El Real Madrid Castilla atraviesa por un momento complicado en su trayectoria dentro de la Primera Federación. El filial blanco acumula una racha preocupante de cuatro encuentros consecutivos sin conocer la victoria, una sequía que coincide temporalmente con el ascenso de Álvaro Arbeloa al banquillo del primer equipo. Esta situación ha generado interrogantes sobre la capacidad del equipo para mantener el ritmo competitivo en una categoría exigente.
Los números no mienten. Desde que Arbeloa dejó el cargo para tomar las riendas del Real Madrid, el Castilla ha mostrado una evidente falta de efectividad que preocupa a la afición y a la directiva. Julián López de Lerma, quien asumió el reto de dirigir al filial tras su destacado trabajo en el Juvenil A, aún no ha conseguido estrenar su casillero de triunfos, pese a los esfuerzos evidentes en el día a día en las instalaciones de Valdebebas.
El último éxito del conjunto madridista se remonta al pasado 4 de enero, cuando el Castilla superó al Arenteiro por 2-0 en el Alfredo Di Stéfano. Aquel encuentro, que abría el año futbolístico, contó con dos tantos de Rachad, quien desgraciadamente sufrió una recaída de su lesión justo después de aquel partido. Esta contrariedad ha privado al equipo de uno de sus referentes ofensivos en el momento que más se le necesitaba.
La lesión de Rachad representa un golpe duro para las aspiraciones del filial. El delantero había demostrado ser una pieza clave en el esquema de juego, y su ausencia se ha dejado notar en los resultados posteriores. La mala fortuna en el aspecto físico se suma a los problemas tácticos y de ejecución que han aquejado al equipo en las últimas semanas.
El partido contra el Arenteiro marcó el final de la era Arbeloa al frente del Castilla. Nadie podía prever que esa sería su última victoria antes de dar el salto al primer equipo. Una semana después, el filial visitó Getxo y sufrió una dura derrota por 4-1, resultado que puso de manifiesto las dificultades del equipo fuera de casa. Ese encuentro en territorio vizcaíno cerró el ciclo de Arbeloa en el filial, abriendo paso a una nueva etapa con López de Lerma.
El 12 de enero, el Real Madrid hizo oficial la destitución de Xabi Alonso y el nombramiento de Arbeloa como entrenador del equipo principal. Esta decisión provocó un efecto dominó en la estructura técnica del club, situando a Julián López de Lerma al mando del Castilla. El técnico, con amplio conocimiento de la cantera, afrontaba el reto de revertir la situación consciente de la exigencia del cargo.
Desde su llegada, López de Lerma ha dirigido tres compromisos oficiales. El balance hasta el momento es de dos empates en el feudo blanco y una derrota a domicilio. El tropiezo lejos de Valdebebas llegó en Tenerife, donde el líder indiscutible de la categoría impuso su ley con un contundente 4-2 que dejó clara la diferencia de nivel entre ambos conjuntos.
Los empates, ambos con idéntico marcador de 1-1, se produjeron ante el Mérida y el Osasuna B. El último de estos encuentros resulta especialmente frustrante, ya que el Castilla disputó más de 45 minutos con un hombre de ventaja tras la expulsión de un rival. Sin embargo, la superioridad numérica no se tradujo en los tres puntos, evidenciando los problemas de efectividad y definición que aquejan al equipo.
En la rueda de prensa posterior al último partido, Julián López de Lerma analizó con sinceridad la situación del grupo. El técnico reconoció que los errores individuales están penalizando excesivamente al equipo y que los rivales castigan cada fallo con crudeza. Esta dinámica convierte cada encuentro en una montaña rusa emocional donde la victoria se escapa por detalles.
El entrenador mantuvo una postura optimista respecto al trabajo diario, asegurando que la idea y el objetivo del juego están claros. Considera que solo falta pulir detalles para acercarse al triunfo, aunque reconoce que el contexto actual dificulta la situación. Sus palabras reflejan la complejidad de gestionar un filial en transición, donde los resultados no acompañan pero el proceso continúa.
La racha sin victorias ha cortado la buena dinámica que el Castilla mantenía en su estadio, mientras que la mala ronda fuera de casa se ha extendido. La combinación de ambos factores ha creado un escenario de incertidumbre que requiere de una reacción inmediata si el equipo quiere mantenerse en los puestos de playoff de ascenso.
El calendario no perdonará si el equipo no encuentra rápidamente la senda del triunfo. La Primera Federación es una categoría tremendamente competitiva donde cada punto se disputa con máxima intensidad. Los equipos que muestran debilidades son castigados sin piedad, y el Castilla debe corregir sus errores antes de que la distancia con los puestos de privilegio se haga insalvable.
La situación del filial blanco es un reflejo de los desafíos que enfrentan los equipos de formación cuando pierden su estabilidad técnica. La salida de un entrenador consolidado como Arbeloa, sumada a las bajas por lesión de piezas clave, crea un escenario perfecto para la crisis de resultados. No obstante, la cantera madridista tiene la obligación de superar estas adversidades.
El trabajo de López de Lerma no se cuestiona internamente, pero los resultados son la mejor carta de presentación en el mundo del fútbol. El técnico necesita encontrar la tecla que active el potencial de una plantilla llena de jóvenes promesas que aspiran a dar el salto al primer equipo. La presión es máxima, pero las herramientas están disponibles.
El próximo compromiso del Castilla será crucial para romper esta dinámica negativa. El equipo necesita recuperar la confianza perdida y demostrar que puede competir al máximo nivel. La victoria no solo sumaría tres puntos, sino que devolvería la tranquilidad a una plantilla que vive momentos de duda.
La afición del Real Madrid espera que el filial cumpla con su función de desarrollar talento y competir por los objetivos marcados. La racha actual es una piedra en el camino que debe superarse con trabajo, unidad y efectividad. El tiempo jugará a favor o en contra dependiendo de la reacción inmediata del conjunto de Valdebebas.
El futuro inmediato del Castilla pasa por corregir los errores defensivos y encontrar soluciones en ataque que suplan la ausencia de Rachad. La plantilla tiene calidad, pero necesita traducirla en resultados positivos. La experiencia de López de Lerma con la cantera debe ser el activo principal para reconducir la situación.
La competición no espera y los rivales no regalan nada. El Castilla debe salir de esta crisis por méritos propios, demostrando la fortaleza mental que caracteriza a las categorías inferiores del Real Madrid. La historia del club está llena de superaciones, y esta debe ser una más en el camino hacia la excelencia.