediática fue inmediata. Medios especializados en entretenimiento y prensa generalista cubrieron la protesta, extendiendo el mensaje más allá de las salas de cine de Park City. Esta amplificación es precisamente el objetivo de utilizar plataformas culturales para activismo: transformar un momento específico en una conversación nacional sostenida.
En última instancia, lo que ocurrió en Sundance 2026 con Natalie Portman y Olivia Wilde representa una evolución en la forma en que los famosos interfieren en debates públicos. No se trata simplemente de publicar un tuit o firmar una carta, sino de integrar el mensaje activista en la propia performance de su trabajo, haciendo indistinguible la promoción artística de la defensa de causas sociales.
El legado de este festival quedará marcado no solo por las películas premiadas, sino por la imagen de dos actrices poderosas utilizando su momento bajo los focos para iluminar una injusticia que consideran imperdonable. En un contexto donde la desigualdad y la violencia institucional generan creciente preocupación, su gesto sirve como recordatorio de que el silencio cómplice no es una opción, ni siquiera en la alfombra roja más glamorosa.