Cuando el empresario Álvaro Bultó perdió la vida en 2013 practicando salto base, muy pocos entendían qué implicaba aquel deporte. Meses después, el cocinero Darío Barrio sufrió el mismo destino durante un acto de homenaje a su amigo. Estas dos tragedias sacudieron a la opinión pública y revelaron la existencia de un grupo de amigos que habían revolucionado esta disciplina extrema en España.
El salto base, una práctica que consiste en lanzarse al vacío desde estructuras fijas con un paracaídas, contaba con cinco pioneros en nuestro país. Hoy solo queda uno: Armando del Rey. Su testimonio y la memoria de sus compañeros son el núcleo de "La fiera", la nueva película de Salvador Calvo que llega a los cines este fin de semana.
El propio Armando del Rey ha sido contundente al definir el proyecto: "No es una historia basada en hechos reales, es una historia real con poca ficción". Esta declaración resume la esencia de un filme que no busca la dramatización hollywoodiense, sino la autenticidad en cada fotograma. La película se convierte así en un testimonio cinematográfico único, donde la realidad supera cualquier guion imaginable.
Los cinco que desafiaron los límites
El grupo estaba formado por personalidades muy diferentes entre sí, unidos por una pasión común que desafiaba todas las convenciones. Álvaro Bultó, empresario reconocido y con una trayectoria profesional sólida, fue el primero en caer. Darío Barrio, prestigioso chef con estrella Michelin, murió en un cruel giro del destino mientras rendía tributo a su compañero. Carlos Suárez falleció justo cuando comenzaba el rodaje de la película que contaría su historia, un golpe demoledor para el equipo. Manolo Chano completaba el quinteto. Solo Armando del Rey permanece con vida para dar voz a una generación que vivía al límite.
Cada uno de ellos tenía una vida estable, responsabilidades y familias que los esperaban en casa. Sin embargo, compartían una necesidad imperiosa de sentir la adrenalina pura, de enfrentarse a la muerte cara a cara y regresar con una sensación de plenitud difícil de explicar con palabras.
La visión del director: más allá del espectáculo
Salvador Calvo no ha querido simplemente recrear saltos espectaculares para deleitar al público con imágenes impactantes. Su objetivo era mucho más ambicioso y profundo: adentrarse en la mente de estos pioneros y comprender qué mecanismos psicológicos los impulsaba a desafiar la muerte repetidamente.
¿Qué los motivaba a elegir este camino pese a tener familias, carreras profesionales consolidadas y un futuro por delante? ¿Qué vacío llenaba esta práctica que la vida convencional no podía satisfacer? El cineasta reflexiona que quizás "por estar en contacto directo con la muerte, se sienten más vivos". Esta hipótesis guía el relato, que busca comprender el cableado emocional de quienes practican deportes de riesgo extremo, lejos de los clichés y los juicios simplistas.
La película no pretende justificar ni condenar, sino observar con respeto y curiosidad. Calvo quiere que el espectador salga de la sala de cine con preguntas, no con respuestas fáciles. Quiere que la audiencia comprenda que detrás de cada salto hay una historia humana compleja, llena de matices y contradicciones.
Un elenco comprometido con la verdad
Miguel Bernardeau asume el papel de Armando del Rey, el superviviente que ha supervisado el proyecto desde su concepción. Bajo la dirección de Calvo, el actor se sumerge en la complejidad psicológica de un hombre marcado por la pérdida de sus hermanos de salto, pero también en la fuerza de quien decide contar esta historia para que no caiga en el olvido.
El reparto se completa con interpretaciones que honran la memoria de cada pionero. José Manuel Puga encarna a Manolo Chano, David Marcé da vida a Álvaro Bultó, y Miguel Ángel Silvestre se transforma en Darío Barrio. Carlos Cuevas, por su parte, interpreta a Carlos Suárez, y tuvo el privilegio de conocerlo personalmente durante la preparación del filme.
Cuevas recuerda con emoción los dos meses que pasó escalando junto a Suárez antes de su fatal accidente. "Intenté absorber todo lo que él quería que se contara", confiesa el actor. Para él, el valor de "La fiera" radica en "descubrir el cableado que hay detrás de estas personas, por qué toman las decisiones que toman teniendo una edad, una pareja, un trabajo estable". Esta preparación intensa y personal le permitió a Cuevas crear una interpretación que trasciende la mera imitación para convertirse en homenaje vivo.
Más allá del estereotipo: rompiendo prejuicios
Uno de los propósitos fundamentales de la cinta es romper los prejuicios sobre los deportes de riesgo. Calvo anticipa que muchos espectadores considerarán a estos personajes "locos egoístas" que jugaban con su vida sin pensar en los demás, pero la película invita a mirar más allá de esta etiqueta simplista.
El director quiere mostrar que estas no son personas irresponsables que actúan por impulso, sino individuos que toman decisiones conscientes cada día, sopesando riesgos y beneficios de una forma que la mayoría no puede comprender. Como señala Carlos Cuevas, "son un grupo de personas que toma sus decisiones cada día y que no viven víctimas de una inercia". Se levantan por la mañana y eligen activamente su camino, por peligroso que parezca al resto del mundo.
Esta perspectiva desafía la narrativa convencional sobre los deportes extremos, que suele enfocarse en la temeridad o la irresponsabilidad. "La fiera" propone una visión más compleja: la de personas que han encontrado en el riesgo calculado una forma de existencia que les resulta más auténtica que cualquier otra alternativa.
El reto cinematográfico: contar lo intangible
Para Salvador Calvo, el mayor desafío ha sido "contar o acercarme a la mente de ellos". Una tarea que, según el propio Armando del Rey, se ha cumplido con éxito. La película no juzga, no condena, no glorifica. Simplemente muestra, con la honestidad de quien sabe que está contando una historia que merece ser escuchada.
El director ha tenido que equilibrar la espectacularidad inherente al salto base con la intimidad psicológica que buscaba. Los saltos son espectaculares, pero nunca gratuitos. Cada secuencia de acción sirve para iluminar un aspecto del carácter de estos hombres, de sus miedos y de sus deseos más profundos. La cámara se acerca a los rostros, captura las miradas, los gestos mínimos, las dudas que cruzan por sus ojos antes del salto.
Un legado en pantalla: más que una película
"La fiera" se estrena en un momento en el que el cine español busca historias auténticas que conecten con el público. Este filme lo logra mediante una narrativa cruda, honesta y respetuosa con las víctimas y sus familias, que han apoyado el proyecto desde sus inicios.
La película se convierte así en un documento vivo de una época y un grupo que marcó un antes y un después en el salto base nacional. A través del cine, los nombres de Bultó, Barrio, Suárez y Chano no quedarán solo en las hemerotecas de los accidentes, sino que tendrán rostro, voz y, sobre todo, contexto. No serán meras estadísticas de un deporte peligroso, sino personas completas con sueños, ambiciones y complejidades.
Para el espectador, "La fiera" ofrece una oportunidad única: entender qué lleva a un ser humano a buscar la proximidad con la muerte para sentirse plenamente vivo. Es una pregunta sin respuesta fácil, pero el viaje hacia ella resulta tan fascinante como conmovedor. El filme invita a la empatía, a la comprensión y al cuestionamiento de nuestras propias certezas sobre qué significa vivir intensamente.
El filme no es un manual de salto base ni un elogio al riesgo irresponsable. Es un retrato psicológico de cinco seres humanos complejos, con sus miedos, sus pasiones y sus contradicciones. Es, en definitiva, una historia real con apenas un velo de ficción, tal como su superviviente la define. Una obra que permanecerá en la memoria del cine español por su valentía, tanto en el contenido como en la forma de contarlo.
En una industria cinematográfica que a menudo busca el escapismo, "La fiera" se atreve a mirar de frente a la realidad más cruda, a la muerte y a la pasión que la desafía. Es un recordatorio de que algunas historias no necesitan inventos para conmover, solo necesitan alguien con el coraje de contarlas tal como son.