El panorama del baloncesto continental vive momentos de máxima tensión. Jorge Garbajosa, máximo responsable de FIBA Europa, ha lanzado un mensaje contundente que deja pocas dudas sobre el futuro de las competiciones: los equipos que decidan incorporarse al proyecto NBA Europa quedarán automáticamente excluidos de la Euroliga a partir de la temporada 2027-28. Esta declaración, realizada durante una entrevista en El Larguero, pone fin a las especulaciones y dibuja un escenario de ruptura total entre ambas organizaciones.
La iniciativa conjunta entre la FIBA y la NBA, anunciada hace justo un año por Adam Silver y Andreas Zagklis, busca revolucionar el modelo competitivo del viejo continente. El plan original contempla una estructura con 12 franquicias fijas y cuatro plazas adicionales que se asignarían por méritos deportivos. Sin embargo, el camino hacia la materialización de este ambicioso proyecto está lleno de obstáculos y preguntas sin respuesta.
Durante las últimas semanas, representantes de ambas entidades han mantenido encuentros frenéticos en Berlín y Londres, ciudades donde la NBA ha celebrado partidos de temporada regular. El objetivo: atraer inversores y definir el modelo de negocio que sustentará esta superliga del baloncesto europeo. "Las reuniones han sido intensas, pero ya contamos con una hoja de ruta clara", reconoció Garbajosa, quien no oculta su convicción de que esta competición mejorará un ecosistema que, a su juicio, "no está bien explotado".
La incertidumbre que genera este cambio de paradigma afecta directamente a los grandes clubes del continente, especialmente a los españoles. Real Madrid, FC Barcelona, Valencia Basket y Baskonia se encuentran en una encrucijada estratégica que determinará su futuro deportivo y económico. Mientras el conjunto blanco aún sopesa sus opciones sin comprometerse, el club culé parece haber tomado una dirección más definida, aunque sin anunciarla públicamente.
Garbajosa fue tajante al ser interrogado sobre el número de plazas para el baloncesto ibérico: "Lo normal sería contar con dos o tres equipos españoles en la competición". Esta afirmación, lejos de tranquilizar, genera más interrogantes sobre los criterios de selección y las consecuencias para los clubes que se queden fuera. El propio presidente de FIBA Europa matizó que "aunque un equipo no entre en primera ronda como franquicia NBA, si estás en Europa, formas parte del ecosistema, simplemente te lo tienes que ganar".
La declaración más contundente llegó al abordar la compatibilidad entre ambas competiciones. "Respecto a si va a haber Euroliga la temporada que viene, la competición se va a jugar, pero los equipos que firmen con NBA Europa no la jugarían", sentenció Garbajosa. Esta frase deja claro que no habrá opción a doble militancia y que los clubes deberán elegir bando en esta guerra fría del baloncesto.
El conflicto no es nuevo. Durante meses, FIBA ha intentado negociar una solución global que integrara a la Euroliga en este nuevo orden. Sin embargo, las negociaciones han fracasado. "Hemos intentado buscar la solución global a esto, pero no ha sido posible. A ambas competiciones se le ha pedido lo mismo y la NBA lo ha aceptado, mientras que la Euroliga no lo permite", explicó el dirigente. Esta falta de acuerdo abre la puerta a un escenario que muchos temen: la coexistencia de dos competiciones europeas rivales, lo que debilitaría el producto y dividiría el mapa del baloncesto continental.
El modelo de negocio propuesto por FIBA y NBA promete ser "importante en cuestión de recursos y crecimiento", según Garbajosa, quien reconoce que cualquier transformación genera resistencias naturales. La justificación de este cambio radica en la percepción de que el valor de las ligas nacionales europeas está en declive y que el actual sistema no maximiza el potencial comercial y deportivo del continente.
Sergio Scariolo, entrenador del Real Madrid, había apuntado recientemente que el club blanco aún no tiene nada firmado y que existía la posibilidad de un entendimiento entre FIBA y Euroliga. Garbajosa respondió directamente a estas esperanzas: "El acuerdo sería lo perfecto, pero no ha sido posible". Con estas palabras, el presidente de FIBA Europa cierra la puerta a la reconciliación y confirma que el futuro pasa por la imposición de un nuevo modelo.
El reloj avanza inexorablemente hacia 2027. Los clubes tienen menos de tres años para decidir su destino. La decisión no es trivial: implica elegir entre la estabilidad de una Euroliga con décadas de historia pero un modelo cerrado, o la apuesta arriesgada por una nueva liga con el respaldo de la poderosa NBA pero con reglas aún por definir. Mientras tanto, los aficionados contemplan con preocupación cómo el deporte que aman se convierte en un tablero de ajedrez corporativo donde las estrategias de negocio pueden pesar más que los méritos deportivos.
El escenario de dos competiciones paralelas, que Garbajosa considera posible aunque no deseable, sería el epílogo de una guerra que nadie ganaría. La fragmentación del talento, la dispersión de la audiencia y la confusión del calendario son solo algunas de las consecuencias que acechan al baloncesto europeo. Ojalá, como desea el propio presidente de FIBA, esta ruptura no sea definitiva y el sentido común acabe imponiéndose. De momento, la realidad es que el baloncesto continental se prepara para su mayor transformación en décadas, y los clubes españoles están en el centro de la tormenta.