La magia brasileña volvió a hacer acto de presencia en el Benito Villamarín. En una noche que exigía lo mejor de cada jugador, Antony se erigió como el faro que iluminó el camino del Betis hacia los octavos de final de la Europa League. Su actuación ante el Feyenoord no solo se tradujo en un gol y una asistencia decisivos, sino que captó la atención de los ojos más exigentes del fútbol europeo.
El encuentro contra el conjunto holandés representaba mucho más que tres puntos. Era una oportunidad para asegurar una plaza directa en la siguiente ronda, evitando los complicados playoffs. Desde el primer silbato, el extremo carioca mostró una determinación diferente, conectando con la esencia del fútbol que le hizo brillar en el Ajax y que ahora empieza a despuntar con el verdiblanco.
El primer acto de su recital llegó cuando el marcador aún estaba por decidirse. La jugada nació de una presión bien orquestada, una seña de identidad del equipo de Manuel Pellegrini. Los delanteros y mediocampistas del Betis cerraron espacios con precisión quirúrgica, forzando un error en la salida de balón del Feyenoord. Fue entonces cuando Antony demostró su inteligencia táctica, colocándose en el espacio intermedio que nadie veía.
El informe técnico de la UEFA, elaborado por el experimentado observador Jan Peder Jalland, desglosa minuciosamente lo que vino después. «Se revela la presión colectiva ejercida por los delanteros y el mediocampo del Betis mientras el Feyenoord intenta construir desde atrás», describe el documento. La recepción de Nelson Deossa activó el desplazamiento estratégico de Antony, quien se situó entre líneas para recibir el balón de Chimy Ávila.
Lo que sucedió a continuación dejó al experto noruego sin palabras. «Lo que hace a continuación es simplemente de primera clase», confiesa Jalland en su análisis. La secuencia técnica fue una obra de arte en movimiento: control orientado con el pie derecho, un toque sutil con el izquierdo para ajustar el balón y un disparo inmediato que sorprendió al portero visitante. La clave no residía en la potencia ni en la colocación perfecta, sino en la velocidad de ejecución.
El observador de la UEFA profundiza en la genialidad del momento: «Su impecable manejo del balón, equilibrio y agilidad le permiten sorprender al portero». La verdadera maestría estaba en la toma de decisión. Antony comprendió que el portero necesitaba milisegundos para reaccionar, y le negó ese tiempo. El balón no despegó completamente de sus pies; fue un disparo anticipado, casi una prolongación de su cuerpo. A 20 metros de la portería, con un ángulo complicado, la pelota se coló en la red antes de que el guardameta pudiera organizar su intervención.
Este tipo de acciones distingue a los futbolistas de élite. No es solo técnica pura, sino comprensión del juego, psicología aplicada al deporte. Antony demostró que domina el arte de romper el ritmo establecido, de crear sorpresa donde no se espera. El gol, además de su belleza intrínseca, resultó fundamental para abrir el marcador y dar tranquilidad a una afición que exigía el triunfo.
Pero el brasileño no se conformó con una sola genialidad. Su segunda intervención decisiva llegó con el 2-0, una asistencia que reflejó su visión panorámica del campo. Recibió el balón en una posición comprometida, con dos defensas del Feyenoord cerrando su espacio. La mayoría de extremos hubieran buscado el regate individual o el pase seguro hacia atrás. Antony, sin embargo, optó por la solución más elegante.
«El primer toque es hacia adelante», destaca Jalland en su informe. Esa decisión inicial ya marcaba la diferencia. En lugar de retroceder, Antony atacó el espacio, obligando a los defensas a retroceder. Luego, con una agilidad que parecía desafiar las leyes de la física, realizó una parada súbita y cambió el ángulo de visión. El centro con efecto que ejecutó fue una declaración de intenciones: buscaba la cabeza de sus compañeros con precisión milimétrica.
El balón llegó a Abde Ezzalzouli, quien remató con maestría, pero el mérito fue colectivo. Jalland lo analiza con detalle: «Las acciones de Antony son muy fluidas y rápidas». El observador noruego percibe algo más profundo: la confianza que genera la calidad. «Los otros dos delanteros también reaccionaron instintivamente. La calidad de élite de Antony les da la confianza para involucrarse en el movimiento». En ese instante, la conexión entre el extremo y la línea ofensiva alcanzó una sincronía perfecta, casi telepática.
Esta capacidad para elevar el rendimiento de sus compañeros es lo que convierte a un buen futbolista en un jugador diferencial. Antony no solo crea oportunidades, sino que infunde seguridad en quienes lo rodean. Saben que si se mueven, si buscan el espacio, el balón llegará. Esa confianza colectiva se traduce en un juego más fluido, más peligroso, más impredecible para los rivales.
Los elogios de Jan Peder Jalland no son casuales. Como observador técnico de la UEFA, ha visto a los mejores futbolistas del continente en acción. Su trabajo consiste en identificar talento, analizar patrones y reconocer la excelencia. Cuando afirma que algo es «de primera clase», lo dice con el respaldo de años evaluando el fútbol de élite. Su asombro ante la actuación de Antony refleja un nivel de rendimiento que supera las expectativas habituales.
El informe técnico se convierte así en un aval oficial de la progresión del brasileño. Desde su llegada al Betis, Antony ha necesitado tiempo para adaptarse a la Liga española, para encontrar su mejor versión. Partidos como el ante el Feyenoord demuestran que esa adaptación está dando frutos. La confianza del cuerpo técnico, la paciencia de la afición y la perseverancia del jugador están convergiendo en momentos de inspiración colectiva.
El triunfo final ante el Feyenoord consolidó al Betis en la cuarta posición del grupo, asegurando el pase directo a octavos. Este logro tiene un sabor especial, no solo por el rival, sino por la manera en que se construyó. La combinación de trabajo táctico, presión colectiva y genialidad individual creó un cóctel perfecto que la UEFA no pudo ignorar.
Para el conjunto sevillano, contar con un jugador en estado de gracia en la competición europea es un activo invaluable. La Europa League exige versatilidad, calidad bajo presión y capacidad para resolver situaciones complejas. Antony está demostrando que posee todas esas cualidades. Su capacidad para influir en los momentos decisivos convierte al Betis en un rival temible para cualquier equipo del continente.
La perspectiva de los octavos de final se presenta con optimismo renovado. Los equipos que observen al Betis en el sorteo encontrarán un conjunto equilibrado, pero sobre todo identificarán a un extremo capaz de cambiar un partido en segundos. La documentación oficial de la UEFA ya advierte a los futuros rivales: Antony está en forma, y su fútbol es «simplemente de primera clase».
Más allá de los números, lo que realmente importa es la sensación que genera cada acción del brasileño. Cuando recibe el balón, la expectativa crece. La afición sabe que puede suceder algo especial. Esa conexión emocional entre jugador y hinchada es intangible, pero fundamental para el éxito de cualquier equipo grande. Antony está construyendo ese vínculo con cada partido, con cada gesto técnico, con cada decisión acertada.
El informe de la UEFA, lejos de ser un simple documento administrativo, se convierte en un reconocimiento a la belleza del fútbol bien ejecutado. En una era donde los datos y las métricas a veces oscurecen el arte, Jalland ha puesto el foco en la esencia: la creatividad, la técnica impecable y la capacidad para sorprender. Antony representa esos valores en su forma más pura.
El Betis puede estar orgulloso no solo del resultado, sino de la manera en que se obtuvo. La victoria ante el Feyenoord será recordada como la noche en que Antony confirmó su llegada a la élite europea, con el aval oficial de la UEFA. Los octavos de final esperan, y con ellos, la oportunidad de seguir demostrando que el fútbol brasileño, cuando se fusiona con la estructura táctica del fútbol español, puede crear algo verdaderamente especial.