El FC Barcelona logró este martes un triunfo agónico por 2-1 ante el Albacete en los cuartos de final de la Copa del Rey, en un encuentro que puso a prueba la solidez del equipo culé mucho más de lo esperado. Pese al dominio territorial y la superioridad técnica, los hombres de Hansi Flick sufrieron hasta el último suspiro para sellar su pase a las semifinales del torneo del KO.
Desde el pitido inicial, el conjunto azulgrana dejó claro su intención de controlar el ritmo del partido. La posesión del balón fue un monopolio culé, con constantes llegadas por las bandas y una presión alta que incomodaba la salida de los manchegos. Sin embargo, el Albacete, lejos de intimidarse, planteó una defensa ordenada y esperó sus oportunidades para salir al contragolpe con peligro.
El primer gol del encuentro llegó de la mano de un futbolista que regresaba a la titularidad después de varios partidos ausente. Ronald Araújo, el central uruguayo, se elevó por encima de la defensa local para conectar un cabezazo impecable que se coló en la escuadra de la portería albaceteña. El tanto, celebrado con especial intensidad por el propio jugador, parecía abrir el camino hacia una victoria cómoda para los visitantes.
Pero el fútbol tiene estas cosas. El Albacete, pese a la desventaja en el marcador y la diferencia de categoría, no bajó los brazos. El técnico local, Alberto González, había preparado meticulosamente el encuentro y sus jugadores cumplieron al pie de la letra. La presión colectiva y la entrega física del equipo manchego comenzaron a surtir efecto a medida que el reloj avanzaba.
La recompensa al esfuerzo local llegó en la segunda mitad, cuando una jugada aislada y un error defensivo del Barcelona permitieron al Albacete empatar el encuentro. El golpe anímico fue evidente en los catalanes, que vieron cómo un partido que parecía controlado se les escapaba de las manos. El estadio Carlos Belmonte se volcó con su equipo, creyendo en la posibilidad de forzar la prórroga e incluso la sorpresa.
Los minutos finales fueron de infarto. El Barcelona, acostumbrado a dominar los tiempos, se vio obligado a defender con uñas y dientes las acometidas de un Albacete crecido y sin nada que perder. Las ocasiones se sucedían en ambas porterías, con un ritmo endiablado que dejó claro que el fútbol de Copa siempre guarda sorpresas.
Fue entonces cuando apareció el héroe inesperado. Gerard Martín, el canterano que saltó al campo en los últimos compases, protagonizó una acción decisiva que evitó el desastre. En el descuento, cuando el Albacete a punto estuvo de marcar el segundo, el joven defensor sacó bajo palos un balón que ya se colaba, evitando la prórroga y asegurando el pase del Barcelona a las semifinales.
Las declaraciones postpartido reflejaron la dualidad de sensaciones. Por parte del Barcelona, Flick reconoció el sufrimiento: "Teníamos claro que era complicado. Hicimos el partido que tocaba, de pelear, de ganar los duelos. Al final sufrimos más de lo que queríamos, pero nos vamos con la victoria". El técnico alemán también destacó el gol de Araújo: "Le va a servir este gol", señaló sobre la importancia del tanto para la confianza del central.
El propio Araújo, por su parte, mostró su compromiso: "Cuando el míster cree que debo jugar, ahí estamos para devolver la confianza". Sus palabras reflejan la mentalidad del equipo, que afronta cada compromiso con máxima exigencia pese al calendario apretado.
El técnico del Albacete, Alberto González, mostró orgullo pese a la eliminación: "Hasta el final hemos tenido opciones". Su discurso evidenció que el equipo manchego dejó la piel en el campo, cumpliendo con un planteamiento valiente que estuvo a punto de dar el campanazo. El Albacete demostró que en la Copa del Rey, la categoría no siempre lo es todo.
El análisis del rendimiento individual deja varias enseñanzas. Araújo, además de su gol, mostró solidez defensiva y liderazgo en el eje de la zaga. Gerard Martín, con su intervención salvadora, justificó la confianza de la cantera y demostró que está preparado para momentos de presión. Sin embargo, el conjunto culé debe reflexionar sobre la facilidad con la que concedió ocasiones claras, una lacra que Flick quiere erradicar: "Es algo que queremos mejorar. Es muy importante. Trabajamos para ello".
El partido también evidenció la necesidad de cerrar los encuentros con mayor contundencia. El Barcelona tuvo ocasiones para sentenciar antes, pero la falta de efectividad y la relajación defensiva permitieron al rival soñar. Esta dinámica, que se ha repetido en varios compromisos de la temporada, representa un riesgo que el equipo no puede permitirse en fases decisivas.
Ahora, el conjunto azulgrana debe mirar hacia adelante. El calendario no da tregua y las semifinales de la Copa del Rey se presentan como un nuevo reto. "Campeones de Supercopa, seguimos vivos en todo. Pero ahora viene lo duro y hay que prepararse para ello", reconoció Flick, consciente de que la exigencia máxima está por llegar.
La victoria en Albacete, pese al sufrimiento, mantiene vivo el sueño del doblete. La Copa del Rey representa un objetivo tangible para un equipo que ya conquistó la Supercopa y que pelea en múltiples frentes. La gestión de la plantilla, la rotación inteligente y la capacidad de sufrir serán claves en las próximas semanas.
Para el Albacete, la eliminación deja sabor agridulce. El orgullo por el rendimiento contrasta con la frustración de haber estado tan cerca de la gesta. El equipo manchego vuelve a centrarse en su competición doméstica, pero con la certeza de que puede competir de tú a tú contra los grandes.
En definitiva, el Barcelona-Albacete dejó claro que el fútbol no se juega en el papel. La superioridad presupuestaria y técnica no garantiza el éxito si no se acompaña de intensidad, concentración y efectividad. Los culés avanzan en la Copa, pero la advertencia está servida: en semifinales, cualquier despiste puede ser definitivo.
El camino hacia el título sigue abierto, pero el equipo de Flick debe aprender de los sustos recibidos. La victoria agónica puede ser un punto de inflexión para corregir errores y afrontar los desafíos venideros con mayor solidez. La Copa del Rey, como siempre, se ha ganado con sufrimiento y coraje.