El Atlético de Madrid encontró en Alexander Sorloth la llave para desbloquear un partido que se le resistía. El delantero noruego anotó su cuarto gol de 2026, abriendo el camino hacia un triunfo plácido por 3-0 contra el Mallorca en el Metropolitano. Un resultado que llega en el momento perfecto, a solo tres días de un compromiso decisivo en la Champions League.
El encuentro comenzó con un dominio inicial del conjunto visitante que duró escasos cinco minutos. Durante ese breve período, el Mallorca generó su única ocasión clara del partido a través de Muriqi, quien no logró concretar un remate que hubiera cambiado el rumbo del duelo. Sin embargo, esa sensación de control visitante se evaporó rápidamente, dando paso a un dominio absoluto del Atlético que se prolongaría hasta el final del choque.
La figura de Pablo Barrios emergió como el eje central del juego rojiblanco. El canterano demostró un vigor envidiable en conducciones verticales que rompían líneas y permitían a su equipo avanzar con peligro. Su capacidad para manejar el ritmo del partido se convirtió en la principal herramienta ofensiva del Atlético, especialmente en una primera mitad donde la paciencia y el control del balón fueron fundamentales.
El gol de Sorloth llegó tras una jugada que reflejó la insistencia del equipo. Un saque de banda largo de Giuliano desembocó en un despeje corto de Mojica, lo que permitió a Marcos Llorente conectar una volea majestuosa. El portero Leo Román respondió con una parada impresionante, pero el rechace quedó en zona de peligro. Allí apareció el noruego, con el olfato goleador que caracteriza a los grandes delanteros, para empujar el balón a la red y poner el 1-0 en el marcador.
Este tanto resultó especialmente significativo para un Atlético que venía de mostrar dificultades para anotar más de un gol por partido desde el cambio de año. La sequía ofensiva había generado cierta preocupación entre la afición, pero la eficacia de Sorloth volvió a demostrar que el equipo cuenta con recursos suficientes para superar obstáculos.
El segundo gol, que llegaría más tarde, tuvo un componente de fortuna que no desmerece el mérito del conjunto local. Una nueva acción protagonizada por Llorente, esta vez en combinación con Pubill, generó un despeje de Mateu que impactó en David López y terminó en propia meta. Un golpe de suerte que, sin embargo, reflejó la presión constante que el Atlético ejercía sobre la defensa rival.
Precisamente en el momento del 2-0, el técnico del Mallorca, Jagoba Arrasate, estaba moviendo su banquillo buscando una reacción. La ocasión fallada por Muriqi para el empate aún estaba fresca en la memoria visitante cuando el tanto en propia puerta sentenció prácticamente el duelo. Desde ese instante, la tranquilidad se apoderó del Metropolitano, donde Jan Oblak tuvo una de las tardes más plácidas de la temporada.
La plantilla del Atlético, visiblemente mermada por las ausencias de los 'Topochos' de turno, supo administrar el esfuerzo. La necesidad de rotar y dosificar energías ante el desafío europeo del miércoles era evidente, pero el equipo no bajó el ritmo ni la intensidad. Esta gestión inteligente del partido demuestra la madurez del grupo y la capacidad de Diego Simeone para planificar con vistas a múltiples competiciones.
El broche de oro llegó con el tercer gol, obra de Thiago Almada. El argentino, que ha ido ganando protagonismo de forma progresiva, selló la goleada con un tanto que reflejó su calidad técnica. Su incorporación al once inicial ha aportado frescura y creatividad a un equipo que necesitaba variantes ofensivas.
El rendimiento de Conor Gallagher también merece mención especial. El inglés ha asumido responsabilidades en el centro del campo, permitiendo que Barrios tenga mayor libertad para atacar. Esta química entre los centrocampistas está siendo clave para el buen momento del equipo, que ha encontrado un equilibrio entre contundencia defensiva y eficacia ofensiva.
El Atlético completó así una jornada perfecta en la que sumó tres puntos vitales para mantenerse en la pelea por los puestos de privilegio de LaLiga. La victoria, además, llega con el plus de no haber forzado excesivamente a los titulares, algo fundamental de cara al desplazamiento europeo.
El calendario no perdona y el miércoles el equipo viaja para enfrentarse a un rival de entidad en la Champions. La confianza ganada con esta victoria, combinada con el descanso de jugadores clave, configura el escenario ideal para afrontar ese compromiso con garantías. El gol de Sorloth no solo sirvió para ganar un partido, sino para reafirmar que el Atlético tiene múltiples vías de gol y que su delantero noruego está en un estado de forma excepcional.
La defensa, como siempre bajo el mando de Oblak, volvió a mostrar su solidez. La línea de cuatro, con Hancko y Giménez como ejes centrales, neutralizó cualquier intento de reacción mallorquinista. La seguridad defensiva permite al equipo atacar con mayor tranquilidad, sabiendo que las espaldas están cubiertas.
El público del Metropolitano disfrutó de una tarde agradable, viendo a su equipo dominar sin sobresaltos. Las ovaciones para Sorloth y Almada reflejaron el reconocimiento a los goleadores, pero también hubo aplausos para el trabajo silencioso de jugadores como Azpilicueta, que aporta experiencia y liderazgo en cada acción.
El Mallorca, por su parte, se mostró impreciso en la elaboración y falto de ideas cuando perdió el balón. La propuesta de Arrasate no surtió efecto y el equipo balear se vio superado en todas las facetas del juego. Solo la figura de Leo Román, con varias intervenciones de mérito, evitó una derrota más abultada.
El Atlético demostró una vez más que sabe competir en múltiples frentes. La capacidad de la plantilla para asumir diferentes roles y la efectividad de sus jugadores más desequilibrantes son señas de identidad de este equipo. Con Sorloth en estado de gracia y un bloque sólido, las aspiraciones del club para esta temporada se mantienen intactas.
La victoria refuerza la moral del grupo y envía un mensaje claro a sus rivales: el Atlético está vivo y compite por todo. La eficacia en ataque, sumada a la solidez defensiva, configura un equipo completo que no dependerá de un solo jugador para alcanzar sus objetivos. La temporada entra en su tramo decisivo y el conjunto rojiblanco parece haber encontrado el ritmo perfecto.