Covirán Granada cae en prórroga ante Bilbao: otra derrota dolorosa

El conjunto granadino desperdicia una ventaja de 5 puntos a falta de 2 minutos y confirma su crisis psicológica en los momentos decisivos

El Covirán Granada volvió a demostrar que la victoria se le escapa entre los dedos. En un partido vibrante y lleno de polémica, el conjunto granadino cayó derrotado por 84-88 en la prórroga ante Surne Bilbao Basket, sumando así otra derrota que refuerza la sensación de que el equipo padece un miedo escénico a la hora de cerrar los encuentros a su favor.

Desde el salto inicial, el choque estuvo marcado por un arbitraje controvertido que desequilibró el ritmo del encuentro y por los errores propios de un plantel que, pese a mostrar destellos de calidad, vuelve a mostrarse incapaz de administrar las ventajas en los momentos decisivos. La prórroga, lejos de ser una oportunidad de redención, se convirtió en un calvario final para los intereses rojinegros.

Un primer tiempo de idas y venidas

Los primeros veinte minutos dejaron un sabor agridulce para los aficionados que acudieron al Palacio de los Deportes. El Covirán salió a la pista con la intención de imponer su ritmo, pero pronto se encontró con un Bilbao Basket que encontró en el tiro exterior su mejor baza. Los visitantes anotaron con una facilidad preocupante desde más allá de la línea de tres puntos, muchos de ellos sin oposición defensiva, lo que permitió a los de Jaume Ponsarnau tomar una ventaja que nunca superó los diez puntos.

El juego colectivo del Covirán brilló por su ausencia. Demasiadas individualidades que no fructificaron y una circulación de balón lenta y predecible facilitaron la labor defensiva de los bilbaínos. A pesar de ello, los granadinos se mantuvieron en el partido gracias a la resistencia de jugadores como Amida Brimah, que se erigió como el único baluarte defensivo bajo los aros. El pívot congoleño firmó tres tapones consecutivos en un momento clave del tercer cuarto, demostrando que cuando quiere, puede cambiar el ritmo del encuentro con su presencia intimidatoria.

Al descanso, el marcador reflejaba un 38-43 que no hacía justicia al esfuerzo desplegado por los locales, pero que sí evidenciaba las carencias en el plano táctico. El ambiente en el pabellón era frío, casi tan frío como el acierto de los granadinos desde el perímetro.

La reacción tardía y la épica de Jassel Pérez

El tercer cuarto comenzó con un Bilbao más físico y agresivo. Los visitantes encontraron canastas fáciles en transición, aprovechando los fallos en la retaguardia rojinegra. En ese momento, el técnico local decidió sentar a Ngouama, que acumulaba un preocupante 0 de 6 en triples, y dar entrada a Jassel Pérez. Este cambio resultó providencial.

Pérez se convirtió en el termómetro emocional del equipo. Cada canasta suya, cada asistencia, cada defensa, inyectó moral a un conjunto que parecía haber perdido la fe. Gracias a su liderazgo, el Covirán resistió el embiste bilbaíno y se mantuvo a tiro de piedra del marcador. El empate a 70 a falta de seis minutos para el final del cuarto periodo fue la confirmación de que, cuando el equipo juega unido, puede competir contra cualquier rival.

Los minutos finales: oportunidad perdida

A falta de dos minutos y medio para el final del reglamento, el Covirán logró lo que parecía imposible: ponerse por delante en el marcador. Una serie de tiros libres consecutivos de Bozic y Brimah, sumados a una canasta del croata, colocaron el 76-71 en el luminoso. El Palacio estalló de alegría, pero esa euforia duró poco.

Los errores propios volvieron a aparecer. Bilbao Basket, con la experiencia de los grandes equipos, se sobreponía al arreon local gracias a su acierto desde la línea de personal. El último lanzamiento de Howard para cerrar el partido no entró, y el encuentro se marchó a la prórroga con un 82-82 que dejaba un regusto de oportunidad desperdiciada.

La prórroga: el colapso definitivo

El tiempo extra se convirtió en una pesadilla para el Covirán. La expulsión de Rousselle por faltas personales, sumada a las bajas previas de Ngouama y Costa por problemas físicos, dejó al equipo sin bases naturales. Solo Jassel Pérez quedaba como único manejador para los minutos decisivos.

La falta de opciones en la dirección de juego se notó. Bilbao Basket, más fresco y con mejor rotación, administró la ventaja con sangre fría. Cada posesión se convirtió en una tortura para los granadinos, que veían cómo la victoria se escapaba definitivamente. El 84-88 final fue el reflejo de un equipo que, una vez más, se hundió en los momentos de máxima presión.

Análisis: el miedo a ganar

Esta derrota confirma una triste realidad: el Covirán Granada padece una crisis psicológica que le impide cerrar los partidos. Los números no mienten: son demasiados los encuentros en los que el equipo ha tenido opciones de victoria y las ha desaprovechado. El miedo a ganar es un concepto que los aficionados rojinegros empiezan a manejar con demasiada naturalidad.

El arbitraje, ciertamente polémico, no puede servir de excusa. Los errores propios, las decisiones erráticas en los momentos clave y la falta de un líder claro en la pista son problemas endémicos que el cuerpo técnico debe solucionar cuanto antes. La falta de juego colectivo, la dependencia de las individualidades y la inconsistencia defensiva son flancos débiles que cualquier rival explota sin piedad.

Jugadores destacados y ausencias

Jassel Pérez fue, sin duda, el jugador más valioso del Covirán. Su entrada en el tercer cuarto cambió la dinámica del partido y su liderazgo en la prórroga, a pesar de la derrota, demuestra que tiene la talla para ser el referente del equipo. Amida Brimah, con sus tapones y su presencia en la pintura, fue el otro gran protagonista positivo.

Por el contrario, la ausencia de Costa por lesión y la expulsión de Rousselle dejaron al equipo sin músculo en la dirección. Ngouama, por su parte, tuvo una noche para el olvido con ese 0/6 en triples que lastró las opciones ofensivas del equipo.

Perspectivas de futuro

Con esta derrota, el Covirán Granada se hunde un poco más en la tabla y confirma que la permanencia en la Liga ACB está lejos de estar asegurada. Quedan muchos partidos por delante, pero la dinámica es preocupante. El equipo necesita urgentemente una victoria que le devuelva la confianza y le haga creer que es capaz de competir al más alto nivel.

El próximo compromiso será una nueva oportunidad, pero las dudas son muchas. Si el Covirán no encuentra la tecla del juego colectivo y no resuelve sus problemas mentales, esta temporada podría convertirse en un calvario sin fin. Los aficionados, fieles hasta la extenuación, esperan que el equipo reaccione antes de que sea demasiado tarde.

Referencias