El técnico del Rayo Vallecano, Íñigo Pérez, optó por la prudencia y el silencio más absoluto cuando se le cuestionó sobre las decisiones arbitrales que marcaron el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu. La derrota por 2-1 contra el Real Madrid, sellada con un gol de penalti de Kylian Mbappé en el tiempo añadido, dejó un regusto amargo en el conjunto vallecano, pero Pérez prefirió no echar más leña al fuego respecto a la actuación del colegiado.
En la rueda de prensa posterior al partido, el navarro se mostró reacio a entrar en valoraciones que pudieran interpretarse como críticas al arbitraje. Cuando los periodistas le interrogaban sobre los nueve minutos de descuento o la polémica pena máxima sobre Brahim, su respuesta fue contundente y repetida: "No voy a decir nada" y "No hablo de los árbitros". Esta postura, lejos de ser una evasiva, demuestra una madurez táctica para evitar sanciones y mantener el foco donde realmente considera que debe estar: en el rendimiento de su propio equipo.
El duelo en el coliseo madridista tuvo todos los ingredientes del drama futbolístico. El Rayo Vallecano, que había realizado un planteamiento táctico casi perfecto durante gran parte del encuentro, vio cómo sus esfuerzos se desvanecían en los instantes finales. Las expulsiones de Pathé Ciss y Pep Chavarría dejaron al conjunto franjirrojo con nueve hombres en los minutos decisivos, una circunstancia que complicó enormemente la resistencia ante la embestida final del conjunto blanco.
Pérez, analizando el transcurso del partido, mostró una mezcla de orgullo por lo visto en el terreno de juego y frustración por el resultado final. "Hemos hecho muchas cosas bien, muchas cosas excelentes, pero la realidad es que hemos perdido", manifestó el entrenador, quien rechazó el papel de víctima que a menudo adoptan los técnicos en situaciones similares. "No tengo que hacer malabares porque no soy el típico entrenador que porque me hayan hecho un gol en el tiempo añadido cambia el discurso", añadió con contundencia.
La autocrítica fue el eje central de su intervención. El técnico navarro destacó que durante el tramo del encuentro en el que ambos equipos contaron con once jugadores, su equipo fue claramente superior. Sin embargo, reconoció que esa supremacía no se tradujo en el marcador por una carencia de determinación en los momentos clave. "Once contra once creo que hemos sido superiores pero nos ha faltado determinación y querer", señaló Pérez, apuntando directamente a la falta de contundencia ofensiva.
El concepto de "querer" resultó recurrente en sus declaraciones. Para el entrenador, la diferencia entre un buen rendimiento táctico y la victoria pasa por una cuestión de mentalidad. "Entiendo que impone la camiseta del Real Madrid en esos metros finales pero en el resto de metros hemos sido superiores", argumentó, reconociendo el peso específico de la institución blanca en los instantes decisivos, pero también dejando entrever que su equipo debe superar esa barrera psicológica.
La mirada introspectiva de Pérez se intensificó cuando abordó la cuestión del miedo competitivo. El técnico fue tajante al afirmar que el Real Madrid "detecta eso, huele el miedo", y que precisamente esa sensación fue lo que intentó erradicar de la mente de sus futbolistas antes del encuentro. "La idea era quitarse ese sentimiento para desinhibirse. Han pecado de exceso de temor", reconoció con honestidad, evidenciando que el plan psicológico no dio completamente resultado.
En el vestuario, el mensaje fue claro: con unas pautas tácticas adecuadas y soltando el freno mental, el Rayo podía estar cerca de la victoria. Pérez había preparado a sus jugadores para las "fases psicológicas esperadas, planeadas", pero admitió que conocer la existencia de estas presiones no es suficiente: "Aquí hay que quitarse el temor si quieres ganar". Esta reflexión habla de la complejidad de enfrentarse a los gigantes del fútbol español, donde la calidad técnica debe acompañarse de una fortaleza mental a prueba de bombas.
Respecto a los nueve minutos de descuento, el entrenador mostró una actitud pragmática. "Esperaba un alargue extenso", confesó, consciente de que el Real Madrid presionaría hasta el final. Su análisis incluyó una comparación con otros escenarios, como el estadio Metropolitano ante el Atlético de Madrid, donde sí percibió peligro constante. En el Bernabéu, aunque sereno, sabía que "con tanta aglomeración, tanto centro, podía pasar lo que pasó". La profecía se cumplió con el penalti transformado por Mbappé.
La situación del Rayo Vallecano en la tabla es, sin duda, la gran preocupación que ensombrece cualquier análisis positivo del juego. La derrota deja al conjunto vallecano en una posición cada vez más comprometida con la zona de descenso. Pérez no eludió este tema: "Esta situación me preocupa de manera acuciante. Hemos estado a un nivel muy alto pero estamos muy atrás en la tabla".
El contraste entre el rendimiento futbolístico mostrado y la realidad numérica de la clasificación genera una tensión evidente en el discurso del técnico. Por un lado, la satisfacción de haber competido de tú a tú con el campeón de Europa; por otro, la urgencia de sumar puntos para garantizar la permanencia en la máxima categoría del fútbol español. "Tenemos que incidir en esto para mejorar aunque no encuentro", dejó caer Pérez, quizás interrumpido pero con el mensaje claro: la mejora debe ser inmediata y tangible.
La filosofía del entrenador rechaza rotundamente la mediocridad. "Todo lo que no sea esa mentalidad es mediocridad y yo detesto la mediocridad", afirmó con vehemencia. Esta frase resume su ideario: no basta con hacer las cosas bien, hay que hacerlas excelentes y con la mentalidad ganadora necesaria. El reconocimiento de que el Rayo "ha tenido ocasiones para dañar al rival y no lo hemos hecho" es un llamado a la autocrítica y a la exigencia interna.
El análisis de Pérez también incluyó una lección valiosa sobre la naturaleza del fútbol de elite. "El Real Madrid, aunque defienda mal, puede imponer la camiseta", reflexionó, entendiendo que la historia y el prestigio del rival generan una presión adicional que solo los equipos más consolidados saben gestionar. Esta imposición simbólica, según su criterio, se produce cuando detectan vulnerabilidad emocional en el contrario.
El futuro inmediato del Rayo Vallecano pasa por canalizar esta frustración en energía positiva. Las palabras de Pérez buscan ser un punto de inflexión, una toma de conciencia de que la buena planificación y la ejecución táctica no son suficientes sin la contundencia y la valentía necesarias en los momentos decisivos. La lección del Bernabéu debe servir para que el equipo entienda que en Primera División no hay premios por el juego bonito, sino por los resultados concretos.
La temporada llega a su tramo decisivo y el Rayo Vallecano necesita transformar las sensaciones positivas en puntos. La autocrítica constructiva de Íñigo Pérez, lejos de buscar exculpaciones en el arbitraje, puede ser el catalizador que necesita un vestuario que ha demostrado capacidad para competir contra los mejores, pero que debe afinar la puntería y fortalecer la mentalidad para asegurar su permanencia en la élite del fútbol español. El camino es claro: más determinación, menos temor y la convicción de que las ocasiones creadas deben convertirse en goles que sumen puntos vitales en la lucha por la salvación.